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La paz en Colombia alimenta las esperanzas de reencuentros

Los guerrilleros volverán a sus casas y prometen olvidarse de las armas. Muchos temen que los afecte el rencor que puedan demostrar los familiares de las víctimas

La paz en Colombia alimenta las esperanzas de reencuentros

La familia de Martha es testigo del dolor que las cinco décadas de guerra civil han infligido al pueblo de Colombia.

El hijo mayor de los cuatro que tuvo esta madre de 57 años fue asesinado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Otro fue reclutado a la fuerza por los enemigos de los rebeldes marxistas, los paramilitares de derecha, y se supone que ha muerto, mientras que un tercero sucumbió al alcoholismo y rara vez la visita.

El más joven de todos se unió a la guerrilla hace una década después romper relación con su padrastro y hermanastro. en 2006, asumió el nombre de guerra Felipe y su madre no escuchó más de él. Todos en su ciudad asolada por la guerra al sur de Colombia le decían que seguramente estaba muerto: "Nunca dejé este lugar, con la esperanza de que un día aparezca", contó.

Ahora un acuerdo de paz que pone fin a una guerra que terminó con 260.000 vidas y desplazó a casi 7 millones personas de sus hogares ofrece la posibilidad de que se reúnan las familias fracturadas.

Ayer los guerrilleros de las FARC y el gobierno colombiano firmaron oficialmente un acuerdo de paz que será puesto a votación en un plebiscito.

Este mes, los guerrilleros de las FARC se reunieron por última vez antes de su disolución como fuerza de combate para celebrar el fin de las hostilidades –y brindar apoyo anónimo al acuerdo de paz– en un confuso festival que se parecía a un Woodstock o Glastonbury armado. La preparación del Farcstock llevó dos meses y 20 días ya que 300 rebeldes construyeron camas improvisadas, carpas para conferencias, restaurantes, y un escenario para 1.200 guerrilleros y 500 periodistas y visitantes que asistieron.

Felipe se unió a sus camaradas mientras bailaban reggae, folk y cumbia. En medio del caos, con sus 23 años Felipe contó a Financial Times que lo primero que planeaba hacer después de dejar las armas era visitar a su madre.

Contó que vio un día su casa al otro lado del río durante una "misión de inteligencia" en 2011 pero no se atrevió a cruzar, "pese a que mi corazón latía fuertemente". "Quiero pasar los últimos días de mi madre con ella. Quiero terminar el secundario, y luego estudiar política para ser político. Es una inmensa belleza poder terminar esta guerra y marchar hacia la paz. También es una enorme responsabilidad porque ahora tenemos que ganarnos el corazón de la gente", dijo Felipe.

Una de las partes más polémicas del acuerdo cerrado el mes pasado entre los rebeldes y el gobierno colombiano señala que las FARC se convertirá en un partido político.

Pero la mayoría de los colombianos no le tienen simpatía a los rebeldes, que cometieron atrocidades incluyendo masacres y secuestros, y detestan la idea de que los guerrilleros se conviertan en políticos.

"Me gustaría que la gente deje atrás el rencor y el odio", señaló Felipe. "Si el acuerdo se mantiene, yo nunca volveré a tomar las armas," agregó.

Pero los rebeldes de la FARC como Felipe temen que, después de que ellos abandonen las armas, sean asesinados por los escuadrones de la muerte derechistas. Está preocupado por su novia rebelde, que proviene de la región de Arauca, que es frontera con Venezuela y que está invadida de ex paramilitares convertidos en bandas de narcotraficantes y de rebeldes del grupo insurgente ELN, que todavía no participa del acuerdo de paz.

"Queremos mantenernos unidos, pero ella quiere ir a ver a su familia", Felipe. "Y mi prioridad ahora es ver a mi mamá. La extraño, Quiero hablar con ella".

El Financial Times le ofreció a Felipe entregarle una nota suya a su madre, junto con una foto Polaroid para demostrarle que él estaba aún vivo.

Después de una travesía de cinco horas en moto por las sabanas hasta su casilla de madera, el FT le leyó la nota: "Hola querida mamá, comenzaba la carta. "Con este corto saludo me gustaría decirte que estoy bien y lleno de vida. No ha sido fácil estar lejos tuyo todo este tiempo porque te extrañé mucho. Estos diez años que estuve lejos de vos me dejaron una fuerte marca. Tu pequeño niño creció y se convirtió en un hombre".

La mujer, que vestía una camisa blanca con una paloma y una rama de olivo, lloraba mientras escuchaba las palabras. "Pensé que estaba muerto, fue horrible, sufrí tanto", dijo. "Sólo espero que la paz comience pronto así puedo abrazar a mi hijo".