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La longevidad de los trabajadores trae problemas a empleadores y gobiernos

Los empleados con 30 años de vida laboral por delante no se retirarán en silencio cuando vean el poco dinero con el que cuentan para financiar el resto de sus vidas

Los británicos reciben un mensaje de la reina cuando llegan a su cumpleaños número 100. Hace una década, un asistente enviaba las cartas. Hoy, se necesitan siete.
En Japón, a quienes llegan a un siglo de vida se les regala un plato de plata. En 1963, 153 personas recibieron uno. En 2014, la cifra fue de 29.350. El año pasado, el gobierno informó que estaba reconsiderando los presentes.
Tal como dicen Lynda Gratton y Andrew Scott en su inspirador libro, The 100-Year Life (Cien años de vida), los centenarios ya no son algo fuera de lo común.
Hoy un niño nacido en un país rico tiene una probabilidad superior al 50% de llegar a los 105 años. Los que tienen ahora más de 60 años, tienen buenas chances de vivir más de 90 años.
El libro está lleno de divertidas ideas sobre cómo los mayores de 60 años pueden vivir el último tercio de su vida, con empleos relacionados con carteras de inversiones, activismo comunitario y amistades que atraviesan generaciones. Los autores también aclaran que ése probablemente sea el futuro sólo para los ricos y mejor educados.
Los demás tendrán que valerse por sí mismos y ahorrar mucho dinero. Los autores sostienen que si los trabajadores jóvenes de hoy ahorraran 11% de sus salarios, tendrían que trabajar hasta los 85 años para que sean decentes sus ingresos una vez jubilados.
Thomas Hobbes escribió en 1651 que la vida era "desagradable, brutal y corta". Para muchos, según Gratton y Scott, la vida va a ser desagradable, brutal y larga.
Plantean propuestas sensatas sobre cómo las empresas pueden ayudar a sus empleados de mayor edad a vivir una vida más feliz. Los empleadores deberían facilitar la transición entre el trabajo de tiempo completo a jornadas más cortas, dando al personal de todas las edades la flexibilidad de pasar más tiempo con los hijos, nietos o, en estas largas vidas, bisnietos.
Las compañías pueden llegar a ser "agnósticas sobre la edad", cuando observan quiénes se adaptan a una función en particular, independientemente de su edad.
Estos son escenarios creativos y optimistas, y temo que veremos muy pocos de ellos. Las empresas son instituciones notablemente conservadoras. Durante décadas, no lograron ofrecer carreras productivas a las madres que se reincorporan a la fuerza laboral. Muchas organizaciones se muestran reacias al deseo de los nuevos padres a tomar su parte de la licencia parental.
Desde hace mucho tiempo ha sido una práctica común de las empresas explotar al personal, y después deshacerse de ellos cuando se vuelven cincuentones y sesentones. Los aumentos de salarios en los últimos años han hecho que los trabajadores mayores sean caros y además éstos también obstaculizan la promoción de sus colegas más jóvenes.
Hasta hace poco, debido a las pensiones cuyo valor se basaba en los últimos salarios, muchos estaban dispuestos a irse. Aunque los ejecutivos se quejan de que para los empleadores esas pensiones son inaccesibles, eran una buena herramienta para convencer al personal a jubilarse con elegancia.
Sin embargo, las pensiones están desapareciendo. No van a volver, y pocas empresas parecen haber entendido las consecuencias.
Los trabajadores a los que antes se los convencía de jubilarse se negarán a irse, no porque quieran seguir trabajando, sino porque no tienen otra opción. Sus ahorros personales y su jubilación serán demasiado bajos para poder vivir. Muchos tendrán que seguir trabajando jornada completa hasta cumplir setenta u ochenta años. La administración de carteras de inversión, la educación y eventos barriales no serán para ellos.
Algunos podrían argumentar que, en las sociedades que envejecen donde está disminuyendo el número de jóvenes, las empresas necesitarán a los trabajadores mayores. Pero con la gran cantidad de puestos de empleo siendo reemplazados por las computadoras y los robots, el impulso para deshacerse de la gente va a crecer.
Pero aquellos empleados con 30 años de vida activa por delante no se irán en silencio cuando vean el poco dinero que tienen para el resto de sus vidas.
Los trabajadores actuales de cincuenta y sesenta años son un grupo formidable y forman una gran parte de la población. Crecieron en la era de la conciencia política y la acción colectiva, y tienen leyes contra la discriminación de edad a su favor. Si las empresas se las arreglan para forzarlos a irse, los trabajadores van a convertirse en un problema para los gobiernos. No sólo hay un montón de ellos, sino que también votan en una proporción mucho mayor que las generaciones más jóvenes.
Y para los gobiernos será imposible elevar las jubilaciones públicas a un nivel que los ayude a jubilarse cómodamente.
Como dicen Gratton y Scott, la vida de 100 años es, en muchos sentidos, una bendición. Sin embargo, para la mayoría va a ser difícil financiarla. Pondrá a los trabajadores de mayor edad en contra de sus jefes y sus gobiernos. Veo que viene una gran batalla. Pocos de los responsables de las empresas o los gobiernos parecen estar listos para hacer frente eso.