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La crisis en Brasil deja nuevas lecciones para América Latina

Los años de crecimiento económico ocultaron muchos de los problemas de fondo que ahora salen a flote en la lucha por el poder desatada en el gigante sudamericano

La crisis en Brasil deja nuevas lecciones para América Latina

Con el cada vez más probable impeachment a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, mucho se escribe sobre lo que significa para su propio país. Pero menos sobre las implicancias para América Latina en general. Aunque el derrumbe de Brasil, que de ser un ícono de los BRIC pasó a ser un país devastado, en gran medida es el resultado de su propia marca de mala gestión económica, el cambio político de izquierda a derecha encaja perfectamente en la tendencia regional.

Al mismo tiempo que Rousseff y su Partido de los Trabajadores pierde popularidad y credibilidad, Argentina abandonó más de una década de kirchnerismo al elegir a Mauricio Macri como su presidente en noviembre. El mes siguiente, la oposición venezolana obtuvo una aplastante victoria parlamentaria contra el gobierno socialista de Nicolás Maduro. Y en febrero, el presidente de Bolivia, Evo Morales, perdió un referéndum que le hubiera permitido la candidatura para un cuarto mandato.

Y aún hay más, pues los peruanos se preparan para elegir un gobierno de centro-derecha en abril y es probable que ocurra un cambio similar en las elecciones presidenciales de Ecuador en enero de 2017. Mientras tanto, en Venezuela crece la posibilidad de un cambio de gobierno, mientras la oposición pasa de consolidar su control del congreso a lanzar un referéndum revocatorio para reducir el mandato de Maduro. Si se desmorona el gobierno de Rousseff, podría terminar el apoyo de uno de los pocos aliados que le quedan a Venezuela, lo cual aislaría más al régimen de Caracas.

La crisis política brasileña deje otra lección menos positiva: la perpetua debilidad de las instituciones latinoamericanas. Aunque Rousseff está siendo técnicamente acusada de manipular las cuentas del gobierno, la fuente verdadera de sus problemas es la enorme investigación Lava Jato de la corrupción en Petrobras, la compañía petrolera nacional.

Inicialmente, el empuje con el que el poder judicial de Brasil se dedicó a la investigación de corrupción fue muy bien recibido, tanto a nivel local como internacional. Por ejemplo, el proceso provocó comentarios positivos en los medios mexicanos, que lo compararon con el lamentable desempeño de sus propios tribunales.

Sin embargo, gradualmente la investigación parece haberse salido de control y la independencia de los jueces se está enturbiando. Algunos tribunales inferiores parecen dispuestos a vengarse de Rousseff y su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva. La Corte Suprema, por el contrario, parece favorecer al gobierno.

Todo esto sugiere que la década de prosperidad impulsada por el auge de las materias primas le permitió a Brasil ocultar problemas en su marco político y legal en lugar de construir instituciones más fuertes durante los años de bonanza.

La desequilibrada forma en que los tribunales de Perú les han prohibido a algunos candidatos participar en las próximas elecciones presidenciales, mientras les han permitido participar a otros acusados de los mismos delitos, es una señal de advertencia.

Aunque los tiempos de auge económico no necesariamente contribuyen a las buenas políticas, las malas políticas generalmente van de la mano de una economía floja. Es cierto que Brasil y Venezuela necesitarán resolver sus crisis políticas antes de poder enfrentar sus problemas económicos. En Brasil el problema es que una votación a favor del impeachment puede llevar a simplemente otro gobierno igualmente inestable, con una administración encabezada por el vicepresidente Michel Temer, que también está perseguido por acusaciones de corrupción y dudas sobre su legitimidad, por lo que no podría aprobar las necesarias reformas fiscales.

También en Venezuela el presidente se aferra al poder con todas sus fuerzas, y está cada vez menos claro si la oposición puede reunir las firmas necesarias para organizar el referéndum que desea, antes de que se produzca una explosión social.

Para los inversores, ésto demuestra que lo más importante es determinar el momento oportuno. Los mercados últimamente han negociado a Brasil de forma binaria; cualquier suceso que sugiere un aumento de las posibilidades de un juicio político provoca un repunte de la moneda y de las acciones y viceversa. Teniendo en cuenta los impresionantes logros de la administración Macri en sus primeros 100 días, quizás tengan razón ... finalmente.

Pero las transiciones, incluso las pacíficas, son desordenadas y toman tiempo: Es probable que la economía argentina se contraiga este año antes de que el nuevo gobierno produzca un cambio. En Brasil y Venezuela, aunque ocurra un cambio político mañana, a sus economías les tomará mucho tiempo recuperar el equilibrio. Se recomienda precaución.