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Gran Bretaña debe abrir sus puertas a trabajadores

Muchos ciudadanos de la UE trabajan en el distrito financiero de Londres

Muchos ciudadanos de la UE trabajan en el distrito financiero de Londres

Hay que tener cuidado con lo que uno desea. Uno de los principales argumentos del referéndum del año pasado sobre la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea era que saliendo del bloque se retomaría el control británico sobre la inmigración, a menudo con la clara implicancia de que control significaba disminución.

Aún antes de que el gobierno formalmente empezara a negociar con el resto de la Unión Europea sobre los términos de su salida, el deseo de la campaña a favor del Brexit se está volviendo realidad. Los primeros datos del período posterior al referéndum, que abarca desde julio hasta septiembre de 2016, muestran que la migración neta proveniente de la Unión Europea está disminuyendo. Si bien el número de personas que ingresan desde Rumania y Bulgaria siguió subiendo, ese aumento se vio compensado con un incremento de la emigración de individuos provenientes de Europa central y oriental.

Para decirlo groseramente, los polacos se están yendo a casa. Esa no es una buena noticia. Quedó exhaustivamente demostrado que la inmigración es positiva para el crecimiento económico y las finanzas públicas, ya que se trata en promedio de personas jóvenes y productivas. También tienen un mínimo efecto sobre los salarios que cobran los actuales residentes.

El tema de la edad es esencial. Gran Bretaña, como la mayoría de las economías avanzadas, tiene una población que envejece y necesita más servicios de salud y cuidado, que en su mayoría son tareas que realizan los inmigrantes. La recolección de frutas y verduras se puede adaptar a programas de trabajadores temporarios pero otras industrias que operan en su totalidad todo el año, como el procesamiento de alimentos y la construcción dependen de la mano de obra inmigrante. Los empleadores ya se quejan de la falta de personal como resultado de la votación a favor del Brexit.

Algunos de los partidarios de abandonar la Unión Europea –incluyendo David Davis, secretario de Estado por la Salida de la UE, y Boris Johnson, secretario de Relaciones Exteriores– repetidas veces afirmaron que no están en contra de la inmigración como tal, sino que se oponen a que no haya control alguno sobre la misma.

A principios de esta semana, Davis señaló con razón que el Reino Unido seguirá necesitando inmigrantes de baja calificación durante bastante tiempo. Esa es una bienvenida declaración de un hecho que está a la vista.

Le corresponde al gobierno británico asegurarse de que no se detenga el ingreso de los trabajadores que necesita tras el Brexit. En un momento en que la economía sigue creciendo en forma constante, la caída de la migración neta claramente es un resultado del referéndum. Algunas familias quizás llegaron a la conclusión de que el sentimiento anti extranjeros hace que ellos no sean bienvenidos en el Reino Unido. Otros quizás crean que las dificultades que tendrán con el derecho a residir y trabajar convierte en demasiado incierto su futuro a largo plazo en Gran Bretaña.

La manera evidente de tratar con ambos temas es declarar que los ciudadanos de la Unión Europea que actualmente residen en el Reino Unido retendrán su derecho a permanecer, y también asegurarse que los futuros acuerdos migratorios formen parte importante de las negociaciones sobre la futura relación bilateral. De hecho, esos temas cada vez son más difíciles de ignorar a la hora de firmar acuerdos de intercambio comercial. El movimiento de trabajadores –que en general implica visas temporarias– son una parte fundamental de los pactos comerciales. Fue en parte la resistencia británica a tales medidas lo que detuvo un potencial acuerdo comercial de la Unión Europea con India.

La proximidad geográfica del Reino Unido con Europa, el legado de la inmigración pasada y el grado en que la economía británica se entrelaza fuertemente con la de la Unión Europea, sugieren que los migrantes europeos deberían recibir un tratamiento especial.

En esta etapa, el gobierno –encabezado por una primera ministra que hace tiempo se mantiene firme en cuanto a la inmigración– necesita transmitir mensajes más claros del tipo que transmitió esta semana Davis.

Retomar el control no necesariamente debería implicar cerrarle las puertas a los trabajadores que tanto necesita Gran Bretaña.

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