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La Corte británica falló a favor de la democracia

El parlamento británico vuelve al lugar donde debería estar: en el corazón de un gran debate sobre el futuro de la nación. En el fallo constitucional más significativo para una generación, la Corte Suprema adoptó la decisión, por 8 votos a favor y 3 en contra, que la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores deben aprobar la activación del proceso del Articulo 50 para salir de la Unión Europea. En resumen, la primera ministra Theresa May no tiene autoridad para iniciar el Brexit sin el consentimiento de los miembros del parlamento.

Una mayoría de británicos votó a favor de abandonar la Unión Europea en el referéndum del año pasado, un resultado que debe ser respetado. Si el parlamento utiliza sus poderes confirmados por el alto tribunal para frustrar el proceso _por ejemplo postergando la notificación del Artículo 50 más allá de marzo, la fecha tope que fijó May_ podría debilitar la confianza en las instituciones británicas. Los parlamentarios deben, por lo tanto, encontrar un equilibrio entre darle al gobierno rienda libre y frustrar el deseo del electorado.

El gobierno actuó en forma imprudente cuando apeló la derrota sobre este tema que sufrió el año pasado en un tribunal inferior, pero ahora sabiamente aceptó el fallo.

David Davis, secretario del Brexit, aseguró que la legislación del Artículo 50 será presentada ante el parlamento "en unos días" y que va a ser "la ley más clara posible". La Cámara de los Comunes votaron abrumadoramente a favor del Brexit en diciembre, pero algunos miembros del parlamento se verán tentados a incluir enmiendas en el proyecto de ley para mantener un fuerte control sobre las negociaciones con la Unión Europea. Eso sería un error. El gobierno no puede negociar dentro de una camisa de fuerza legislativa.

Al mismo tiempo, el Reino Unido es una democracia parlamentaria y, por consiguiente, el parlamento debe hacer más que estampar un sello a las propuestas del gobierno. May aseguró que habrá amplias oportunidades de debatir, pero no ofreció detalles. Está la opción de un libro blanco sobre el enfoque del gobierno, lo que permitiría a los miembros del parlamento debatir estrategia y levantar las opiniones de sus electores. El parlamento podría también exigir que se vote el acuerdo que consiga el gobierno después de las negociaciones. El peligro en ese escenario es que el pacto llegue tarde, lo que obligaría al parlamento a aprobarlo frente a una salida "inminente" de la Unión Europea.

El principal denunciante en la causa del Artículo 50 fue un ardiente defensor de la Unión Europea. Si la intención del caso era evitar el Brexit, se decepcionarán. Sin embargo, sus acciones condujeron a una ruta más justa y legalmente sana hacia la salida de la Unión Europea. Éste es un triunfo del sistema judicial y de la Corte Suprema de Gran Bretaña, una institución relativamente nueva ahora establecida como el arbitro final del derecho británico.

Otra consecuencia no prevista de la causa fue la opinión del tribunal sobre la descentralización. Al determinar que los parlamentos descentralizados en Escocia, Gales e Irlanda del Norte no necesitan promulgar legislación sobre el Artículo 50, ha fortalecido al Parlamento de Westminster. Pero también aumentó las dudas sobre el futuro del Reino Unido, dado que no hay mayoría a favor del Brexit en dos de esas naciones.

El caso también ha estado marcado por desmedidas y demagógicas críticas al poder judicial, al que han descripto como "enemigo del pueblo" por cumplir con su función. Ese argumento choca tan groseramente con los hechos y con el derecho que sólo un gran cínico o un gran tonto puede expresarlo. Esto también tenía que ver con el debido proceso, tal como reconocieron los defensores del Brexit más moderados.

Mucha gente hizo campaña de buena fe para que Gran Bretaña abandone la Unión Europea y poder así revitalizar la soberanía parlamentaria y para que las decisiones importantes sobre el futuro del Reino Unido pudieran estar más cerca de los votantes británicos. Eso es lo que ha hecho el fallo de la Corte Suprema. A eso debería parecerse el Brexit.