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La prueba más difícil para la democracia estadounidense

Aunque Trump es una amenaza, un gobierno de Hillary también plantea riesgos de gobernabilidad

La prueba más difícil para la democracia estadounidense

Es razonable, transcurría la guerra civil estadounidense. En medio de toda la masacre, los yanquis siguieron adelante con la celebración de las elecciones de 1862 y 1864 en la fecha prevista. Aparte de este, pocos hechos de la historia de Estados Unidos pueden compararse con lo que está en juego mañana.

Donald Trump, uno de los posibles próximos presidentes, pronostica que las votaciones serán manipuladas. Una victoria de Trump todavía es posible, lo que hace que sea especialmente extraño que se comporte como un perdedor resentido antes de efectivamente perder. Hillary Clinton, la otra candidata, cree que el sistema estadounidense funciona bien, excepto por la amenaza que representa Trump. A su manera, la perspectiva de Hillary es casi tan ilusoria como la de su oponente. El sistema de democracia estadounidense está tambaleándose, más allá de que Trump gane las elecciones presidenciales o no.

Imaginemos dos tipos de amenazas: una en la que un oso irrumpe en nuestra casa, otra en la que las termitas la devoran desde dentro. Trump es el oso. La ventaja de una victoria de Trump es que este no podría reclamar que hubo un fraude electoral. Ni mucho menos. El recuento de votos de 2016 sería el más limpio de la historia mundial. ¡Estados Unidos sería grandioso de nuevo! Por lo demás, sería un desastre.

Muchos predicen con calma que la democracia de Estados Unidos saldría intacta de una presidencia de Trump. La calma proviene de dos factores. El primero es que Trump se rodearía de asesores experimentados que refrenarían sus peores instintos. El segundo es que incluso si el equipo de Trump fuese descabellado, la Constitución estadounidense corregiría cualquier exceso.

Son demasiado complacientes. La mayoría de los asesores de Trump son tan inquietantes como él. Empezando por el propio Trump. "Yo soy mi principal asesor de política exterior y tengo buen instinto para estas cosas", asegura el candidato. Tengamos en cuenta que Trump cuestionó el punto de las armas nucleares salvo que se las utilice. También recomendó a los vecinos de China que adquieran las suyas. La decisión de jugar la carta nuclear es solo del presidente. El Pentágono solo puede asesorar. Prácticamente todos los republicanos con experiencia en seguridad nacional firmaron una carta en agosto en la que advierten que Trump sería "el presidente más imprudente de la historia".

Luego está su equipo político. No necesitamos ir más allá de Stephen Bannon, su jefe de campaña, que es el exjefe del sitio web de extrema derecha, Breitbart News. Cualquiera que aprecie los derechos de la primera enmienda constitucional de Estados Unidos deberían preocuparse. Bannon probablemente se convertiría en el director ideológico de Trump en la Casa Blanca.

En segundo lugar, el sistema estadounidense de frenos y contrapesos descansa en los que lo propugnan. Dejando a un lado su carácter, Trump no respeta los límites constitucionales. El último presidente que violó estos límites fue Richard Nixon. Se vio obligado a renunciar a su cargo en 1974 por encubrir la complicidad de su administración en el robo de las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata. El sistema funcionó, pero tardó dos años.

Nixon tenía una visión amplia de los poderes del presidente. "Cuando el presidente lo hace, significa que no es ilegal", afirmó. Ese es también el punto de vista de Trump.

Pero la violación en secreto de la ley por parte de Nixon es insignificante comparada con lo que Trump promete abiertamente hacer. Ha instado públicamente a Rusia a hackear las bases de datos del Partido Demócrata. También amenazó con encarcelar a Hillary Clinton, restablecer la tortura, poner fin a tratados e iniciar una guerra comercial mundial. Parte de esto es ilegal y parte, legal.

Buena parte de lo que promete Trump se ubica en el medio. De cualquier manera, a los tribunales de Estados Unidos podría llevarle meses o años pronunciarse sobre las acciones de Trump. Para entonces, se habría cometido mucho daño.

¿Cómo podría compararse una victoria de Clinton? Si ganara de manera arrasadora -y los Demócratas recuperaran el control del Congreso-, caerían todas las apuestas. Pero eso no va a suceder. Desde que comenzaron las elecciones, ninguna encuesta la coloca cerca del 50%. Los peligros de una presidencia de Clinton no son menos inquietantes por su sutileza.

Antes de que Hillary sea elegida, los republicanos prometen bloquear todo lo que ésta intente. John McCain, su amigo republicano más cercano, sostiene que él se opondrá a cualquier candidato de la Corte Suprema que Hillary presente. Otros amenazaron con audiencias de destitución.

El Partido Republicano está irremediablemente dividido. Comprende multiculturalistas proglobalización y proteccionistas nativistas. En la mayoría de las demás democracias, se habría dividido en diferentes partidos. Lo único que mantiene unidos a los republicanos es el odio a Hillary.

Sin mencionar la amenaza de Trump de poner el grito en el cielo si pierde. De cualquier manera, los republicanos pretenden hacer un desierto de la presidencia de Hillary y llamarlo democracia. Tienen los medios para hacerlo. Cuatro años más de estancamiento solo profundizarían la frustración general de Estados Unidos.

Lo bueno de un oso es que puedes verlo venir. Las termitas son invisibles. Cuesta detectar cuándo empezaron a devorar los cimientos. ¿Cuándo y por qué los estadounidenses perdieron la fe en su sistema? Tampoco hay consenso sobre esto. Algunos apuntan a la creciente desigualdad. Otros culpan al crecimiento del gobierno. No significa que los estadounidenses no puedan recuperar la confianza que han perdido.

Pero por el momento, Estados Unidos se está volviendo cada vez más difícil de gobernar. Como dijo Abraham Lincoln, una casa dividida no puede sostenerse. Aunque enfrentó desafíos mucho más letales, la observación de Lincoln es tan verdadera hoy como cuando la pronunció. La democracia estadounidense se basa en la cooperación. Es poco probable que lo que suceda después del martes encaje en esa descripción.

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