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Hillary o Trump: ¿cómo enfrentará el próximo presidente de Estados Unidos los desafíos de política exterior?

El próximo presidente de Estados Unidos asumirá su cargo mientras el orden de posguerra de 70 años que el país ayudó a establecer se está quebrando. A dos semanas de las elecciones, Robert Zoellick analiza cómo Donald Trump y Hillary Clinton responderían a los desafíos de política exterior que esperan al próximo ocupante de la Casa Blanca.

Hillary o Trump: ¿cómo enfrentará el próximo presidente de Estados Unidos los desafíos de política exterior?

El 20 de enero de 2017, la presidente Hillary Clinton o el presidente Donald Trump heredarán el legado de Barack Obama, así como Obama sigue utilizando el mandato de George W Bush como referencia. A grandes rasgos, la política exterior de Obama se diferenció de lo que fue percibido como activismo agresivo y largas batallas de su predecesor.

Sin embargo, el próximo presidente realizará una interpelación pública acerca de si las políticas de Obama crearon vacíos que fueron llenados por fuerzas hostiles, pero también sobre si Estados Unidos debería intervenir, y de qué modo. Pew Research Center en abril informó que 57% de los estadounidenses creen que su país debería "ocuparse de sus propios problemas" y "dejar que las demás naciones se ocupen de los suyos de la mejor manera que puedan".

Aunque una vasta mayoría realizó comentarios similares desde la década de 1960. Asimismo, una gran mayoría sigue creyendo que Estados Unidos no "debería cortarse solo en materia de asuntos internacionales".

Las mayorías de ambos partidos apoyan la campaña contra ISIS. Alrededor del 77% considera que la OTAN le hace bien al país. La mayoría sigue estando a favor del comercio internacional, si bien a los votantes les preocupan los salarios más bajos y la pérdida de puestos de trabajo. En resumen, los estadounidenses se sienten inseguros y preocupados, pero no son aislacionistas. A muchos parece preocuparles que su país no sea tan respetado como creían.

El público de Estados Unidos puede estar dando impresiones que suponen un desafío estratégico al próximo nuevo presidente. El orden económico y de seguridad de 70 años que Estados Unidos ayudó a establecer después de la segunda guerra mundial -y adaptó en los años subsiguientes- se está quebrando bajo presión. Después de una larga era de paz entre las grandes potencias y prosperidad económica, muchos dieron por sentado el sistema internacional.

Un orden de un siglo en Oriente Medio se quebró por causa de una lucha de poder brutal entre tribus y sectas. Los árabes, iraníes y turcos manipulan a las facciones beligerantes que militan por la hegemonía local. Países de toda la región han tropezado reiteradas veces en su intento por establecer economías de mercado modernas.

Nombramientos de Clinton

Uno de los grandes éxitos de la segunda mitad del siglo XX -la integración pacífica y política de una Europa democrática- está al borde de la desunión. Grandes olas de inmigrantes de países desesperados están provocando tensiones políticas. Las políticas monetarias excepcionales del Banco Central Europeo ganaron algo de tiempo, pero no pueden por sí solas generar el crecimiento necesario para aliviar la tensión.

La UE no decidió si hacer del Brexit un nuevo tipo de acuerdo europeo o una lección dolorosa. Las elecciones en Alemania y Francia de 2017 determinarán si el centro -a nivel nacional y en toda Europa- puede resistir. Mientras la UE sigue a la deriva, el presidente ruso, Vladimir Putin, redefinió las fronteras de Ucrania y Georgia, amenazando a los países bálticos, manipulando la política europea y estadounidense y recordándole al mundo sus prerrogativas de poder. Si la UE se divide aún más, podría desatarse una lucha del siglo XXI por lograr un equilibrio de poder. La última en el largo drama de la historia europea.

En la región indo-pacífica, la pregunta es si Beijing buscará la hegemonía regional o un ajuste del orden existente. Japón, India y los países del Sudeste Asiático se están reposicionando, y su relación con Estados Unidos, mientras China revela sus intenciones.

En 2017, se espera que el nuevo Comité Permanente del Politburó del presidente Xi Jinping brinde orientación sobre el futuro, incluso acerca de la transición económica de China. En el noreste de Asia, las armas nucleares y los misiles de mayor alcance en poder del joven líder norcoreano Kim Jong Un desafiaron la política de Obama de "paciencia estratégica".

