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La historia marca que las acciones de EE.UU. no están en una burbuja

El precio del índice bursátil ponderado en relación al desempeño de los negocios subyacentes muestra que el valor de los papeles es el adecuado a empresas de calidad

La historia marca que las acciones de EE.UU. no están en una burbuja

Las acciones estadounidenses se encuentran en una "burbuja especulativa". Hay tantos analistas financieros que han dicho que las acciones estadounidenses están severamente sobrevaloradas que, si se creyera en la opinión general, cualquier persona lo suficientemente valiente para retener sus acciones pronto será castigada por las brutales fuerzas de la gravedad financiera.


Las acciones cotizadas en EE.UU, según lo que indica el índice S&P 500, ciertamente no son baratas en comparación con los múltiplos de precio–ganancias promedio durante diez años, pero tampoco están tan sobrevaloradas como lo indicarían las observaciones casuales sobre una "burbuja".


En primer lugar, tan obvio como pudiera parecer, el nivel del S&P 500 en términos absolutos es irrelevante. Lo que es importante es el precio del índice ponderado en relación con el desempeño de los negocios subyacentes de sus participantes. El S&P se encuentra en una relación precio–ganancias de alrededor de 21 veces. Basándose en los últimos 50 años, esto no es tremendamente costoso.


En segundo lugar, quienes creen que tal múltiplo es terriblemente costoso debieran preguntarse cuál es el precio correcto que debiera pagarse por las acciones de empresas de calidad en este momento. El trabajo del profesor Jeremy Siegel de la Universidad de Pennsylvania acerca de una de las grandes burbujas bursátiles de la posguerra se vuelve particularmente instructivo en relación con este punto.


A comienzos de la década de 1970, los inversores estaban dispuestos a pagar un precio aparentemente absurdo por lo que entonces se consideraban acciones de crecimiento que se debían "comprar y nunca vender". Un grupo de importantes empresas estadounidenses, incluyendo Xerox, IBM, Polaroid y Coca–Cola, se cotizaron a precios que alcanzaron formidables valoraciones.


Estas acciones, a las cuales ocasionalmente se les conoce como las Nifty Fifty, obtuvieron valoraciones que alcanzaron hasta un 80 ó 100 (o más) veces sus ganancias, con Coca–Cola alcanzando una relación precio–ganancias de 46 en 1972, y Johnson & Johnson llegando a una relación precio-ganancias de 57 durante el mismo año. Disney se elevó a una valoración de 71 veces, mientras que Dow Chemical aumentó a una valoración de 241.


Estas acciones claramente estaban en una burbuja, y posteriormente cayeron precipitosamente de vuelta a la tierra. En un análisis, la revista Forbes escribió en 1977: "La ‘falsa ilusión’ era que estas empresas eran tan buenas que no importaba lo que se pagara por ellas; su inexorable crecimiento te rescataría". Pero, ¿qué significa esto para los pobres diablos que compraron estas acciones a los megaprecios del año 1972? El estudio del profesor Siegel demostró que, si ellos se hubieran aferrado a las acciones unos 30 años, estos aparentemente enloquecidos inversores hubieran superado a la mayoría del mercado de valores estadounidense más amplio.


El inversor alcista que compró Coca–Cola a un precio de 46 veces las ganancias en 1972 hubiera obtenido un rendimiento anual del 17,2% hasta 1996, cuando se publicó el estudio del profesor Siegel, y le hubiera ido muy bien desde entonces. El tonto que compró las acciones de Disney a una relación precio–ganancias de 71 veces ese año hubiera obtenido un rendimiento anual del 11,7%.


El profesor Siegel demuestra que si un inversor hubiera comprado y mantenido todas las acciones de las Nifty Fifty en 1972 a esa enorme valoración, con todos sus éxitos y sus fracasos, todavía hubiera obtenido un rendimiento anual del 12,7%, en comparación con el 12,9% del S&P 500 durante el período.


La moraleja de esta historia no es que se deban comprar todas las acciones a cualquier precio. Más bien, es que una compra a largo plazo de acciones de una sólida empresa, a un precio razonable, debiera servir de recompensa a los inversores. Puede que sea impopular decirlo, pero una gran cantidad de excelentes empresas siguen siendo cotizadas a precios que no indican la existencia de una burbuja.