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La reunión entre Trump y May genera expectativas en Europa

Los funcionarios de Bruselas advierten que un acuerdo comercial podría ser más difícil de sellar de lo que parece, y complicaría los futuros lazos de Gran Bretaña con la UE

Donald Trump, presidente de Estados Unidos

Donald Trump, presidente de Estados Unidos

Donald Trump y Theresa May darán un simbólico paso adelante hacia un acuerdo comercial entre EE.UU. y el Reino Unido cuando se reúnan en Washington el viernes. Eso se debe a que ambos países estarán trasmitiendo una clara señal a sus spárrings de la Unión Europea.


Priorizando un convenio con el Reino Unido, el nuevo presidente norteamericano está enfriando gran parte de las conversaciones comerciales con la UE iniciadas en 2013. En su búsqueda de un pacto con EE.UU., la primera ministro intenta obtener ventaja para sus propias negociaciones con la UE.


Pero los funcionarios de Bruselas y de otros lugares advierten que tal acuerdo podría ser mucho más difícil de sellar de lo que parece y podría complicar los futuros lazos de Gran Bretaña con la UE. El ex presidente Barack Obama dijo el año pasado que el Brexit llevaría al Reino Unido al último lugar de una fila de países que quieren un acuerdo comercial con EE.UU. Por el contrario, Trump aseguró que se esforzará para cerrar con Gran Bretaña un pacto "rápido y bien hecho".


Todavía no mencionó públicamente las negociaciones sobre la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) que iniciaron Obama, David Cameron, Angela Merkel y otros líderes europeos en 2013.
El hecho de que esté hablando de un acuerdo con el Reino Unido y que no mencione un pacto con la UE probablemente nos diga todo lo que necesitamos saber", señaló Tim Keeler, que fue un alto funcionario de comercio de EE.UU durante la última administración de Bush.


La movida no cayó bien entre los funcionarios de la UE. "Creo que ni May ni Trump están en posición de negociar nada", dijo Michel Sapin, ministro de Finanzas de Francia. Cecilia Malmström, comisionada de comercio de la UE, esta semana admitió que con la elección de Trump las negociaciones entre la UE y EE.UU sobre el TTIP iniciadas en 2013 "quedaron congeladas". Pero también se quejó por lo que muchos ven como la agenda proteccionista del nuevo presidente.


"Aquellos que en el S.XXI creen que podemos ser grandes otra vez reconstruyendo fronteras, volviendo a las barreras comerciales, restringiendo la libertad de movimiento de la gente, están condenados al fracaso", aseguró.


El deseo de Trump de acelerar las conversaciones comerciales con el Reino Unido fue recibido con escepticismo por muchos expertos en comercio. "Creo que es muy poco probable que veamos un acuerdo pronto", dijo Phil Levy, asesor comercial del ex presidente George W. Bush y actualmente en el Chicago Council on Global Affairs. "Hay muchas complicaciones para llegar a eso", agregó.


La primera complicación es que el Reino Unido sigue siendo miembro pleno de la UE y tiene prohibido negociar convenios por sí mismo. "Tenemos en claro que vamos a respetar nuestras obligaciones mientras sigamos perteneciendo a la UE," dijo un funcionario británico. "No podemos firmar un acuerdo de libre comercio con otro país mientras seamos miembro, pero podemos mantener conversaciones para ubicarnos en mejor posición que nos permita movernos rápidamente para cerrar acuerdos exitosos una vez que estemos afuera de la UE", agregó.


Los funcionarios estadounidenses también enfatizaron que, antes de cerrar cualquier acuerdo, les gustaría conocer los términos del acceso que tendrá el Reino Unido a los mercados de la UE una vez fuera del bloque.
Ese conocimiento sería crucial para "evaluar el potencial económico total de un acuerdo con Gran Bretaña", dijo Christopher Bondy de Volterra Fietta, un estudio jurídico de Londres que asesoró a Canadá en las conversaciones comerciales con la UE.


Como los exportadores de servicios más grandes del mundo, EE.UU. y el Reino Unido podrían discrepar en cuanto al tratamiento de los servicios financieros. Norteamérica podría también exigir a Gran Bretaña obedecer en temas agrícolas políticamente sensibles como los alimentos transgénicos que hace tiempo recibieron la resistencia de los consumidores en ambos países.


The American Farm Bureau Federation, el principal grupo de lobby que tienen los productores agropecuarios norteamericanos, aseguró a Financial Times que presionará al Reino Unido para que brinden las mismas concesiones en cuanto a rebajas de aranceles y cambios en los estándares de higiene que no habían conseguido durante las negociaciones comerciales con la UE.


En ese grupo de lobby sostienen que buscarán que Gran Bretaña autorice la importación y venta de pollo higienizado con agua clorada, vacas criadas con hormonas de crecimiento y una mayor cantidad de alimentos producidos con organismos transgénicos.


Los funcionarios de la UE en privado se muestran furiosos con el baile del Reino Unido con Trump; afirman que el gobierno de May se arriesga a legitimar el proteccionismo del presidente estadounidense. Hay también consideraciones comerciales. Si el Reino Unido se alinea con Washington en un tema regulatorio como los alimentos transgénicos, aseguran, podría terminar periendo el acceso al mercado de la EU para sus propios granjeros, lo que se sumaría a los costos económicos de abandonar la UE.