A los nuevos gobiernos de Estados Unidos los define la gente. El equipo de Clinton se vería ensombrecido por el fantasma del embajador Richard Holbrooke, cuya muerte la dejó sin un amigo que con su activismo habría impulsado la política.

Probablemente, Hillary Clinton recurra a ex funcionarios expertos que, en general, son conocidos en el mundo. Jake Sullivan, que fue director de Planificación Política del Departamento de Estado de Clinton, hoy es su director de campaña; y Tom Donilon, ex asesor de seguridad nacional de Obama, es una figura clave de su equipo de transición.

Otras personas que podrían asumir cargos importantes en caso de ganar Clinton, tales como Michèle Flournoy, Jim Steinberg, Bill Burns y Kurt Campbell, también son respetadas en el mundo. Clinton podría agregar a un ex oficial militar superior, como el almirante Jim Stavridis, actualmente decano de la Escuela de Derecho y Diplomacia Fletcher de la Universidad de Tufts.

También hay que prestar atención al nombramiento del Representante de Comercio de Estados Unidos: la designación de un individuo creativo y activista reflejaría el interés del nuevo presidente por encontrar un camino políticamente factible a una agenda comercial reactivada.

Admirador de "hombres fuertes"

Pensar en los integrantes del gobierno de Trump es más difícil, ya que muchos republicanos le hicieron frente. Un asesor importante es Michael Flynn, el retirado teniente general y ex director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, que acompañó a Trump a las sesiones informativas de inteligencia. También hay ex funcionarios republicanos que permanecieron al margen, quizás con la esperanza de elaborar el pensamiento de Trump, en caso de que sea elegido presidente. Si Thomas Cromwell pudiera asesorarlo, seguramente se vería frustrado por la naturaleza narcisista y el carácter irreflexivo de Trump.

Sin duda, la personalidad de Trump quizás sea el mejor indicador de su política exterior. "Todo es negociable" es su explicación favorita. Actúa caso por caso, mostrando posturas extremas y luego improvisando.

Trump admira a las personas que considera "hombres fuertes", como los presidentes Putin y Xi, e incluso el fallecido Saddam Hussein. Rusia y China conspiran para alimentar el ego de Trump, mientras se aprovechan de su ignorancia en materia de política exterior para subvertir alianzas de Estados Unidos. Trump afirma que Estados Unidos invirtió mucho tiempo y dinero intentando resolver los problemas del mundo, con lo cual estaría gustoso de ceder temas complicados a otros. Pero nadie sabe cómo responderá la vanidad de Trump si un par extranjero lo reduce.

Trump decididamente no valora la confiabilidad de Estados Unidos en alianzas de larga data y sistemas económicos. Las obligaciones que imponen los tratados serían contratos que pueden renegociarse. Trump parece arrogante en cuanto al papel de Estados Unidos en términos de disuasión nuclear de aliados no nucleares (hasta ahora). Las relaciones económicas serían de suma cero y mercantilistas. Podrían esperarse amenazas de incrementos arancelarios y obstáculos al comercio y la inversión; las represalias probablemente llevarían a negociaciones tempestuosas y daños colaterales a los mercados.

Muy probablemente, Trump renunciaría a la agenda del acuerdo sobre cambio climático de París, intentaría construir un muro en la frontera con México y deportaría a los inmigrantes ilegales, e impondría barreras al comercio. Sus acciones contra México podrían generar el apoyo a un colega populista-proteccionista, si bien uno anti-estadounidense: Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones presidenciales de 2018 de México.
Clinton también gobernaría con algunos temas generales. Su director de campaña, John Podesta, tiene gran interés por el cambio climático. Ayudó en silencio a coordinar el acuerdo sobre cambio climático entre Obama y Xi y probablemente quiera construir sobre esta base, quizás como secretario de Estado. Clinton también fomentaría su larga defensa de oportunidades para las mujeres.

Es probable que tanto Clinton como Trump primero se centren en los problemas internos, especialmente de índole económica. Clinton podrá combinar sus posturas en materia de infraestructura de inversión e inmigración con lazos norteamericanos más estrechos, un tema de interés tanto para la comunidad hispana como empresarial.

Las políticas de energía de Trump pueden estimular las opciones de producción de Estados Unidos, pero sus amenazas al comercio ensombrecen las perspectivas de crecimiento.

