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La banca privada suiza inicia su expansión internacional

La cantidad de entidades disminuyó con las nuevas regulaciones. Los grandes bancos iniciaron el desembarco en mercados emergentes

La banca privada suiza inicia su expansión internacional

Cuando el presidente norteamericano Barack Obama argumentó por qué el FBI debía tener acceso a los teléfonos Apple encriptados, advirtió que si no se lo concedían, todos estarían "caminando con una cuenta bancaria suiza en su bolsillo".

Sin embargo, debido a las drásticas medidas globales contra la evasión fiscal, encabezadas por las autoridades norteamericanas, las cuentas suizas ya no son un lugar fácil para esconder dinero mal habido. De eso se desprende la siguiente pregunta: sin su famosa reputación de confidencialidad, ¿qué sentido tiene tener una cuenta bancaria en Suiza?

La respuesta en la elegante Bahnhofstrasse en Zurich o en Rue du Rhône de Ginebra, no es nada clara.
La banca privada suiza está en el medio de un cataclismo histórico, golpeada por los turbulentos mercados financieros globales y por el derrumbe de la demanda a raíz de la "regularización" impositiva.

La cantidad de entidades de banca privada disminuye a medida que los crecientes costos regulatorios se comen los márgenes de ganancias de las que siguen operando. Pero los incondicionales de la industria se niegan a retroceder. Por el contrario, están iniciando un plan de expansión en los mercados emergentes –haciendo énfasis en otras fortalezas que ellas dicen les garantizará el continuo dominio global.

"La banca privada se inventó en Suiza," dijo Boris Collardi, CEO de Julius Baer, invocando una historia que data del Siglo XV. "Éste es un lugar donde uno deja su dinero... una isla en el mundo con estabilidad"
El banco de Collardi administra activos de clientes por u$s 308 millones, 75% más que hace cinco años. Su crecimiento se produce en medio de un retroceso del sector en general: hoy hay sólo 150 instituciones suizas de banca privada, comparado con las 350 de 1995.

"Los acuerdos que firmó Suiza desde 2009 sobre intercambio de información bancaria han cambiado las reglas del juego", dijo Jürg Zeltner, director de gestión de riqueza en UBS, el líder del mercado mundial. Desde que pagó una multa por u$s 780 millones para arreglar con las autoridades norteamericanas en 2009, UBS se aseguró que su negocio global "promoviera la transparencia en cuestiones fiscales e impositivas", una decisión que según Zeltner le costó al banco perder activos de clientes por más de 30.000 millones de francos suizos.

Sin embargo, la sombra de los viejos hábitos permanece. Cuando la filtración de los Panama Papers hace poco reveló detalles sobre el extendido uso de cuentas offshore para proteger la riqueza de los súper ricos del pago de impuestos, se supo que tres bancos suizos se encuentran entre las diez entidades que crearon tales estructuras. "La hipótesis que se plantea es que si uno esconde algo, es porque es ilegal", explicó Collardi. "Es no es necesariamente cierto. Para la mayoría de la gente, es protección de la privacidad, planificación sucesoria y patrimonial.

Los bancos suizos creen que todavía brindan servicios que la competencia no puede ofrecer. Sus oficiales hablan más idiomas, operan cuentas en más monedas, y emiten una mayor variedad de declaraciones de impuestos nacionales, aseguró Tobias Unger, director de operaciones de Falcon, una institución mediana de banca privada suiza. Según él, los bancos suizos todavía protegen mejor a sus clientes de los ojos curiosos.
Suiza sigue siendo el mayor centro mundial de fondos offshore, y los bancos del país alpino se convirtieron en fuerzas dominantes. Tres bancos suizos –Credit Suisse, UBS y Julius Baer– se encuentran entre los cinco mayores gestores de riqueza de Asia.

La expansión internacional, especialmente en Asia, es prioritaria para esos tres bancos. Otras entidades están apuntando a Rusia, Africa y Emiratos.