Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

La tecnología gana terreno y ya supera a los inversores humanos

Las fórmulas, que son diseñadas por profesionales, son perfectas para hacer operaciones predecibles, y a menudo generan retornos mejores

La tecnología gana terreno y ya supera a los inversores humanos

Para entender por qué Standard Life acordó la compra de Aberdeen Asset Management por 3800 millones de libras esta semana, ayuda recordar un experimento que se hizo en el Instituto de Investigaciones de Oregon en los años setenta. El mismo calificó las decisiones de los buenos médicos comparadas con las fórmulas que ellos mismos ayudaron a diseñar.

Ganaron los modelos, tal como Michael Lewis registra en The Undoing Project, su libro sobre el psicólogo premio Nobel de Economía Daniel Kahneman y su fallecido colaborador Amos Tversky. No sólo fue más barato usarlos para identificar cánceres y desórdenes psicológicos en pacientes, sino que fueron más precisos.

El estudio de Oregon determinó que era mejor verificar los resultados de análisis clínicos con un algoritmo una vez que los profesionales habían diseñado las normas para el diagnóstico. A diferencia de lo que ocurre con la tecnología, los humanos se cansan y se distraen y tienen días libres. "Muy rara vez –si es que ocurrió– los resultados indicaron que es preferible contratar a un humano antes que un modelo creado por un humano", concluyó un crucial estudio de investigación en 1970.

Esa opinión sobre los médicos profesionales también se aplica a los hombres y mujeres del sector de gestión de inversiones. Vale la pena pagar por el llamado alpha –el inimitable talento de los inversores humanos habilidosos– al igual que por un tratamiento a cargo de un médico experto. Pero las fórmulas son perfectamente buenas para hacer operaciones predecibles, y a menudo mucho mejores.

La tecnología tardó en poder igualar lo que hacen las personas en la gestión de activos, pero esa era ha llegado. Es evidente en Aberdeen, que sufrió una salida de fondos neta de 105.000 millones de libras desde 2013 porque los inversores le han dado la espalda a la experiencia humana y a su especialidad en mercados emergentes.

El problema de Aberdeen es común a muchas administradoras de activos y hedge funds tradicionales desde la crisis de 2008, y en el sector se están concretando fusiones para reducir costos como el acuerdo de Standard Life. A medida que caen las tasas de interés y los retornos sobre las inversiones, los inversores están menos dispuestos a pagar por la participación humana.

Demasiados administradores activos cobran mucho dinero por hacer generar poco más que los retornos que reciben los inversores de los fondos pasivos automáticos; en promedio, los gestores activos se quedaron atrás de índices como el S&P 500 si se tienen en cuenta las comisiones y los costos. El dinero ingresa constamente en los fondos cotizantes y de índices, que según Moody’s podrían superar a los fondos activos en EE.UU. en 2024.

Gran parte de eso estaba previsto. En 1961 dos investigadores concluyeron: "Los hombres y las computadoras podrían cooperar con mayor eficiencia... si un hombre puede decirle a las computadoras cómo quiere que se tomen las decisiones, y luego permitir que las máquinas tomen las decisiones por él".

Es una descripción increíblemente precisa de lo que se conoce como smart beta –la libertad de escoger aspectos del retorno de las inversiones, como riesgo, crecimiento y volatilidad, y replicarlos en forma automática a través de un fondo que cotiza en bolsa. Una vez instruidos sobre cómo seleccionar entre miles de acciones o bonos, los algoritmos pueden garantizar que cualquier fondo tiene la mezcla correcta de atributos.

La tecnología hizo incursiones en lo que hacen los administradores de carteras. Primero llegaron los fondos que igualan índices para que un inversor pueda obtener el mismo retorno que, por ejemplo, el FTSE 100 sin tener que comprar los 100 títulos valores ni mantenerlos actualizados. Luego vino la capacidad smart beta de reproducir estilos de inversión profesionales igualmente precisos y más baratos.

"Se vuelve cada vez más difícil", reflexionó un gestor de carteras esta semana. El suyo es el dilema de otros profesionales. La tecnología también tiene la ventaja identificada en 1970: los algoritmos están constantemente alertas.

Eso no implica la muerte total –o la automatización del gestor de inversiones. Un profesional todavía puede hacer una investigación original sobre una compañía o título valor que brinde una nueva percepción. Cuanto más de un mercado se automatice, la originalidad se vuelve más rara y más valiosa: un inversor idiosincrásico debería obtener retornos superiores.

Tampoco se puede divorciar totalmente la eficiencia algorítmica de la inteligencia humana, como demostró Oregon –el punto era que los humanos debieron fijar los parámetros para las computadoras. Muchos gestores de activos usan analistas e investigadores para armar modelos de inversión que luego operan títulos valores automáticamente; otros mezclan su toma de riesgo activa con elementos pasivos.