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La actual agitación de los mercados guarda similitudes con la de 2007

No tendremos una serie de desastres como los de la crisis crediticia hace 11 años. En general, la solidez de la economía y del sistema financiero de EE.UU. ahora son superiores

La actual agitación de los mercados guarda similitudes con la de 2007

Odio admitirlo, pero creo que he encontrado un buen paralelismo histórico para lo que está sucediendo en los mercados. Y lo veo con la primavera y el verano (boreales) de 2007, en vísperas de la crisis crediticia. No me gusta nada aceptar eso porque no quiero que me acusen de alarmista, pero éstos son los puntos salientes.

En aquel entonces, como ahora, los rendimientos de los bonos subieron de manera constante durante un tiempo, y las acciones registraron alzas. En ese momento, los rendimientos alcanzaron un nivel mayor, lo que se consideró como una señal del fin de su constante tendencia a la baja que había persistido desde que Paul Volcker controló la inflación, 5% allá en 2007, y 2,7% en este momento. En aquella ocasión, las acciones finalmente empezaron a prestar atención.

Parece que tenemos un precedente en el que las acciones se mueven brevemente en dirección opuesta a los rendimientos de los bonos (como sucedió la semana pasada), y luego mutan al clásico modo risk-off, en el que la percepción generalizada del riesgo es alta y los inversores se alejan de las acciones en busca del refugio de los bonos. El temor y la sensación de riesgo puede haberse originado en el mercado de bonos, pero la dirección final del flujo es hacia los bonos como lugar seguro.

Las operaciones bursátiles de la semana pasada, y de la primavera boreal de 2007, fueron reflation-on, la creencia de que el crecimiento iba a desencadenar inflación. Pero luego el lunes, y durante gran parte del verano boreal de 2007, nos pasamos al modo risk-off, cuando los inversores vendieron todo lo que conllevaba relativo riesgo y huyeron hacia cualquier cosa relativamente segura (es decir, bonos). Ese período de 2007 incluyó el abrupto derrumbe de muchos índices de crédito, el cierre de dos hedge funds de crédito de Bear Stearns, el "día que el mundo cambió" en la eurozona cuando el Banco Central Europeo respondió al congelamiento de los fondos de money market dictado por BNP Paribas, y la primera retracción del crédito en EE.UU.. El analista financiero Jim Cramer dijo "tenemos un Armagedón" en los mercados de renta fija durante una entrevista en CNBC, y la Reserva Federal abrió la ventaja de descuento para aliviar la presión sobre el crédito.

No estoy prediciendo que ahora veremos una estela de desastres como ésa. La fortaleza subyacente de la economía, y del sistema financiero, es en general superior. Pero en aquel entonces, como ahora, las tasas más altas forzaron a que mucha gente analizara cuidadosamente las posiciones que habían asumido, y a muchos no les gustó lo que vieron. Las tasas elevadas también estropearon completamente muchas piezas brillantes de la ingeniería financiera que había florecido durante la "Gran Moderación" de baja volatilidad que precedió al estallido de la crisis.

El paralelismo con lo que está sucediendo con las notas negociables, que permiten a los inversores apostar a la volatilidad baja, es muy evidente. El solo resurgimiento de la posibilidad de inflación volvió a despertar los nervios y estropeó la ingeniería financiera sobre la cual estaban basadas.

Las razones subyacentes para el optimismo sobre los precios de los activos no desaparecieron. La recesión parece estar mucho más lejos ahora que a principios de 2007 (cuando la curva de rendimiento se había recién invertido); las compañías están generando fuertes ganancias.

El tema que está por verse es si la red de productos financieros que surgieron en esta ocasión termina teniendo una estructura tan precaria como la ingeniería financiera que terminó fracasando tan espectacularmente en 2007. La historia sugiere que estamos por descubrirlo.

Voto de confianza

Cualquier buen director técnico de fútbol vive aterrorizado de perder el voto de confianza del presidente de la comisión directiva del club, órgano que cuando siente necesario salir a respaldar a su hombre, en general no falta mucho para que lo despidan.

Eso se aplica también a las economías nacionales. El voto de confianza más desastroso a la economía norteamericana provino de John McCain, entonces candidato republicano a la presidencia, el día que Lehman Brothers quebró en 2008. "Los fundamentals de nuestra economía todavía son sólidos", dijo en esa oportunidad.

Visto en contexto, McCain no tenía grandes ilusiones. Al referirse al día negro para los mercados, simplemente se condujo con responsabilidad como candidato presidencial y trató de transmitir tranquilidad. Su opositor Barack Obama aprovechó el comentario y, por supuesto, finalmente los fundamentals no eran sólidos.

El punto es que generalmente, si un alto político necesita decir eso implica que hay una gran razón para preocuparse. El lunes, la Casa Blanca declaró: "Miren, los mercados fluctúan en el corto plazo. Todos sabemos eso. Y ocurre por una serie de motivos. Pero los fundamentals de esta economía son muy sólidos y se dirigen en la dirección correcta para la clase media, en particular".

Esa declaración llegó a las 13 horas de la costa Este, justo antes de que las ventas en el mercado de acciones se aceleraran para convertirse en una rotunda fuga. De ninguna manera la actual coyuntura debería alarmar tanto como la situación en septiembre de 2008, cuando un importante banco de inversión había recién quebrado y hacía más de un año que los mercados de crédito estaban en crisis. Pero el voto de confianza sí ofrece motivos para preocuparse por los mercados de acciones. Con fuerte sustento proveniente del crecimiento de las utilidades, y sin un gran riesgo de recesión a la vista, éste no debería ser momento para alarmarse, pero el mercado de acciones se convirtió en un gran símbolo de éxito, alentado por la administración en un clima político que crea divisiones.

Donald Trump convenció a la población de que el alza del mercado de acciones representa una validación de su joven presidencia, y un logro significativo totalmente suyo. La administración está paralizada y tiene que dar excusas ahora que desaparecieron todas las ganancias que acumuló el mercado este año. Esto demuestra que haberse atribuido el mérito de la solidez del mercado de acciones siempre fue una mala manera de hacer política.

El corolario de atribuirse el mérito de un alza del mercado de acciones es que siempre conlleva el riesgo de asumir la culpa si se produce un derrumbe.

Pero esto parece peor. Por haber exagerado la importancia del mercado de valores, ahora tenemos la necesidad del voto de confianza del presidente, en un momento en que debería ser evidente que los fundamentals económicos de EE.UU. son sólidos. Eso sólo sirve para intensificar los nervios entre los muchos inversores minoristas que acaban de entrar al mercado.

La venta generalizada del lunes en el mercado de acciones fue un horrible accidente técnico originado en los productos y las prácticas que son muy anteriores a esta administración. Este lunes negro no necesariamente es culpa del presidente. Pero al haber avivado los espíritus animales, ahora existe un gran riesgo de que presidente sea el responsable de que mucha más gente esté sufriendo mayores pérdidas de lo que era necesario. Sea o no responsabilidad de Trump el alza del mercado de valores (y la suba desde el otoño boreal pasado tuvo mucho que ver con su recorte de impuestos), esta liquidación ahora es en gran medida su culpa.