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Jueves 4.1.2018
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Las palabras de Donald Trump están muy alejadas de sus acciones

En su discurso del Estado de la Unión hizo un pedido de unidad. En simultáneo, el presidente norteamericano lanza ataques dentro de su país y en el exterior

El mandatario de Estados Unidos Donald Trump buscó conectar su presidencia con la prosperidad del país durante su discurso del Estado de la Unión

El mandatario de Estados Unidos Donald Trump buscó conectar su presidencia con la prosperidad del país durante su discurso del Estado de la Unión

Dentro de 24 horas, la mayoría de los norteamericanos habrá olvidado lo que dijo Donald Trump. En su primer discurso ante el Congreso hace un año, el presidente de EE.UU. generó esperanzas a los adultos de todo el mundo. La gente creía que con el tiempo, el mandatario iría madurando en su cargo.

El martes a la noche, aprovechó su discurso del Estado de la Unión para convertirlo en un consuelo anual. Pero desde el punto de vista de estándares de Trump, fue un mensaje equilibrado. Si lo que se esperaba es que estuviera calmado, Trump cumplió. Donde había discordia, aportó armonía. Y así.

Pero tal como sabe cualquier chico, hay que mirar lo que la gente hace y no lo que gente dice. El martes, Trump habló durante una hora y 20 minutos, en lo que fue el tercer discurso del Estado de la Unión más largo de la historia. El esfuerzo estuvo en dos acciones tomadas antes de la alocución. La primera es de mal agüero para la democracia norteamericana. La segunda, preocupante para la estabilidad global. Si Trump las hubiera unido en una única narración, habría sido un discurso informativo. Pero en el evento, no mencionó ninguna.

La primera fue unir a los republicanos detrás del ataque contra los organismos federales de seguridad. El lunes, los republicanos votaron a favor de publicar una circular partidaria que acusa al Buró Federal de Investigaciones (FBI) y al Departamento de Justicia de estar detrás de un complot del "estado profundo" para anular el triunfo electoral de Trump. El martes, Devin Nunes, el presidente republicano del comité de inteligencia, se rehusó a negar haber coordinado el informe con la Casa Blanca de Trump, lo que significa que lo hizo.

Cualquier funcionario legal federal que no esté a favor de Trump está en su contra. El FBI ahora es el adversario del jefe de Estado norteamericano. Los republicanos también votaron a favor de detener un informe de los demócratas que dudaba de los descubrimientos de la mayoría. Nadie debería dudarlo: si Trump destituyera a Robert Mueller, el fiscal especial que investiga la influencia rusia en las elecciones de 2016, los republicanos no se interpondrán en su camino.

La única diferencia con lo que está sucediendo en la Hungría de Victor Orban es que Bruselas no puede hacer nada para sancionar las acciones de Trump. Sólo pueden los republicanos. Trump no mencionó la investigación de Mueller en su discurso. Pero soltó una indirecta escalofriante. "Le pido al Congreso que empodere a todos los ministros para facilitar . . . el despido de los empleados federales que socaven la confianza pública o que le fallen al pueblo estadounidense", dijo. Hace unos meses, los republicanos le advirtieron a Trump que no obstaculice la justicia. Ahora se pararon para ovacionarlo.

La segunda acción fue hacer a un lado a su propio candidato para ocupar el puesto de embajador en Corea del Sur antes de que fuera confirmado. Otra vez, ese tema no apareció en el discurso de Trump. Pero ese hecho fue más significativo que todas sus palabras juntas. El pecado de Victor Cha fue desaconsejar en privado un ataque preventivo norteamericano contra Corea del Norte, el llamado ataque "nariz ensangrentada" contra el programa nuclear de Kim Jong Un. Cha también habló en defensa del acuerdo comercial entre EE.UU. y Corea del Sur, al que Trump quiere eliminar. A Cha se lo veía como un halcón. Dirigió la política asiática para la administración de George W Bush. En parámetros de Trump, Cha era una paloma. Se fue el martes.

Los contenidos del discurso de Trump podrían bien haber sido fáciles de olvidar. Pero los efectos de la obediencia de su partido perdurarán en el tiempo. Quedó bien capturado en un tuit posterior a la alocución escrito por Frank Luntz, el decano conservador de los focus groups y un ex escéptico de Trump. "Esta noche, le debo una disculpa a Donald Trump", dijo. "Esta noche me sentí conmovido y emocionado. Esta noche, otra vez tengo fe en EE.UU.".

Es fácil entender por qué los republicanos se están alineando. Trump comienza su segundo año del mandato en una posición que es la más sólida que tuvo hasta ahora. La economía está creciendo. Los demócratas no están unidos. Y sus índices de popularidad se estabilizaron cerca del 40%. El martes, Trump parecía casi normal.

Sin embargo, la situación es profundamente anormal. Antes de que finalice esta semana, es probable que Trump apruebe la publicación de una circular que describe a su propio Departamento de Justicia como "extraordinariamente imprudente". Pasará a la historia como el momento en que los republicanos de Washington oficialmente dieron su respaldo a la paranoia que tiene Trump con el "estado profundo". No puede haber marcha atrás. A la mitad del país no parece importarle. La otra mitad cree que Trump está desmantelando el estado de derecho. Una de las dos mitades debe estar equivocada.

Tampoco hay nada normal en cuanto al estado de la diplomacia norteamericana. A principios de este mes, la administración Trump lanzó la estrategia de seguridad nacional que se extenderá durante cuatro años.

Los desafíos que significan una China en ascenso y Rusia encabezan la lista de amenazas. El martes, Trump tampoco tuvo nada para decir en cuanto a eso. Fue casi como si hubiera dos administraciones, la encabezada por Trump; y la otra conocida como el estado profundo. Para decirlo suavemente, no leen desde el mismo teleprompter.