Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

Grecia no es la sala de espera de los inmigrantes

El sistema Schengen que rige en Europa que permite viajar sin pasaporte entre 26 países está a punto de derrumbarse. Tras la llegada de 1,8 millones de refugiados al continente en 2015, varios estados de la UE _Hungría, Austria y Suecia, entre ellos_ establecieron controles fronterizos temporarios para procesar inmigrantes y aplacar la ansiedad de los votantes sobre el tema de inmigración. Sin embargo, salvo que haya un pronunciado cambio en Siria, otro millón de personas que buscan asilo llegarían a Europa durante este año. Eso está obligando a los líderes de la UE a considerar acciones drásticas.
Una idea que podría implementarse es la suspensión de Schengen por dos años a partir de mayo. La reanudación de los controles fronterizos debilitaría uno de los logros políticos más grandes del bloque, aunque eso no detendrá la oleada de migrantes provenientes del este del Mediterráneo. Este mes cerca de 45.000 llegaron a Grecia desde Turquía, cifra 30 veces superior a enero de 2015. Por esta razón, la UE tiene en la mira las fronteras de Grecia.
El miércoles, la comisión amenazó con suspender a Atenas del sistema Schengen con el argumento de que no está procesando adecuadamente a quienes llegan a su territorio. Algunos líderes de la UE van más allá, sugiriendo que el bloque debería ayudar a Macedonia, un estado no miembro de la UE, para que selle su frontera con Grecia, la principal ruta hacia el norte para muchos refugiados. Los griegos respondieron furiosos afirmando que eso convertiría al país en un "cementerio de almas". Su enojo está totalmente justificado.
Se puede criticar a Grecia por no poder manejar con eficiencia la llegada de los refugiados. La UE entregó a Atenas fondos para crear cinco campos de reasentamiento pero sólo se construyó apenas uno. En vez de registrar a los solicitantes de asilo, los griegos permitieron que muchos se introduzcan en Europa.
Sin embargo, en la mayoría de los otros aspectos, no se puede culpar a Atenas. El año pasado llegaron unos 850.000 migrantes a Grecia, un país de 11 millones. Ningún gobierno puede manejar semejante escala de arribos usando medios pacíficos. Alemania, el estado más rico de la UE, tuvo problemas para administrar la llegada de unos pocos cientos de miles más.
Atenas también puede argumentar que la UE hizo poco para ayudar en sus momentos de necesidad. La comisión el año pasado identificó 160.000 migrantes localizados en Italia y Grecia que necesitan reasentarse en el bloque, pero sólo un puñado fueron reubicados. La comisión pidió fortalecer la frontera externa de la UE para salvar Schengen pero los recursos invertidos fueron mínimos. La UE necesita brindar un significativo apoyo financiero a los vecinos de Siria –Turquía, Jordania y El Líbano– mientras se ocupan de los millones de personas en campos de refugiados, pero hasta los 3.000 millones de euros que la UE prometió a Ankara siguen detenidos por peleas sobre quién las pagará.
Es por la falta de unidad y voluntad política de Europa que ahora no tiene opción más que contemplar medidas crudas. Bruselas no debería tener dudas sobre lo políticamente peligroso que es sellar la frontera entre Macedonia y Grecia. La UE estaría ayudando a un estado no miembro a construir una frontera física desafiando a uno de los suyos. Eso aumentaría la impresión de que los europeos ricos consideran a Grecia, Turquía, Jordania y El Líbano apenas como algo más que una inmensa sala de espera para los migrantes.
La crisis de refugiados es la más grande que enfrenta la UE en su historia. El desafío se vio exacerbado por la incapacidad de Europa de actuar en forma colectiva y decisiva. Retirar a Grecia del área Schengen hará sentir bien a algunos de los líderes de la UE. No sirve para dar respuestas a lo que Europa necesita.
Traducción: Mariana Inés Oriolo