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La caída de los bonos y las acciones todavía no es motivo de preocupación

Los bonos entran en un mercado bajista no porque el crecimiento económico nominal a largo plazo sea probablemente alto, sino porque estaban muy sobrecomprados

La caída de los bonos y las acciones todavía no es motivo de preocupación

Bajo circunstancias normales, no sorprendería un alza en los rendimientos de bonos acompañada de crecimiento económico sólido. Pero la economía global y los mercados financieros se han comportado tan anormalmente por tanto tiempo que los movimientos de los últimos días exigen un análisis cuidadoso, especialmente dado que las caídas de los mercados de renta fija están acompañadas de abruptas bajas de los precios de las acciones.

El escenario negativo es que, en un mundo donde la inflación se mantuvo obstinadamente baja, los bonos están entrando en un mercado bajista no porque el crecimiento económico nominal a largo plazo probablemente sea alto sino porque estaban fuertemente sobrecomprados y ahora están experimentando una seria corrección. De hecho, si los movimientos en los mercados de bonos están ligados al esperado repliegue de la flexibilización cuantitativa en la mayor parte del mundo desarrollado, simplemente podría ser que todo este tiempo los mercados estuvieron en un máximo artificial.

Definitivamente, la constante ausencia de señales de presión inflacionaria sostenida, junto con pocos cambios en las expectativas de que la Fed a mediano plazo subiría las tasas de interés, debería dar qué pensar. Pero los movimientos en los mercados financieros hasta ahora no son dramáticos. Es más probable que las caídas de los precios de los bonos sean un reflejo de que los inversores creen que hay menos probabilidades de que se produzca una deflación desestabilizante. Como tal, eso es positivo.

Las aumentos de los rendimientos de los bonos, en particular en EE.UU., están en marcha hace más de cinco meses: el rendimiento de los bonos del Tesoro a dos años subió cerca de un punto porcentual desde septiembre. Pero en alrededor de sólo 2,2% en los últimos días, esos rendimientos siguen a menos de la mitad de los niveles anteriores a la crisis financiera global.

Es cierto que es algo desconcertante que durante la mayor parte del aumento de los rendimientos, hubo preciosas señales de que el robusto crecimiento económico en EE.UU. o en otros lugares del mundo desarrollado ejerce presión sobre las restricciones de la oferta y crea con rapidez mayor inflación. Tampoco hay que esperar que la tasa de la Fed suba abruptamente en el mediano plazo. Pero el bajo nivel de los rendimientos de los bonos durante la década desde la crisis financiera global sin duda reflejó una oportunidad nada insignificante de que las economías avanzadas entren en una deflación corrosiva. La expansión se mantuvo durante años en EE.UU. y en la eurozona; y la inflación, si no está en su meta, al menos fue constantemente positiva. El panorama a largo plazo para el crecimiento tendencial podría no ser espectacular. Pero el temor a que se quiebre el modelo entero y a que las economías inevitablemente se deslicen hacia el estancamiento y la deflación cedió considerablemente. No sorprende que en consecuencia los rendimientos de los bonos suban.

En cuanto a las acciones, trazar conexiones entre los movimientos de corto plazo en el mercado de valores y la economía subyacente es aún más peligroso que en el caso de los bonos. Los precios de los papeles en los mercados desarrollados han registrado subas en los últimos años.

No sorprende que en algún momento debiera producirse una corrección y que llegará junto con las tasas de interés a largo plazo más elevadas. En este escenario no hay que entrar en pánico frente a los movimientos de los mercados financieros.

La economía global está en un período de crecimiento generalizado, no hay señales de que la inflación se esté descontrolando y que los bancos centrales tengan que endurecer la política monetaria de repente. También hay pocas evidencias de que los mercados estén alborotados. Si bien ese riesgo existe, los movimientos de precios hasta ahora son coherentes con un mundo que avanza poco a poco hacia cierto tipo de normalidad.

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