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Las energéticas analizan pros y contras de la administración Trump

El gobierno ofrece oportunidades en términos de desregulación y apoyo a infraestructura nueva, pero también riesgos por la reforma fiscal y al libre comercio

Las energéticas analizan pros y contras de la administración Trump

Esta semana ExxonMobil, el grupo petrolero más grande de EE.UU., anunció que está creando más de 45.000 empleos en construcción y producción con su inversión de u$s 20.000 millones en proyectos petroquímicos, de refinería y gas natural licuado junto a la costa Golfo de México.

Ninguno de esos proyectos era nuevo y en algunos no hay certeza de que sigan adelante. Pero eso no detuvo la cobertura noticiosa positiva, y el presidente Donald Trump tuiteó sobre esa declaración no menos de cinco veces.

"ExxonMobil: una compañía especial, gente especial," dijo el mandatario en un videoclip.

Darren Woods, CEO de Exxon, anunció las cifras en la conferencia de energía CERAWeek en Houston. Hizo una declaración muy cuidada para que sea replicada en el comunicado de prensa de la Casa Blanca. Señaló que "las inversiones a esta escala requieren de un enfoque a favor del crecimiento y un clima regulatorio estable, y nosotros apreciamos el compromiso del presidente en ambos" aspectos.

La publicidad ventajosa que se hicieron mutuamente Exxon y Trump es una señal de cómo las compañías energéticas norteamericanas están forjando lazos con una administración que ofrece grandes oportunidades en términos de desregulación y apoyo a infraestructura nueva, pero también riesgos en cuanto a las reformas fiscales y la interrupción del comercio.

Los ejecutivos de petróleo y gas en general respaldan a Trump, que hizo campaña para "maximizar el uso de los recursos norteamericanos". Sus primeras medidas, incluyendo acciones ejecutivas para fomentar la construcción de los oleoductos Dakota Access y Keystone XL, son consideradas apenas los primeros pasos de una administración que estará más a favor de los combustibles fósiles que su predecesor.

Jack Gerard, presidente de American Petroleum Institute, la cámara del sector petrolero, señaló que existe una "oportunidad emergente" para crecer en producción de gas y petróleo creada a partir de la confluencia de condiciones del mercado más favorables y una política de más apoyo.

Karen Harbert, presidenta del Institute for 21st Century Energy, un grupo que hace lobby para el sector de la Cámara de Comercio de EE.UU., dijo que es "muy interesante" que los principales funcionarios del gobierno tengan "conocimientos y comprensión" del negocio. Rick Perry, secretario de Energía, es un ex gobernador de Texas, el mayor estado productor de petróleo de Norteamérica; y Scott Pruitt, administrador de la Agencia de Protección Ambiental, es un ex fiscal general de Oklahoma, el sexto más grande.

Sin embargo, el entusiasmo disminuye cuando se tiene en cuenta el temor que generan las opiniones de Trump respecto al comercio internacional.

Las consecuencias de la retórica de Trump anticomercio todavía no están claras, señaló Susan Sakmar, que enseña en la Universidad de Houston. "La gente está tratando de determinar cuáles son los objetivos de Trump, afirmó. "Renegociar el Nafta: ¿qué significa eso? Nadie los sabe", explicó.

El negocio global del petróleo y gas, y las compañías norteamericanas en general están a favor del comercio más libre. Woods afirmó en su discurso en CERAWeek que el gobierno podría ayudar al sector "abriendo canales comerciales", agregando que "los subsidios, mandatos y barreras comerciales" sólo obstaculizan el progreso".

Estaba repitiendo lo que dice Rex Tillerson, su predecesor en Exxon que ahora es secretario de Estado de Trump. Tillerson en el pasado expresó su apoyo al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que podría haber facilitado la exportación de LNG desde EE.UU. hacia otros países miembro. Sin embargo, Trump se retiró de TPP como uno de sus primeros actos de gobierno.

Los temas más urgentes en comercio internacional para el sector energético ahora son el Nafta y la reforma tributaria. México, que ha sido un blanco particular de los ataques de Trump, es un mercado grande y en crecimiento para la energía norteamericana, y cualquier cambio fundamental al Nafta podría amargar la relación. México recibe cerca de 17% de todas las exportaciones de crudo y productos de petróleo estadounidenses y 5% de toda la producción de gas norteamericana. Otro foco de preocupación es la propuesta republicana de reforma tributaria corporativa, incluyendo el "ajuste fronterizo" que recompensa a exportaciones y penaliza importaciones.