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La banca de inversión celebra el retorno de las grandes fusiones

El sector sufre una fuerte desaceleración y los bancos boutiques son los más afectados porque dependen casi exclusivamente de las fusiones para generar ingresos

Monsanto fue adquirida por Bayer, operación de u$s 66.000 millones

Monsanto fue adquirida por Bayer, operación de u$s 66.000 millones

A ambos lados del Atlántico deben haberse descorchado varias botellas de champaña después de que se supo que Bayer cerró la adquisición de Monsanto por u$s 66.000 millones. Se trata de la operación más grande en lo que va de este año. Deben estar particularmente contentos los oficiales de banca de inversión que trabajan con ambas compañías, que venían castigados por la pronunciada desaceleración de la actividad en el sector.

Después de un prolongado auge de las fusiones y adquisiciones, donde los volúmenes globales casi se duplicaron entre 2010 y 2015 a u$s 5 billones, los ingresos por comisiones por asesoramiento cayeron 15% en la primera mitad de este año comparado con 2015.

Las fusiones y adquisiciones son altamente sensibles al mercado en general; y los inversores pesimistas sostienen que el alza de las tasas de interés y la incertidumbre política dañarán la actividad.
Quienes buscaron aprovechar la decepción de los generadores de negocios sólo tuvieron una recompensa parcial. Las acciones de Goldman Sachs bajaron 7% desde enero, mientras que el capital accionario de Morgan Stanley no registró cambios.

La clave para quienes apuestan a una desaceleración en los ingresos de la banca de inversión está en localizar los bancos cotizantes más expuestos a los menores volumen de fusiones y adquisiciones, como los bancos boutique más chicos cuya rentabilidad depende casi exclusivamente del flujo de ingresos provenientes de las fusiones.

Esas boutiques, que incluyen Evercore, Moelis y Greenhill, retienen y recompensan a sus oficiales de banca pagándoles premios mayormente en acciones, lo que significa que la estabilidad de sus negocios está íntimamente ligada a los precios de las acciones. Greenhill parece particularmente vulnerable a la peligrosa trayectoria que provocó la menor actividad. Durante los cinco años de auge en los volúmenes de acuerdos, los ingresos de Greenhill se mantuvieron en los mismos niveles, lo que indica que no logró crecer en participación de mercado cuando los tiempos eran favorables. Invirtió cerca de u$s 250 millones en recompras de acciones entre 2011 y 2015, pero el total de sus acciones subió durante ese período debido a la gran cantidad de capital emitido para el staff.

Con el derrumbe de la actividad de fusiones y adquisiciones, las acciones de Greenhill retrocedieron, lo que significa que el valor de esos bonus disminuyó. Para retener a sus personal tendrá que emitir aún más acciones, lo que sigue diluyendo a los accionistas. Pero si los volúmenes de fusiones y adquisiciones bajan, carecerán de ingresos que equilibren eso mediante la recompra de papeles. Si Bayer-Monsanto se convierte en el fin del auge de acuerdos, algunas boutiques quizás que den encerradas en un desafortunado círculo vicioso.

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