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MARTES 26/03/2019

La política británica fracasa, pero las predicciones económicas eran exactas

Un informe de economistas de renombre proyectó que en 2020 la economía sería entre 1% y 3% más chica. Los datos actuales indican que la contracción fue de 1,5%

La política británica fracasa, pero las predicciones económicas eran exactas

Para quienes perdieron las esperanzas en la clase política británica, hay buenas noticias. Sus principales economistas, aquellos sin ningún interés político, hicieron excelentes pronósticos respecto del Brexit antes y poco tiempo después del referéndum de junio de 2016. La política quizás esté en crisis, pero la economía (en esta oportunidad) dio en el clavo.

Pocos días antes de la votación, tres de las instituciones económicas de más renombre del Reino Unido —El Instituto de Estudios Fiscales, el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, y el Centro de Desempeño Económico que pertenece a la London School of Economics— redactaron una declaración conjunta bajo el título: "La salida de la Unión Europea casi definitivamente dañará nuestras perspectivas económicas".

En ese documento proyectaron que en 2020 la economía sería entre 1% y 3% más chica que en un escenario con el Reino Unido dentro del bloque. Vendrán mayores golpes a partir de ese momento, señalaba el informe, cuya gravedad dependería del tipo de Brexit elegido. La libra caería, los salarios reales serían menores, el endeudamiento, por lo tanto, sería mayor y el desempleo aumentaría.

Salvo la predicción de una mayor desocupación, el pronóstico fue notablemente exacto. La economía actualmente es 1,5% más chica de que lo que proyectó el Banco de Inglaterra en mayo de 2016 mientras que la economía mundial se fortaleció más de lo previsto. Comparado con economías avanzadas similares, los estudios estiman que el daño que provocó el Brexit al Reino Unido fue de 2,3%.

Después del referéndum, los pronosticadores convencionales fueron aún más exactos. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria casi dio en el blanco con el tamaño que tendría la economía a fines de 2018. Su error estuvo dentro del 0,1%. Por el contrario, el grupo de lobby a favor del Brexit llamado Economists for Free Trade hizo proyecciones demasiado optimistas y el escenario de shock a corto plazo que describió el Tesoro británico, a cargo de George Osborne, era demasiado pesimista.

La lección es simple: hay que escuchar a los economistas, pero no a los que están encolumnados con una línea política.

Con ese documento tan acertado para los primeros dos años y medio de la saga del Brexit, no sorprende que la corriente general todavía mantenga la misma opinión sobre los efectos a largo plazo del Brexit que la que tenían hace tres años. Dicen que dolerá, y posiblemente mucho.

Hay que pensar claramente sobre la naturaleza del dolor. El Brexit no es una decisión deliberada de empobrecernos respecto al pasado, sino una decisión deliberada de dejar pasar el progreso económico. No significa góndolas vacías y enormes pérdidas de empleo, sino un lento goteo de oportunidades perdidas, de actividad que se traslada a otros lugares y de decepciones en cuanto a los ingresos. La analogía correcta es el lento declive que registró Gran Bretaña durante treinta años; que pasó de ser un vencedor en la segunda guerra mundial a convertirse en el hombre enfermo de Europa, y no el dolor inmediato de una recesión o de una crisis financiera.

Un Brexit sin acuerdo podría provocar un shock adicional corto y abrupto, y su gravedad estaría totalmente en manos de Bruselas. Como tiene el control del transporte y de los servicios financieros, la UE de 27 miembros podrá elegir cuánto ajustar el tornillo. En cualquier Brexit negociado y suave, el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social concluyó en un reciente estudio que "las pérdidas. . . son mayores cuanto más distante sea la relación con la UE". El peor escenario es el Brexit sin acuerdo y el mejor es permanecer en la UE. Dicho instituto estima que el Reino Unido se perderá otro 2,8% del ingreso nacional si la relación es estrecha, pero la cifra se eleva a 5,5% en un escenario sin acuerdo razonablemente ordenado. Son pérdidas notorias.

La buena economía no puede decirnos cuál es la decisión correcta para Gran Bretaña en estos momentos febriles. Pero demuestra que la votación a favor de abandonar la UE fue mala para los estándares de vida. Predice más de lo mismo una vez que se concrete el Brexit. Nadie tiene la obligación de seguir el consejo de los economistas, pero sí debemos enfrentar los hechos. Michael Gove estaba equivocado, los expertos tenían razón y nunca nos deberíamos cansar de escucharlos.

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