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La histórica visita se justifica con una visión de largo plazo

Esta vez, la palabra "histórica" no es una exageración. La visita de Barack Obama a La Habana es la primera de un presidente estadounidense en ejercicio en más de 88 años. Más importante aún es que el viaje tiene como objetivo consolidar su política de acercamiento y compromiso con la isla iniciada hace 15 meses. Revertiendo más de medio siglo de tácticas abusivas, también apuntala la posición norteamericana en la región.
Mediante decretos, Obama flexibilizó el embargo. EE.UU. borró a Cuba de su lista de estados patrocinadores del terrorismo. Se reanudaron los vuelos comerciales. Se levantaron las restricciones de viaje a los visitantes estadounidenses. La semana pasada, entre otras medidas, se despenalizó el uso del dólar, lo que elimina la necesidad de que Cuba haga complejas operaciones cambiarias a través de terceros y facilita así las actividades comerciales. Mientras eso ayude a que los cubanos comunes se ganen la vida sin depender del estado, será bienvenido.
Pero es notable que el "cambio de régimen" no sea un objetivo. El futuro de la isla, como ha indicado Obama, deben decidirlo los cubanos.
Sin embargo, la visita de Obama apunta más a recomponer los lazos y recuperar la influencia en un viejo enemigo de la guerra fría con el que EE.UU. tiene pocos vínculos y aún menos influencia. Es una pieza clave de la estrategia más amplia que tiene Norteamérica para la región. Mientras que en Medio Oriente y la cuenca del Mediterráneo es un desastre, la política exterior estadounidense hacia América latina y el Caribe está casi floreciendo.
Hace aproximadamente treinta años, la mayor parte de Latinoamérica parecía ser una sucesión de situaciones espinosas –desde las luchas civiles en América central hasta las guerras por las drogas en Colombia–. Ya no es así.
Los guerrilleros marxistas de Colombia, tácitamente alentados por La Habana, están a punto de abandonar las armas. El acercamiento a Cuba también debilita la retórica del gobierno rabioso de Venezuela, que ya no puede despotricar de forma convincente contra el imperialismo.
Mientras tanto, las fuerzas de la gravedad económica afectan a otros países mal administrados de la región. El gobierno brasileño, desgarrado por la corrupción, está a punto de colapsar. El recién electo presidente de Argentina, Mauricio Macri, un centrista pro negocios, dijo que quiere volver a colaborar con EE.UU. Obama mañana volará a ese país. Otro viaje histórico, pues será la primera visita bilateral EEUU-Argentina en casi 20 años.
Todo esto en cuanto a los intereses estadounidenses. ¿Pero qué hay con los de Cuba? Los críticos se quejan de que Obama le ha dado más a La Habana de lo que La Habana le ha devuelto. Quizás sea así. Pero las pequeñas negociaciones con los líderes comunistas cubanos no habrían ido a ninguna parte, como sucede siempre. De todos modos, actuando en forma unilateral centra la atención en Cuba y elimina sus habituales excusas para ser intransigentes y violar los derechos humanos. Obama debe hacer hincapié en esas preocupaciones, al igual que otros deberían hacerlo también.