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La tragedia recuerda la falta de un control de armas

La peor masacre en la historia de Estados Unidos se produjo, casualmente o no, en medio del año electoral más volátil y polémico que se recuerde. Unidos como están en el enojo, los estadounidenses están muy lejos de ponerse de acuerdo sobre cuál es la respuesta adecuada.
Muchos demócratas sostienen que un control de armas más estricto ayudaría a evitar que asesinos trastornados, independientemente de su inclinación ideológica, tengan acceso a al armamento necesario para hacer atrocidades. En la derecha republicana y otros círculos, existe una alarmante tendencia a ver este delito a través del prisma de la islamofobia, incluso sigue sin quedar claro qué llevó a un solo hombre armado de 29 años, Omar Mateen, a matar a más de 50 personas en un club nocturno gay en Orlando.
El presidente Barack Obama describió el tiroteo como un acto de terrorismo y, al mismo tiempo, como un delito motivado por el odio, dado que éste último apuntó a lesbianas y gays. También hay evidentes similitudes con el ataque del año pasado que tuvo lugar en el Teatro Bataclán en París, donde una célula organizada de Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) mató a 89 personas e hirió a muchas más.
Si bien varias pistas señalan la posibilidad de que Mateen se hubiera inspirado en ISIS, hay suficiente paralelismo entre Orlando y los ataques de París que justifique una investigación.
Pero los acontecimientos en Orlando también tienen un espantosa reminiscencia de otros tiroteos con gran cantidad de víctimas provocados por un único hombre armado en Estados Unidos. Los retorcidos motivos de estos asesinos individuales siempre serán difíciles de comprender. Lo que es común a todos es la facilidad con la que acceden a las armas pesadas automáticas.
Esta última tragedia trasciende en forma excepcional los temas que más polarizan a la población estadounidense _el control de armas, el terrorismo y los derechos de los homosexuales. Por esta razón, los políticos se verán tentados a explotarla para beneficiar a sus partidos. El intento de Donald Trump de capitalizar el terrible hecho fue vergonzoso. Antes de que se secara la sangre derramada en el club nocturno Pulse, el candidato republicano escribió tweets para vanagloriarse haciendo referencia a sus propuestas de prohibir a los musulmanes el ingreso al país.
Sin embargo, Mateen nació y se crió en Estados Unidos, un factor que subraya lo inútil que es tratar de aislar a Estados Unidos de las corrientes mundiales con las medidas draconianas que pide Trump. Para abordar con eficacia el tema ISIS es necesario comprender la visión que tiene esa organización del mundo. Apunta a provocar una reacción violenta y represión contra los musulmanes de Occidente para ayudarlos a radicalizar a los jóvenes musulmanes. Al ponerse en contra a los musulmanes en tiempos como éste, los políticos populistas –estén en Francia o en Estados Unidos– tocan directamente cantos de sirenas para ISIS
Europa y Estados Unidos comparten muchos de los desafíos vinculados a cómo combatir mejor el terrorismo en una sociedad libre. Es evidente que se necesitan vigilancia y las mejores capacidades de inteligencia. Pero las agencias de aplicación de leyes nunca tendrán suficiente conocimiento de la actividad extremista para brindarle total seguridad a la sociedad. Eso ocurre en el caso de los grupos terroristas organizados como ISIS. Es más difícil aún anticipar el comportamiento de los lobos solitarios como Mateen.
Lo que puede hacer la sociedad es que sea más difícil para ellos comprar armas. Desde los atentados de 2005 en Londres ha habido muy pocos incidentes terroristas exitosos. Los que han ocurrido fueron con cuchillos y una única víctima.
Una razón es que el acceso a las armas en el Reino Unido es muy limitado. Por el contrario, en Estados Unidos, hasta los rifles de asalto son fáciles de comprar legalmente. Se usaron en siete de los ocho tiroteos masivos desde julio del año pasado. En el pasado, la Asociación Nacional del Rifle respondió pidiendo más armas, y no menos. Ésta es una ocasión más trágica que defiende, más allá de toda duda razonable, el argumento a favor de precisamente lo contrario.