HACE UNOS MESES QUE LOS PAPELES CHINOS RINDEN MENOS

Inversores enfrentan un escenario divergente en bonos a 10 años

Si bien todo está dado para que los retornos de la deuda de EE.UU. suban más, otras colocaciones globales de referencia tomaron un rumbo totalmente diferentes

Nada refleja el pulso del mercado como el aumento del rendimiento de las notas a diez años del Tesoro estadounidense, que llegó a 3% por primera vez en cuatro años.

Con la inyección de energía que recibió la economía vía reforma tributaria, el mercado laboral que se ajusta y el sustancial incremento del endeudamiento federal no sorprende para nada que los rendimientos del Tesoro estén subiendo.

Si bien todo está dado para que los rendimientos norteamericanos aumenten más, surgió una historia totalmente diferente entre los otros bonos globales de referencia. Los bonos a diez años de la eurozona y del Reino Unido se mantienen por debajo de sus picos alcanzados en febrero.

Genera más problema a la economía mundial y a las carteras de inversiones la manera en que cayeron notablemente los rendimientos de los bonos en China durante los últimos meses, lo que sugiere que esa economía empieza a sentir el mayor control de la liquidez por parte de las autoridades.

Y con el inicio de mayo, el reconfortante escenario de ciclo de crecimiento global sostenido y sincronizado tuvo un impacto negativo. Los bancos centrales de Suiza, Canadá, Reino Unido y Australia últimamente se han moderado y se muestran como halcones monetarios en cuanto al futuro.

Frente a datos globales fuera de EE.UU. que no están cumpliendo con las previsiones, alguien como Chris Watling de Longview Economics dijo: "habíamos sincronizado crecimiento y ahora el ciclo industrial global se da vuelta".

Si la reciente debilidad económica no es una pausa temporaria, muchos inversores enfrentan un duro verano boreal en el que tendrán que ajustarse a una nueva divergencia entre EE.UU. y los rivales globales. Las expectativas de dólar débil, la recuperación en la eurozona y el crecimiento sostenido en los mercados emergentes hace tiempo que dominan las carteras.

Es inminente el riesgo de una pronunciada reducción de las carteras porque el dólar sigue subiendo y crecen las dudas sobre las perspectivas para las compañías industriales y cíclicas, excluyendo energía, y las banderas rojas flamean con más fuerza en los mercados emergentes.

El índice de monedas de mercados emergentes de JPMorgan cayó 3,2% en abril, su peor pérdida mensual desde noviembre de 2016. Más allá del traumático mes para el rublo ruso como consecuencia de las sanciones provenientes de Estados Unidos, las monedas como las de Brasil, México y Sudáfrica también se vieron perjudicadas. En el caso de Turquía y Argentina, los bancos centrales se vieron forzados a subir las tasas de interés para sostener sus divisas.

El símbolo del optimismo por los mercados emergentes para este siglo probablemente haya sido la masiva demanda que tuvo la colocación del bono a 100 años que emitió Argentina en 2017. El precio de ese papel cayó a menos de 90 centavos.

El escenario global menos certero no impedirá que la Fed siga su actual rumbo de constante ajuste de su política monetaria. De hecho, existe el riesgo de que presione un poco más si el estímulo fiscal y los precios del petróleo más altos elevan las mediciones de inflación.

Para este año se vienen al menos dos y probablemente tres subas de tasas, mientras que la reducción del balance del banco central también tomará ritmo. A medida que se intensifica el endurecimiento cuantitativo de la Fed, la reducción de la liquidez del sistema financiero y la mayor solidez del dólar endurecerán las condiciones financieras.

Eso no ayudará a una economía global que parece haber llegado a su pico, ni hablar de aliviar las carteras mal posicionadas. En algún momento, y quizás antes de lo que muchos piensan, la posibilidad de que la Fed recurra al botón de pausa ganará terreno.

"Éste es un mundo que tiene demasiada deuda y, con un telón de fondo estructuralmente deflacionario, el endurecimiento no se puede llevar demasiado tiempo", dijo Watling, quien agregó que "a medida que lleguemos a 2019, creemos que la Fed hará una pausa porque hay grandes riesgos".

De hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hace poco hizo sonar las alarmas por la deuda global de u$s 164 billones, de lo cual la mitad está en manos de Estados Unidos, Japón y China.

Años de política monetaria agresiva y flexibilización cuantitativa sólo alentaron la toma de más deuda, y las compañías norteamericanas tuvieron un rol protagónico. Una preocupación es que las bajísimas tasas de interés en los principales países provocaron un auge de crédito en los mercados emergentes. Los préstamos con problemas de recupero en China y Europa son elevados, lo que plantea un gran riesgo para la estabilidad financiera.

"El desenlace de eso son balances generales públicos y privados más frágiles, que son vulnerables a un endurecimiento de las condiciones financieras", explicó Alberto Gallo de Algebris Investments. "Nuestro escenario más probable ahora es el de una Reserva Federal más partidaria de subir las tasas, lo que dañará la recuperación a través del endurecimiento global de las condiciones financieras, antes de que otros bancos centrales tengan tiempo para normalizar su política".

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