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La lección correcta que dejó Ronald Reagan

"Reagan demostró que los déficits no importan", le dijo el vicepresidente de EE.UU Dick Cheney a Paul O’Neill en 2002, cuando el Secretario del Tesoro expresó sus dudas sobre una ronda de rebajas de impuestos. Donald Trump parece listo para para probar si sigue siendo así _si es que alguna vez lo fue.
Su victoria ya creó nostálgicas referencias a Ronald Reagan _cuya elección en 1980 fue recibida con similar escepticismo. La comparación es equivocada porque en los últimos 36 años se produjeron grandes cambios en las economías de Estados Unidos y del mundo. Pero si hay un área donde el enfoque de Trump se parece más al de su predecesor, son sus planes fiscales que probablemente conduzcan a un enorme alza del déficit norteamericano.
Los comentarios de Trump durante la campaña simplemente no se traducen en un plan económico coherente. Su enojada retórica sobre el comercio y la hostilidad hacia las políticas de estímulo de la Fed concuerda con una amplia gama de políticas, algunas alarmantes y otras no tanto.
Sin embargo, asumió compromisos concretos para bajar impuestos, tanto los que gravan los ingresos personales como las ganancias de las empresas. También prometió un mayor gasto de defensa y un inmenso incremento de la inversión en infraestructura. Asegura que su plan económico pondrá millones de dólares a trabajar y duplicará el crecimiento de EE.UU. Eso es dudoso, especialmente dado que los indicadores señalan que la economía del país está cerca del empleo total. Las consecuencias para las finanzas públicas son, por el contrario, indiscutibles.
Hay un sólido argumento para hacer un giro en el equilibrio entre el estímulo monetario y el fiscal. De hecho, Hillary Clinton quizás habría propuesto algo similar. Pero si el giro tiene altas probabilidades de terminar en un gran aumento del déficit norteamericano, generaría más inflación y un alza de los costos del endeudamiento. Eso, a su vez, tiene implicancias para la política monetaria.
La respuesta obvia sería que la Reserva Federal tomara una postura de más ajuste. De hecho, si a Trump no le gusta la era poscrisis de tasas de interés ultrabajas, la aplicación de sus planes fiscales aceleraría el proceso de "normalización" de política en la Fed, sin intromisión directa en los asuntos del banco.
Esa combinación de política fiscal más blanda y una postura monetaria más rígida no es compatible con su meta de crecimiento sostenible. Sería desastroso reemplazar a Janet Yellen, quien preside la Fed, cuando termine su mandato.
Mejor que empeorar la situación fiscal de largo plazo con rebajas de impuestos permanentes sería que Trump reformule sus propuestas en un paquete integral de reformas impositivas que no provoquen una baja de los ingresos fiscales. Eso fue en lo que avanzó el Reagan en su segundo mandato.
Los planes de Trump en tributación personal son indefendibles. Brindarán muy modestos beneficios a los votantes de ingresos medios _a los que él dice representar_ y grandes ganancias para los más ricos. Sin embargo, es un buen argumento para bajar el impuesto a las ganancias de las empresas a un nivel más competitivo a nivel global.