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Gran Bretaña necesita un plan para negociar con la UE

Gran Bretaña necesita un plan para negociar con la UE

Después del referéndum, llega el reconocimiento. Cuando Gran Bretaña votó a favor de abandonar la Unión Europea (UE), no dijo nada sobre el tipo de relación que pretendía mantener con sus socios europeos en el futuro. La peligrosa confusión se precipitó al vacío. La libra esterlina cayó estrepitosamente, el Tesoro descartó sus proyecciones presupuestarias y el Partido Conservador está convulsionado por una pugna por el mando. Escocia vuelve a jugar con la idea de la independencia y una guerra civil en el Partido Laborista privó al país de una oposición eficaz.

Bruselas ya dejó a Gran Bretaña de lado. Lógicamente, la prioridad número uno de los otros 27 países de la UE es preservar la integridad de la unión y evitar más fragmentación. Mientras en Londres se contempla la ardua tarea de negociar numerosos acuerdos comerciales bilaterales, líderes de distintas capitales del mundo se preguntan si la salida de la UE marca una retirada general de la influencia internacional.

Gran Bretaña necesita un plan. El trabajo en un programa de reforma más detallado deberá esperar al fin de la disputa por el liderazgo del partido Tory y la asunción de un nuevo primer ministro el próximo septiembre. Pero no es demasiado pronto para establecer principios rectores de negociaciones con el resto de la UE. Gran Bretaña debería realizar un debate nacional antes de iniciar estas conversaciones.

El primero de estos principios requiere el consentimiento nacional a una posición negociadora. El debate sobre la futura relación con la UE no puede ser propiedad de un solo partido político o un solo país de la unión del Reino Unido. La votación por la salida de Inglaterra no puede ignorar la votación por la permanencia de Escocia e Irlanda del Norte.

El segundo principio -salvaguardar la prosperidad de la nación- establece la meta de lograr la cooperación económica más cercana posible una vez que Gran Bretaña deje la UE. El tercer principio rector requiere que la salida de la UE no marque el fin de la cooperación en el ámbito político y en materia de seguridad con los países europeos vecinos. Mantener a Gran Bretaña a salvo frente a la agresión del presidente ruso Vladimir Putin y la amenaza del terrorismo islámico exige una colaboración paneuropea cercana.

Conseguir el consentimiento nacional no será tarea sencilla. La votación del referéndum fue, en gran parte, una expresión de descontento popular por el aumento de la inseguridad económica y la desigualdad, así como un juicio sobre Europa.

La disputa por el liderazgo del partido Tory se transformó en una mezcla de tragedia y farsa, con ajustes de cuentas personales por encima del debate serio. Los parlamentarios del bloque conservador ahora dieron a sus seguidores la opción de elegir entre alguien que apoya la permanencia, Theresa May, y alguien que apoya la salida, Andrea Leadsom. Pero el hecho ineludible es que el próximo primer ministro no tendrá autoridad ni legitimidad para decidir por sí mismo. Deberá unir a la gente para obtener el apoyo parlamentario y, en sentido más amplio, la aprobación del país.

La inmigración era una de las principales preocupaciones de muchos votantes, pero alrededor del 48% apoyó la libre circulación, al votar por la permanencia en la UE, y algunas personas que votaron por la salida de la UE también apoyan una política liberal en materia de inmigración. El nuevo primer ministro no puede dar por sentado que a los votantes les alegra que Gran Bretaña pierda el lugar que ocupa en el mercado más grande del mundo. Por el contrario, el gobierno debería establecer como prioridad la exposición al escrutinio público de los aspectos positivos y negativos inevitables de cualquier negociación con la UE. La publicación de un libro verde en que se indiquen las opciones y la dinámica daría lugar a un debate nacional antes del proceso de salida. También terminaría con las afirmaciones falsas de la campaña por la salida.

Independientemente de la posición jurídica exacta, la política exige que para recurrir al artículo 50 del Tratado de la UE e iniciar las negociaciones es preciso contar con el consentimiento del Parlamento. El país debe tener en claro que, tal como dijo Angela Merkel, la canciller alemana, Gran Bretaña no puede mantener los beneficios de membresía si no respeta las reglas. En términos simples, por cada nivel de control nacional sobre la libre circulación, Gran Bretaña deberá ceder un nivel de acceso al mercado único.