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La crisis política y económica de México abren la puerta al populismo de izquierda

El candidato de la agrupación MORENA se aprovecha de la desorientación de los partidos tradicionales y la debilidad del presidente Enrique Peña Nieto

Andrés Manuel López Obrador (AMLO)

Andrés Manuel López Obrador (AMLO)

A Donald Trump le funcionó decir lo que los votantes querían escuchar. Y conforme se acercan las elecciones de 2017 en México, otro candidato populista en contra de la clase dirigente está buscando seguir el ejemplo del presidente electo de EE.UU.

Al igual que Trump, Andrés Manuel López Obrador es una figura tanto amada como odiada, quien promueve un mensaje que resuena con los ciudadanos desfavorecidos e iracundos.

En el caso de AMLO, como es conocido el inconformista de izquierda, ese mensaje incluye: promesas para acabar con la corrupción, eliminar la "mafia del poder", proporcionar mejores pensiones de jubilación a las personas mayores, recortar los salarios inflados de los funcionarios gubernamentales, crear empleos e implementar un amplio programa de infraestructura. Él ha prometido traer un "verdadero cambio" a México.

Muchos votantes ya lo han escuchado antes. Éste es el tercer intento de López Obrador para ganar la presidencia. Él perdió la elección por unos cuantos votos en 2006 en contra de Felipe Calderón, el candidato conservador; una elección que según AMLO fue robada.

En 2012, López Obrador perdió por un estrecho margen en contra del presidente Enrique Peña Nieto. Ahora con 63 años de edad, avanzó mucho desde la ocupación de varios meses que él organizó en el Centro de la Ciudad de México como protesta en contra del resultado de la elección de 2006. El bajo índice de aprobación de Peña Nieto, alimentado por los escándalos de corrupción, una economía en declive y creciente inseguridad junto con la desorganización de la oposición, mejoró la posición de López Obrador.

Peña Nieto inició su mandato en 2012 como un reformista con una visión audaz para reencaminar a México. Pero la desaparición de 43 estudiantes en manos de la policía corrupta, su altamente criticada recepción de Trump en México, una economía en desaceleración y la creciente inflación convencieron a muchos que se convirtió en un "pato rengo", justo cuando México está enfrentando una crisis.

La incertidumbre acerca de los planes de Trump para el Tratado de Libre Comercio, su política con respecto a los inmigrantes y su promesa de construir un muro en la frontera sacudió a los inversores, pero López Obrador predicó la calma, aseverando que México es una nación soberana y que "no hay nada que temer. Vamos adelante".

López Obrador -quien afirma que Fidel Castro es un gigante del calibre de Nelson Mandela- es un prospecto aterrador para los grupos dirigentes políticos y empresariales debido a su oposición a las reformas estructurales que implementó Peña Nieto.

Pero al igual que Trump logró desafiar los pronósticos, sus posibilidades ya no parecen imposibles.

El año entrante será crucial. El oficialista PRI seguramente esperará hasta que se lleve a cabo la elección clave para gobernador del Estado de México, el bastión del presidente, en junio antes de elegir un candidato. El partido de oposición de Acción Nacional aún no ha decidido si su líder Ricardo Anaya o Margarita Zavala, la esposa de Calderón, debe ser su candidato. López Obrador -quién sufrió un ataque cardíaco hace tres años- aprovechó la indecisión de los dos partidos principales divulgando su mensaje mientras viaja a través del país.

Una encuesta de diciembre mostró que 29% lo votaría, contra el 26% que nombró a la primera dama.
Para ganar, él necesita seguir los pasos de otros candidatos de izquierda que han ganado. Necesita moderar su retórica radical y atraer a los centristas.

Obrador comenzó a hacerlo, prometiendo respetar la independencia del Banco de México y someter el futuro de las reformas energéticas, tributarias y laborales a un referéndum. Pero muchos no están convencidos.