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La destitución de Rousseff no pone fin a los problemas de Brasil

El impeachment puede servir para frenar la parálisis política del país. Pero su sucesor deberá afrontar muchas dificultades, aunque opte por medidas "promercado"

La destitución de Rousseff no pone fin a los problemas de Brasil

Brasil está en plena crisis política, mientras la cámara baja de su Congreso prepara la votación del domingo que definirá si se sigue adelante con el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff. ¿Podrá la economía más grande de Latinoamérica conciliar su significativas diferencias políticas tras un juicio político enfrentar su profunda recesión, o el proceso provocará más inestabilidad o incluso caos?

¿Qué implica el impeachment?
La mandataria de Brasil, según la constitución, puede ser destituido por un "delito de responsabilidad" que va desde actos que ponen en peligro la seguridad nacional hasta el incumplimiento de leyes presupuestarias.
Ésta es la primera vez que Brasil inicia un juicio político a un presidente desde Fernando Collor de Mello en 1992.

¿Qué llevó a esta situación?
La oposición acusó a Rousseff de ocultar el déficit presupuestario de Brasil subiendo ilegalmente las deudas con bancos estatales. Ella niega que eso sea un delito y asegura que la anterior administración hizo lo mismo. Pero su explicación fue rechazada por el tribunal que analiza los presupuestos del gobierno federal. Según el diario Folha de S.Paulo, en el período 2001-2008, antes de que Rousseff asumiera la presidencia, esas deudas relacionadas con el presupuesto representaban 0,4% de la recaudación del gobierno. Eso subió a 5,1% en 2014, el año en que Rousseff fue reelecta mientras negaba que el país enfrentaba dificultades económicas. El pedido de impeachment se hizo en diciembre y fue presentado por el líder de la cámara baja.

¿De qué se trata?
Si bien las violaciones presupuestarias son serias, la decisión de destituirla es esencialmente política –un voto de desconfianza. Rousseff se convirtió en uno de los líderes más impopulares de la historia democrática de Brasil por estar frente a la peor recesión que vive el país en un siglo y por el enorme escándalo de corrupción en Petrobras, la petrolera estatal. Las investigaciones siguen derivando en acusaciones de que políticos colaboraron con ex directores y contratistas de Petrobras para cobrar coimas y retornos. Rousseff no está acusada de ningún delito pero era presidenta de la petrolera cuando se produjo gran parte de esas prácticas ilícitas.

¿Quién está detrás de esa movida?
La medida está siendo impulsada por ex socios de la coalición de Rousseff que pertenecen al partido de centro PMDB, encabezado por el vicepresidente Michel Temer, el principal partido de la oposición a cuyo líder Aécio Neves, ella derrotó en las elecciones presidenciales de 2014. Muchos políticos de PMDB están implicados en el escándalo de Petrobras –los analistas especulan con que algunos suponen que un nuevo gobierno los protegería mejor de las investigaciones. Si bien es difícil pronosticar el resultado de la votación del domingo en el Congreso, la oposición en privado cree que puede conseguir los 342 votos necesarios para ganarla. Se cree que el Senado apoyará el impeachment si es aprobado en la cámara baja.

¿Por qué es diferente a 1992?
Frente al juicio político por corrupción, Collor renunció después de sólo dos años. La diferencia es que él no contaba con el apoyo de un partido político importante. Rousseff, que tilda el pedido de juicio político como un golpe de estado, recibe el apoyo del poderoso PT y de sus militantes de los sindicatos y organizaciones sociales de Brasil. Si, tal como algunos creen probable, ella y su partido se niegan a aceptar el resultado del proceso de impeachment, Brasil entrará en terreno desconocido.

¿Cómo afecta todo esto a los votantes brasileños?
Las encuestas de opinión señalan que los votantes apoyan una destitución o renuncia de Rousseff –un estudio de Datafolha señala que el 61% respalda un impeachment. Lo que es preoupante es que el mismo sondeo señala que el 58% está a favor de un juicio político a su probable sucesor, el vicepresidente Temer.

¿Los mercados deberían preocuparse?
El real brasileño y el principal índice de acciones del país registraron subas porque hay esperanzas de que se concrete el impeachment y llegue el fin de la paralización política del país. Pero el resultado del proceso sigue siendo incierto. Rousseff podría todavía sobrevivir, lo que hundiría al país en un estancamiento de políticas durante dos años. Si fuera destituida, Temer prometió aplicar medidas más pro mercado. Pero tendría problemas para controlar una coalición inmanejable y enfrentaría a la enojada oposición del PT. También el mandato de Temer podría ser corto si en una causa paralela se determina que su campaña electoral de 2014 –en la que fue compañero de fórmula de Rousseff– fue financiada con dinero de la corrupción.

Lejos de poner fin a los problemas de Brasil, el impeachment podría ser sólo el comienzo.