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La baja popularidad de Trump oculta una sólida base de seguidores

Fuera de su partido su índice de aprobación es muy inferior a la de otros presidentes, pero entre los republicanos está dentro de los niveles normales, según Gallup

La baja popularidad de Trump oculta una sólida base de seguidores

Donald Trump asumió siendo el presidente menos popular desde los años 40, década en la que Gallup empezó a hacer las encuestas. Pero su nivel de aceptación tan bajo es sólo parte de la historia.

El último índice de popularidad de Trump informado por Gallup es de 88% entre los republicanos, nivel históricamente normal e incluso mejor para un presidente dentro de su partido. Aún después de un caótico primer mes caracterizado por las protestas, los cambios gabinete, los supuestos contactos con Rusia y la tremenda prohibición de viaje, hay una base de adultos norteamericanos que siguen aprobando las medidas que toma su presidente.

Trump mantiene su popularidad entre los grupos que lo respaldaron fuertemente en las elecciones. Lo han votado cerca de cuatro de cada cinco evangélicos blancos, al igual que dos terceras partes de los blancos sin estudios terciarios, según las bocas de urna. Una encuesta de Fox News indica que las mismas proporciones de esos grupos lo siguen apoyando, si bien otros sondeos encuentran cifras levemente inferiores.

Incluso entre los electorados de su partido, su popularidad es mejor a la que tenían Ronald Reagan y George W. Bush, o el demócrata Bill Clinton en las encuestas de febrero posterior a su asunción.

Pero los índices de aprobación generales de Trump siguen siendo inferiores a los que tenían todos los anteriores presidentes en esta etapa del mandato, al menos desde 1945. La principal diferencia es que su popularidad entre los no republicanos es muy inferior a la de otros presidentes. Una cantidad menor de independientes –un creciente grupo de votantes norteamericanos– aprueba el desempeño de Trump. El apoyo que recibe entre los demócratas se hundió a 7%. Barack Obama y George W. Bush llegaron a ese nivel, pero llevaban en el cargo al menos un año. Para Trump, el índice de aprobación de un único dígito entre la oposición ha sido casi inmediato, y la brecha entre cómo los republicanos y los demócratas lo ven es de casi 80 puntos porcentuales.

Esa diferencia forma parte de una tendencia creciente. No hace mucho, la diferencia entre cuántos republicanos y demócratas aprobaban a un presidente se mantenía entre 30 o 40 puntos porcentuales. En otras palabras, cuando era presidente un demócrata, los seguidores de su partido lo aprobaban entre 30 y 40 puntos porcentuales más que los republicanos. Esa brecha partidaria creció a cerca de 80 puntos en el curso de las recientes administraciones. En momentos de las administraciones Bush y Obama, la diferencia de popularidad creció a cerca de 80 puntos. Y es ahí donde se mantiene para Trump. Todo eso muestra el abismo que existe entre los dos principales partidos políticos.

Además, la ideología de los partidos también se está diferenciando. Entre 1994 y 2015, los demócratas consultados tenían opiniones liberales más constantes, mientras que los republicanos se volvieron más conservadores, según una encuesta elaborada por Pew Research Center, que no se identifica con ningún partido. Los miembros de un partido también están viendo al otro partido con creciente animosidad. En 1994, 16% de los demócratas y 17% de los republicanos tenían ideas negativas sobre el partido opositor, según Pew. En 2015, esos números habían subido a 38% y 43%, respectivamente.

Parte de la división entre derecha e izquierda proviene de dónde obtienen la información los norteamericanos. Casi nueve de cada diez conservadores consultados dijeron a Pew que confiaban en Fox News, mientras que sólo 6% de los liberales dijeron lo mismo. Esta brecha en la información se traduce en diferencias tangibles en las opiniones de los votantes. A principios de febrero, el asesor de Trump Kellyanne Conway equivocadamente dijo que los refugiados iraquíes habían perpetrado "la masacre de Bowling Green". No hubo ninguna masacre de Bowling Green, un hecho que reportaron muchos medios informativos. Sin embargo, la mayoría de los votantes dijeron a los encuestadores que la masacre que nunca existió explicaba la necesidad de EE.UU. de emitir el decreto sobre la inmigración.