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Holanda celebra, pero el populismo avanza

Ultraderechista Wilders y liberal Rutte

Ultraderechista Wilders y liberal Rutte

El espíritu libre que siempre muestran los holandeses recibió virulentos ataques antes de las elecciones de esta semana, la primera prueba este año de la solidez de la insurgencia populista que arrasa toda Europa y amenaza el futuro de la Unión Europea (UE).

El resultado de los comicios es motivo de celebración: el extremista Geert Wilders tuvo un desempeño inferior a lo esperado. Por ahora, los holandeses detuvieron el empuje que tienen los populistas en Occidente, que comenzó en 2016 con el voto a favor del Brexit en Gran Bretaña y la victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos.

Al igual que otros políticos de extrema derecha, Wilders fusionó el sentimiento anti inmigración con el euroescepticismo y la hostilidad hacia la globalización. Hizo poco esfuerzo por esterilizar su mensaje. Sus posiciones en cuanto a la idea de detener la construcción de mezquitas y de prohibir directamente a los inmigrantes musulmanes fueron extremas incluso comparado con las opiniones de sus compañeros populistas.

Pese a que las encuestas de opinión preveían que su Partido por la Libertad surgiría como el más numeroso en el Parlamento, sólo obtuvo el 13% de los votos. Mientras que el Partido Popular de la Libertad y la Democracia (VVD), de centroderecha, del primer ministro en funciones Mark Rutte, obtuvo la victoria con 20%, y perdió menos bancas en el Parlamento de lo que se temía.

Además, la mayoría de los 24 partidos que compitieron en las elecciones apoya a la UE. Para los políticos pro-Europa su éxito implica un bienvenido respaldo en un momento en que Gran Bretaña se prepara para retirarse de la UE, y en que el avance del sentimiento anti establishment, personificado por Wilders, amenazaba con fracturar aún más el bloque.

Sin embargo, los holandeses no pueden sentirse totalmente aliviados con los resultados. Si bien el sistema de representación proporcional de Holanda demostró ser capaz de frenar las opiniones extremistas, lo hizo a costa de la cohesión del gobierno y de una escena política cada vez más fragmentada. El partido de Rutte será el más numeroso en el parlamento. Pero controla sólo 33 de las 150 bancas. Para formar gobierno tendrá que unirse por lo menos a otras tres agrupaciones con visiones divergentes.

Wilders tampoco se retiró de esta contienda con las manos totalmente vacías, sino que creó una sólida plataforma desde la cual influir en el debate nacional. En esta elección, casi todos sus opositores se sinteron obligados a definirse en relación a él.

Algunos partidos de izquierda fueron muy claros en su defensa de los valores cosmopolitas y de la tolerancia. Pero para neutralizarlo desde la derecha, el partido Demócrata Cristiano y el VVD de Rutte adoptaron una postura más euroescéptica y absorbieron algunos de los temas xenófilos y anti islámicos de Wilders.

El primer ministro y sus futuros socios de la coalición eliminaron un importante obstáculo. Ahora deberían concentrar esfuerzos en abordar los profundos problemas de integración de la sociedad holandesa, y que brindan tierra fértil para que él crezca.

El revés que sufrió Wilders es una señal alentadora. Pero las voces intolerantes aún se fortalecen en el este europeo. La mayor prueba será en Francia en abril donde la derrota de Marine Le Pen y su Frente Nacional ni siquiera está asegurada.

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