Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

La tasas negativas no son culpa de los bancos centrales

Europa se obsesiona con el déficit fiscal y limita la deuda pública cuando es demasiado barata

Casi nueve años después del inicio de la crisis financiera en Occidente, las tasas de interés se mantienen ultra bajas. De hecho, una cuarta parte de la economía mundial actualmente tiene tasas de interés negativas. Esta condición es tan preocupante como las políticas lo son impopulares.
Larry Fink -CEO de la administradora de activos BlackRock- asegura que las tasas bajas impiden que los ahorristas obtengan los retornos necesarios para su jubilación. Como resultado, se ven obligados a desviar dinero de sus gastos corrientes y convertirlo en ahorro. Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas de Alemania, incluso sostiene que el crecimiento de Alternative für Deutschland, un nuevo partido nacionalista, se debe en gran parte a las políticas introducidas por el Banco Central Europeo (BCE).
"Salvemos a quienes ahorran" es una queja comprensible cuando proviene de una administradora de activos o del ministro de Finanzas de un país acreedor. Pero esto no significa que la objeción tenga sentido. La economía mundial está sufriendo de una superabundancia de ahorro en relación con las oportunidades de inversión. Las autoridades monetarias están ayudan a que las tasas de interés sean coherentes con este hecho. En última instancia, las fuerzas del mercado determinan lo que obtienen los ahorradores. Por desgracia, el mercado está "diciéndoles" que sus ahorros no valen mucho, ¿Por qué existe tal saturación de ahorro? Ésa es la pregunta más importante. Dado su superávit comercial de casi 9% del producto interno bruto (PBI) -es decir, un ahorro muy por encima de lo que se absorbe a nivel nacional, incluso con tasas de interés ultra bajas-, Alemania podría preguntarse cuál sería su tasa de interés interna si tuviera que absorber este exceso dentro del país. Desafortunadamente, el resto del mundo tampoco puede absorber estos ahorros con facilidad.
La superabundancia de ahorro (o escasez de inversión, si se prefiere) es el resultado de acontecimientos ocurridos tanto antes como después de la crisis. Incluso antes de 2007, las tasas de interés reales a largo plazo estaban en declive. Desde entonces, la débil inversión privada, las reducciones de la inversión pública, la tendencia a la desaceleración del crecimiento de la productividad, y los problemas de sobreendeudamiento legados de la crisis han interactuado para bajar la tasa de interés real de equilibrio. Durante un tiempo, la fuerte demanda que hubo en las economías emergentes después de la crisis compensó parcialmente esas tendencias. Pero, en la actualidad, eso también se ha desvanecido.
Algunos objetarán que la baja de las tasas de interés reales es, exclusivamente, un resultado de la política monetaria y no de fuerzas reales. Eso es incorrecto. La política monetaria determina, de hecho, las tasas nominales a corto plazo e influye en las de más largo plazo. Pero el objetivo de la estabilidad de precios implica que la política apunta a equilibrar la demanda agregada con la oferta potencial. Los bancos centrales simplemente han descubierto que se necesitan tasas ultra bajas para lograr ese objetivo.
Otra objeción es que las tasas reales ultra bajas, incluso las negativas, son contraproducentes hasta en términos de demanda. Una contestación a este argumento es que el BCE aumentó las tasas en 2011 con resultados desastrosos. La objeción más generalizada es que las tasas de interés más elevadas trasladan los ingresos de los deudores a los acreedores. Es altamente probable que los deudores recortaran el gasto más de lo que los acreedores lo subirían. Por otra parte, al disminuir la solvencia de los tomadores de préstamos, la política tendría dos efectos perjudiciales adicionales: provocaría la quiebra de quienes tomaron préstamos, con consecuencias nefastas para los intermediarios y para los acreedores; y reduciría la expansión del crédito. Por lo tanto, el argumento de que el aumento de las tasas de interés sería expansionista es muy poco creíble. Naturalmente, los ahorradores sostienen lo contrario. Pero era de esperarse, ¿no es cierto?
En resumen, hay que considerar las tasas ultra bajas como síntomas de nuestra enfermedad, no como su causa. Sin embargo, es válido cuestionar si el tratamiento monetario empleado es el mejor. Aquí podemos resaltar tres puntos importantes. Uno de ellos es que, dada la naturaleza de las instituciones bancarias, es poco probable que las tasas negativas se trasladen a los depositantes y, de ser así, podrían seguramente perjudicar a los bancos. Un segundo punto es que existe un límite en referencia a qué tan negativas pueden estar las tasas de interés sin limitar la convertibilidad de los depósitos en dinero en efectivo. Por último, por estas razones, esta política podría resultar en más perjuicios que beneficios. Incluso los defensores están de acuerdo en que existen límites.
Es posible responder a estas críticas. Sin embargo, una política tan excepcional podría socavar la confianza en vez de fortalecerla. ¿Esto significaría que la política monetaria se ha agotado? De ningún modo. La capacidad de la política monetaria para aumentar la inflación es esencialmente ilimitada. Más bien, el peligro está en que "calibrar" la política monetaria es más difícil a medida que se vuelve más extrema. Por esta razón, la política fiscal debería haber sido implementada de manera más agresiva. De hecho, es difícil entender la obsesión de limitar la deuda pública cuando hoy es barata.
Las mejores políticas tendrían que consistir en elevar la oferta potencial y al mismo tiempo mantener la demanda agregada. Elementos importantes de estas políticas serían las reformas estructurales y la agresiva expansión monetaria y fiscal. El Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que las reformas estructurales funcionan mejor en un contexto tan expansionista como éste. Esto es particularmente cierto en relación con las reformas del mercado laboral. EE.UU tuvo más éxito que la eurozona cuando presentó una serie más equilibrada de políticas.
Alemania siempre tiene la opción de abandonar el euro. Sin embargo, el resultado sería una enorme apreciación del recreado marco alemán; pérdidas en activos en el extranjero en términos locales; un sector financiero deteriorado; una aceleración de inversiones en el extranjero; deflación; y una industria manufacturera debilitada. Por otra parte, Alemania podría permanecer dentro de la eurozona. Pero debe entender que su política monetaria no puede ser solamente en beneficio de los acreedores. Una política que estabilice la eurozona también debe ayudar a los deudores. Por otra parte, el exceso de confianza en la política monetaria es el resultado de lo que Alemania eligió e insistió vehementemente en tener, en particular en materia de política fiscal. También es el resultado de un exceso de ahorro, al cual Alemania ha contribuido de manera sustancial. Debería dejar de quejarse de los intentos del BCE para lidiar con estos dilemas y más bien ayudar a solucionar los problemas que, en parte, a su vez ha creado.