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La renuncia de Michael Flynn representa una amenaza para Trump

Si el ex asesor sugiriera que todos sus contactos con los rusos fueron autorizados por Trump, el sendero conduciría directamente a la Oficina Oval

La renuncia de Michael Flynn representa una amenaza para Trump

Donald Trump acostumbró a la gente a la idea de la "política post-verdad". Pero la política exterior post-verdad parece ser otro tema. Michael Flynn, general retirado y nuevo asesor en seguridad nacional de presidente de Estados Unidos, se vio obligado a renunciar a sólo tres semanas de asumir –después de haber engañado a la Casa Blanca sobre el contenido de sus conversaciones con el embajador ruso en Washington.


La dimisión de Flynn crea (al menos) tres serios interrogantes. Primero, cuánto tiempo puede durar el actual caos en la Casa Blanca. Segundo, si la renuncia de Flynn sugiere que el establishment de la política exterior de Washington está por recuperar el control de la agenda de Trump. Tercero, si el mismo presidente Trump podría ser alcanzado por los efectos colaterales del affaire Flynn.


En cuanto al caos, habría que tener en cuenta que nunca ocurrió que un asesor en seguridad nacional se vea forzado a dejar el cargo tan rápido. La renuncia de Flynn le siguió a la debacle de la "orden ejecutiva" de la administración Trump sobre refugiados e inmigrantes, que fue anulado por los tribunales la semana pasada.
Por el momento, la política externa de Norteamérica carece de un líder y es un caos. Es el personal de Seguridad Nacional el que informa al gobierno sobre las reuniones con líderes extranjeros y crisis internacionales. El gobierno israelí había trabajado junto a Flynn, antes de la visita del primer ministro Benjamin Netanyahu a Washington esta semana. Pero el equipo de la Casa Blanca acaba de ser decapitado. Se prevé que el segundo de Flynn, KT McFarland también abandone el puesto –y se espera la salida de las últimas designaciones de Flynn. Llevará semanas reconstruir el personal del Consejo de Seguridad Nacional.


El problema se agrava por el desorden que hay en el Departamento de Estado. Rex Tillerson acaba de ser confirmado como secretario de Estado, pero no tiene quien lo secunde. Y los funcionarios que ocupaban los cargos más altos del Departamento de Estado hace poco renunciaron en masa.


Algunos miembros del establishment de política exterior de EE.UU. quizás vean la oportunidad en el actual estado de las cosas. Flynn era una figura disidente y había sido criticado por su comportamiento errático en su anterior cargo como jefe de la Agencia de Inteligencia de la Defensa. Es probable que ahora las figuras con más experiencia y más respetadas –como el general David Petraeus– ocupen las vacantes que dejó la salida de Flynn. Pero aún es poco realista esperar que la administración Trump vuelva a una postura en política exterior completamente convencional. Después de todo, Trump mismo sigue siendo el comandante en jefe.


El mandatario odiará la imagen de caos provocada por el escándalo Flynn. Pero está el riesgo de que el oleaje finalmente pueda amenazar al mismo presidente. Las agencias de inteligencia norteamericanas ya determinaron que Rusia intervino activamente en la elección presidencial estadounidense para ayudar a la campaña de Trump. El nuevo presidente enfrenta morbosas, aunque no probadas, acusaciones sobre su comportamiento en Moscú y sus vinculaciones con el Kremlin de Vladimir Putin. Por lo tanto, es significativo que Flynn se haya visto obligado a renunciar por ese mismo tema: la acusación de tener cercanía con Rusia.


Flynn ya dijo que lo convirtieron en el "chivo expiatorio" de otros fracasos. Si él sugiriera en las próximas semanas que todos sus contactos con los rusos fueron autorizados por Trump, el sendero conduciría directamente a la Oficina Oval. Los aficionados a la política norteamericana también toman nota del rol que tuvo The Washington Post en el escándalo Flynn, el mismo diario que tuvo un papel crucial en provocar la caída del presidente Richard Nixon en 1974. La ahora ex fiscal general en funciones, Sally Yates, informó a la Casa Blanca a fines de enero que creía que Flynn había engañado al gobierno sobre la naturaleza de sus comunicaciones con el embajador ruso.


Los rumores sobre un posible futuro impeachment a Trump son prematuros. El partido republicano controla las dos cámaras del Congreso y sería altamente reacio a actuar en contra de un presidente republicano. Pero no hay duda de que Trump tuvo un inicio espectacularmente malo.