Corea del Norte probablemente capte la atención del nuevo presidente en 2017, y esa amenaza impulsará políticas tempranas con respecto a China. Pyongyang está logrando la capacidad de atacar a Estados Unidos con armas nucleares. Asimismo, sus misiles móviles, especialmente sobre submarinos, reducen los tiempos de advertencia. Kim ya utilizó un submarino para hundir un barco surcoreano. Ahora amenaza a Corea del Sur, Japón y Estados Unidos continental con armas nucleares. La sorpresa estratégica aplastará la paciencia estratégica.

China teme acciones que puedan desestabilizar a Corea del Norte. Pero es probable que el nuevo gobierno de Estados Unidos considere que el statu quo no se mantendrá, y la pregunta será si Beijing va a trabajar con Estados Unidos, Japón y Corea del Sur para frenar la nueva amenaza.

Europa en manos de los europeos

Los lazos comerciales entre Estados Unidos y China son tensos. El discurso de Clinton al Instituto de la Paz de Estados Unidos en 2012, en conmemoración del 40 aniversario del viaje del presidente Nixon a China, revela su posible enfoque, que está basado en lazos más estrechos con socios aliados. Salvo que Clinton encuentre la forma de apoyar el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, que abandonó en su campaña, será difícil que su política con respecto a Asia resulte creíble.

Las declaraciones despectivas de Trump sobre socios aliados, disuasión nuclear, China y lazos comerciales con Asia no coinciden con el antiguo liderazgo de Estados Unidos. Si se le toma la palabra, la política de Trump respecto de Asia alienaría a los aliados, aislaría a Estados Unidos y desataría una lucha de poder regional.

En Oriente Medio, Clinton probablemente procure reparar los lazos con Israel enfocándose en la amenaza que supone la combinación de Irán, Hezbolá y el régimen de Assad en Siria. Hezbolá, el grupo chiíta libanés apoyado por Irán, pronto podrá lanzar un gran y preciso ataque de misiles que podría llevar a un contraataque israelí en tierra. En la búsqueda de preservar el acuerdo nuclear de Obama con Irán, es más probable que Clinton trabaje con Israel y estados árabes sunitas para anticipar riesgos y frenar el avance de Teherán.

Trump declaró que abandonaría el acuerdo nuclear de Obama con Irán, lo cual precipitó una crisis. Tanto Clinton como Trump son duros al referirse a ISIS y el radicalismo islámico, pero son vagos a la hora de decir qué harían en Siria e Irak. Ninguno se mostró dispuesto a crear un equilibrio estratégico en tierra que siente las bases de una resolución política, si bien Clinton podría estar convencida de hacerlo.

Los problemas de Europa probablemente se dejen en manos de los europeos, aunque Clinton respetaría las obligaciones de la OTAN y actuaría con firmeza, pero no agresivamente, hacia Rusia. Trump tiene una extraña atracción hacia Putin y apoya los movimientos populistas-nacionalistas de Europa. Parece desdeñar la histórica inversión en la integración europea y la garantía de Estados Unidos en la seguridad transatlántica. Los conflictos impositivos con Europa son más probables que la negociación de las normas de comercio modernizadas de la estancada Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión.

Es posible que se pasen por alto oportunidades de trabajar con una nueva generación de reformistas en América Latina, especialmente ahora en Brasil y Argentina, a menos que Clinton encuentre el camino para reanimar la política comercial. La crisis en expansión de Venezuela requerirá que el nuevo presidente coordine una respuesta regional.

Cuidado con lo que se dice

El nuevo presidente también deberá tomar decisiones en materia de políticas y recursos de defensa. La política nuclear y la modernización están a la deriva. El espacio, la seguridad cibernética y los sistemas no tripulados, especialmente submarinos, requieren inversión. El Pentágono deberá determinar la necesidad de personal, incluyendo la mezcla de fuerzas y el rol de civiles y contratistas.

Las presidencias se definen por la forma en que los mandatarios reaccionan ante acontecimientos, en general inesperados. Tener un marco estratégico ayuda, como también las manos expertas que trabajan juntas. Los mejores líderes procuran anticipar y forjar el escenario y hacer que sus equipos traspasen la retórica y alcancen resultados. El próximo presidente deberá comenzar por decidir si Estados Unidos debería perpetuar el orden de 70 años. En caso afirmativo, el presidente deberá explicar el porqué al pueblo de Estados Unidos y al mundo.

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