Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

La masacre de Orlando fue contra los homosexuales

El ataque perpetrado contra la comunidad gay en el bar nocturno de Florida sirve como recordatorio de la lucha de los homosexuales por tener los mismos derechos

Con 50 muertos y muchos más heridos, los acontecimientos que se despliegan en Orlando no son nada menos que espantosos. Sin embargo, también demuestran que el argumento a favor de los derechos de las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales nunca fue tan crucial.
Conocí el club nocturno Pulse, un bar gay del centro de Orlando. Estuve en la ciudad para cubrir el lanzamiento del transbordador en Cabo Cañaveral y, demorado por tercera vez, decidí no volver a Nueva York para pasar una noche en Orlando.
Desde muchos puntos de vista, Pulse no tenía nada especial: la habitual música electrónica Hi-NRG que nadie nunca admite que le agrada, los típicos chicos gogó bailando sobre los podios y la misma vieja multitud vestida en el uniforme gay norteamericano de Levis descoloridos y remera blanca ajustada.
Común y corriente, deslucido y francamente un poco aburrido. Al igual que todos los bares gays del mundo. De hecho, era igual al pub Admiral Duncan en Soho bombardeado en 1999 por David Copeland, un neo-Nazi británico.
Pulse era tan ordinario que parece imposible que alguien pueda ofenderse, ni hablar disparar a más de 50 personas. Sin embargo, los primeros reportes sugerían que el asesino se había "enfurecido" después de ver dos hombres besándose.
Se supone que los tiempos han cambiado. Cuando me introduje por primera vez en la escena gay a principios de los noventa, era habitual que recibiera insultos homofóbicos al volver a casa. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que pasé caminando al lado de pandillas que me gritaban "maricón" o "puto" o expresiones aún peores.
A veces se convertía en violencia. En 1993 pasé una noche en un hospital donde me tuvieron que coser el labio derecho después de un ataque a homosexuales en Edimburgo. Fue deprimente, terrible, pero eran los noventa, hace más de veinte años.
Muchos de nosotros peleamos por cambiar opiniones. En 1993, respaldado por Stonewall, un grupo de derechos humanos, llevé al gobierno británico al Tribunal Europeo de Derechos Humanos por la edad de consentimiento sexual gay, que en aquel entonces era a los 21 años. Tenía 19 y una relación con mi novio Will de 24 años, algo considerado ilegal bajo las anacrónicas leyes británicas que regían en ese momento.
Nuestro caso condujo a una votación libre en la Cámara de los Comunes, que bajó esa edad de consentimiento sexual a 18 años. Dos chicos de 17 años tomaron el caso testigo y lograron que en 2000 Tony Blair, entonces primer ministro, impulsara en el Parlamento que rigiera la misma edad para todas las orientaciones sexuales, 16 años.
Nosotros luchamos para ser comunes y corrientes, para ser inofensivos. Peleamos para que nos dejen en paz.
Que la gente todavía sienta odio hacia los homosexuales no sorprende, pero todavía ofende. Las razones detrás del tiroteo siguen siendo poco claras. Si el asesino estuvo motivado por su odio hacia los homosexuales, o por creencias religiosas es casi irrelevante. Lo que importa es el hecho de que exista el odio.
Barack Obama recalcó eso ayer. "Lo que queda claro es que era una persona llena de odio", dijo el presidente norteamericano dirigiéndose a la nación. "Y ningún acto de odio o terrorismo cambiará lo que nosotros somos o los valores que nos hacen estadounidenses".
Detrás de las marchas por el Orgullo Gay y de las banderas con el arco iris hay gays, lesbianas, bisexuales y transexuales con vidas comunes.
Sin embargo, en todo el mundo los derechos de los homosexuales están disminuyendo. India y Rusia hace poco promulgaron legislación anti gay. Aún existen leyes que criminalizan la homosexualidad en 78 jurisdicciones de todo el mundo –de un total de 320. En Mauritania, Yemen, Arabia Saudita, Irán y Sudán simplemente ser gay es castigado con la muerte.
Incluso Estados Unidos no es inmune a la reacción violenta contra la igualdad. Mississippi hace poco introdujo leyes que permiten a las empresas negarle servicios a clientes homosexuales por motivos religiosos. Carolina del Norte este año promulgó legislación que obligaría a la gente a usar el baño (de damas o caballeros) que le corresponda según su certificado de nacimiento, una norma que los críticos consideran transfóbica.
En la cima de la igualdad, los derechos de los homosexuales están otra vez bajo amenaza.
El lunes a la noche, el Soho se detuvo a las 19 horas para recordar a los muertos y heridos en Orlando. El barrio gay londinense se paralizó cuando la gente y los políticos salieron a las calles. Pero no estaba presente sólo la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Se unieron a nosotros personas de todas las edades, credos y colores.