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LUNES 20/05/2019

Las mujeres deben tener el derecho a ser tan inútiles como los hombres

¿Durante cuánto tiempo tendrán que demostrar las empleadas o las profesionales que son el doble de capaces que el género masculino para progresar?

A las mujeres se les exige éxito para ser reconocidas

A las mujeres se les exige éxito para ser reconocidas

Todavía faltan unos días para el Día Internacional de la Mujer y ya me siento atrapada por la familiar sensación de agotamiento.

Cada día que pasa me llega otro correo electrónico o aviso que me anima a celebrar a una mujer inspiradora, imparable o espectacular.

Sólo en Londres hay una física que conquistó el Monte Everest, una visionaria empresaria médica y una vegana cuatrilingüe cuya primera empresa debutó en la Bolsa cuando tenía veintitantos años y que además en su tiempo libre trabaja en campamentos de refugiados.

No hay duda de la destreza de estas mujeres. Tampoco hay duda de que el impulso hacia la igualdad femenina sigue siendo un proceso en desarrollo extremadamente lento.

Me impactó un reciente análisis de la BBC sobre las nuevas cifras de la brecha salarial por género en el Reino Unido que mostró que cuatro de cada 10 empresas privadas reportaron una diferencia mayor que la del año pasado.

Esas cifras son un recordatorio de que celebrar a mujeres extraordinarias no es garantía de que las legiones de mujeres menos estelares terminen logrando un implacable progreso.

De hecho, los números plantean la pregunta sobre por qué hacemos hincapié en los deslumbrantes casos atípicos. En primer lugar, no todas podemos ser brillantes. También es agotador pensar que deberíamos serlo. Sin embargo, ése es el mensaje que a menudo nos transmiten los mismos seres brillantes.

Orna Ni-Chionna es una de las directoras más experimentadas de Gran Bretaña. Como ex socia de McKinsey con un MBA de Harvard, ha sido miembro de directorios de todo tipo de empresas, desde el grupo de atención médica Bupa hasta la casa de moda Burberry y, menos afortunadamente, Royal Mail, donde estuvo involucrada en la reciente revuelta de los accionistas por el salario a los ejecutivos.

Hace poco, escribió un reflexivo blog sobre la escasez de cargos ocupados por mujeres en las grandes compañías. "En las entrevistas debemos ser el doble de capaces que los hombres, superar las lagunas en nuestros CV y el riesgo de ser diferente. No creo que nos demos cuenta de eso", expresó.

Esto es indudablemente cierto, pero este año también es intensamente molesto. ¿Durante cuánto tiempo tendrán que demostrar las mujeres que son el doble de capaces que los hombres para salir adelante? ¿Qué se necesita para cambiar las cosas?. Dicho de otra manera, ¿por qué tantos hombres incompetentes se convierten en líderes?

Esa pregunta es el título de un nuevo libro de un profesor de psicología empresarial llamado Tomas Chamorro-Premuzic, que cree que los hombres ineptos se benefician de nuestra tendencia a confundir confianza con capacidad de liderazgo.

Según él, para los narcisistas dominantes —que estadísticamente son más propensos a ser hombres— es más fácil ascender a los mejores puestos a expensas de personas más capaces, consideradas y humildes, que a menudo son mujeres.

Y tiene razón. Puedo pensar en varias personas tranquilas y modestas, tanto hombres como mujeres, que han sido superadas en su búsqueda de cargos más altos por personas arrogantes e ineptas. Sin embargo, la creencia de que las mujeres son intrínsecamente más amables o mejores que los hombres es peligrosa. Esa mentalidad conduce al determinismo biológico que siempre ha frenado a las mujeres. Y también está relacionada con el molesto impulso de ensalzar a las mejores y más brillantes en el Día Internacional de la Mujer.

Todo esto me recuerda por qué siempre he querido promover el Día Internacional de las Mujeres Horribles. En ese extremo del espectro, sería un momento para recordar a Parise Leandra Marciano Gale, la aspirante a modelo que se emborrachó tanto en un avión el año pasado que cuando se bajó en el aeropuerto de Gatwick creía que todavía estaba en Marruecos.

En el ambiente empresarial, podríamos pensar en la directora de operaciones de Facebook Sheryl Sandberg, autora del best-seller Vayamos adelante (Lean In en inglés), que reavivó el debate global sobre cuestiones de género. Su marca se desmoronó después de que se vio envuelta en una serie de controversias en torno a la compañía.

No deberíamos olvidar a Elizabeth Holmes, la empresaria de 35 años que alguna vez fue aclamada como una Steve Jobs femenina que ahora enfrenta cargos de haber estafado a los inversores en su firma de análisis de sangre, Theranos.

Por supuesto estoy bromeando. Sin embargo, hay argumentos serios contra de la agotadora expectativa de que las mujeres siempre deben ser más capaces, más éticas, más generosas y más inspiradoras. Debemos exigir el derecho a ser tan incompetentes, perezosas e inútiles como cualquier hombre. Ahí es donde radica la verdadera igualdad.

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