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La suba de las tasas no es motivo de euforia

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal

El fervor de los jefes de las empresas estadounidenses por la agenda de crecimiento de Donald Trump está teñido de temor. La Reserva Federal subió 25 puntos básicos sus tasas de interés de corto plazo y las ubicó en un rango entre 0,75% y 1%. Eso elevará los costos por intereses en los próximos años. Los gerentes deberán elevar sus ganancias para dormir tranquilos, dado que se incrementan los intereses que deben pagar para financiar sus inflados balances.

Los peligros son evidentes. Moody’s estima que el apalancamiento de los emisores de grado especulativo (aquellos con bonos calificados con una nota inferior a triple B) nunca fue superior desde al menos 2005. La deuda circulante representa 5 veces las ganancias de las compañías antes de intereses, impuestos y depreciación.

La buena noticia es que los bancos están menos expuestos a los defaults que durante la crisis inmobiliaria. Todavía prefieren los títulos valores respaldados por hipotecas a los bonos corporativos como garantía para los mercados de financiación de corto plazo.

En cambio, las aseguradoras y los fondos de pensión se apiñaron en el crédito de mayor rendimiento, incluyendo los mercados de deuda corporativa, para escapar de las tasas de interés bajas en otros lugares. Los fondos de private equity también colaboraron en acrecentar la montaña de deuda. Los activos bajo administración que tiene el sector alcanzaron un récord de u$s 2,5 billones en junio del año pasado, según la firma de investigaciones Preqin.

La trayectoria de alzas de tasas que tiene la Fed es más suave de lo temido. De todos modos, los datos que surgen de los sectores altamente apalancados no preocupan en lo inmediato. Se espera que los índices de default caigan más este año. Incluso las compañías de grado especulativo pueden cubrir sus gastos de intereses dos veces con las ganancias antes de intereses e impuestos. El sector energético acaba de atravesar un ciclo de defaults inducido por el precio de petróleo, lo que obligó a las compañías a limpiar sus balances. Y la suba de las tasas a corto plazo no elevará de inmediato los costos de financiación.

Pero descargar el apalancamiento récord del sistema sin sufrimiento será una operación delicada. Las compañías deben desapalancarse para que sus ganancias puedan soportar las tasas de interés más altas. El plan fiscal de Trump podría brindar un incentivo eliminando la deducción impositiva de los pagos de intereses. La reducción de la deuda debe producirse antes de que la inflación salarial o la desaceleración de las ganancias eleve el peligro financiero. Las tasas de default seguirán bajas este año sólo si es gradual el ajuste monetario.

La culpa de la crisis financiera recayó sobre los codiciosos banqueros hipotecarios. A medida que suban las tasas, la economía real será la responsable aunque es más difícil enojarse con ella.