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La renegociación del Nafta será muy dura para las empresas

Implicaría perder acceso a la mano de obra barata en México, que muchos ejecutivos consideran vital para competir con China y otros productores de bajos costos

La renegociación del Nafta será muy dura para las empresas

Donald Trump ubicó el tema de la "renegociación" del Nafta (el acuerdo de libre comercio norteamericano) creado hace 20 años entre Estados Unidos, Canadá y México en el primer lugar de su agenda económica y amenazó con salir del pacto comercial si el país no obtiene lo que quiere.

La pregunta es cómo lo hará y qué significa para la comunidad empresaria.

Las apuestas económicas son enormes. El Nafta entró en vigencia el 1 de enero de 1994. Desde entonces el comercio entre los tres países se disparó mayormente como resultado del nacimiento de lo que ahora son las cadenas de abastecimiento continentales.

El comercio de EE.UU con Canadá y México ahora supera u$s 1 billón anual y completó casi el 30% de su intercambio con el mundo en los primeros 11 meses de 2016. Eso es dos veces el comercio que tiene el país con China y 10 veces su valor con el Reino Unido.

Para muchas compañías, la salida de EE.UU. del Nafta significaría dar marcha atrás con inversiones de largo plazo. También implicaría perder acceso a la mano de obra barata en México, que muchos ejecutivos ven como vital para poder competir con China y otros productores de bajos costos.

"El Nafta es el eje de nuestra actual competitividad económica", señaló el mes pasado Frederick Smith, CEO de FedEx.

Todos concuerdan en que el Nafta necesitaba una actualización. Trump no es el primer presidente norteamericano en pedir la renegociación del Nafta, o de considerarlo políticamente tóxico.

Barack Obama prometió durante su campaña de 2008 modificar los estándares laborales y ambientales. Su gobierno afirma que cumplió con esa promesa negociando el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) que comprende a doce países, entre ellos Canadá y México.Trump dio ayer la orden de sacar a EE.UU.de ese acuerdo más amplio.

"Un impuesto fronterizo" es una amenaza difícil de aplicar. Trump advirtió repetidas veces que aplicará un gravamen de 35% a las compañías que construyan fábricas en México, en vez de hacerlo en EE.UU. "Si eso sucede, vamos estar fijando un impuesto fronterizo muy grande sobre los productos cuando ingresen", dijo a un grupo de altos ejecutivos norteamericanos.

Eso violaría los términos del Nafta y los compromisos de EE.UU. como miembro de la Organización Mundial de Comercio.

Esa amenaza sería políticamente de difícil cumplimiento mientras negocia con los republicanos en el Congreso. El Parlamento se guarda celosamente sus poderes constitucionales sobre el comercio y algunos republicanos ya aclararon que se opondrían a que haya nuevos aranceles.

Las exigencias de EE.UU. se centrarían en los impuestos, disputas y "normas de origen".

Con la mayoría de los miembros del gabinete de Trump aún sin confirmar en el Senado, los objetivos exactos de Norteamérica para la renegociación del Nafta siguen siendo inciertos. También es probable que cambien cuando las industrias presionen a favor de sus propios intereses en un proceso que, según Trump, llevará 18 meses.

Pero el año pasado Wilbur Ross, el entrante secretario de Comercio y el economista Peter Navarro, que encabeza el nuevo Consejo de Comercio Nacional de la Cámara de Representantes, señalaron en un documento que un área de preocupación es el uso, por parte de México, de un IVA deducible para exportadores.

Los funcionarios entrantes se quejan del sistema de resolución de conflictos que aplica el Nafta para las disputas. También se lamentan de las "normas de origen", que determinan cuánto de un producto debe fabricarse dentro de las fronteras del Nafta para recibir beneficios. Eso es particularmente importante para el sector automotriz y fabricantes de autopartes, que a menudo dependen de esas normas para ganarle a los competidores.


México es el país más débil de la mesa de negociación. El precursor del Nafta fue un acuerdo bilateral firmado en 1987 entre EE.UU. y Canadá, que es el mayor mercado exportador de Norteamérica. Por lo tanto, si Trump rompe el Nafta, México quedaría en la posición más precaria de los tres países miembro.