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Fuertes cuestionamientos a los servicios de seguridad de Bélgica tras el doble atentado

Aunque Europa cuenta con una sofisticada red de inteligencia, la vigilancia belga es vista como un eslabón débil. Preocupa Molenbeek, el distrito de Bruselas donde opera ISIS

Cualquier respuesta a los atentados de esta semana en Bruselas debe empezar con una condena a los autores y la más profunda empatía por las víctimas y sus familias. Sin embargo, después de tal atrocidad, surgen duras preguntas sobre qué podría haberse hecho para evitarla. Acá, el tema central es si los servicios de seguridad de Bélgica tienen la capacidad y los recursos necesarios para combatir la amenaza yihadista en su suelo.
Europa cuenta con una sofisticada red de inteligencia, donde los participantes dominantes son Gran Bretaña, Alemania, Francia y Holanda. La calidad de su vigilancia es altamente elogiada, pero sus pares belgas durante tiempo fueron considerados un eslabón débil de la cadena de inteligencia europea. Esto tiene implicancias serias porque actualmente se planea mucha actividad yihadista desde territorio belga.
Pocas estadísticas recalcan cómo creció el desafío para Bélgica. El año pasado, el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización, un think-tank británico, informó que 440 combatientes extranjeros habían viajado de Bélgica a Siria e Irak. Eso es equivalente a 40 combatientes por cada millón de habitantes nacionales, más que cualquier otro estado de la UE.
El rol que juega Molenbeek, el distrito de Bruselas donde operan células de Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), preocupa de manera particular. Llamada la "capital europea yihadista", tiene una tasa de desempleo de 25% y altos niveles de delincuencia y desencanto social. El gobierno belga hizo renovados esfuerzos en los últimos 18 meses para evitar que los jóvenes se radicalicen. Pero la vigilancia de los servicios de inteligencia no es suficiente.
Eso quedó claro en noviembre cuando surgió que los atentados en París podían haber sido planeados en Molenbeek. Tal como señala Matthew Levitt del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente, no hay suficientes agentes de policía en ese suburbio de casi 100.000 habitantes. En términos generales, se supo que una de las agencias de seguridad belgas, the Sûreté de l’Etat, cuenta con sólo 600 agentes para vigilar a 900 potenciales yihadistas.
El ministro del Interior de Bélgica se quejó de la fragmentación de los departamentos de policía de Bruselas, y contó que las agencias tienen tendencia a acaparar información. Dados estos problemas, no sorprende que Salah Abdeslam, el único sobreviviente yihadista de las matanzas en París, haya podido esconderse durante cuatro meses antes de ser arrestado la semana pasada.
Bélgica no es el único enlace débil de la red de seguridad europea. El coordinador contra-terrorismo de la UE hace poco afirmó que el hecho de que muchos estados miembro compartan inteligencia no refleja la escala de la amenaza de terrorismo. Pero lo que las autoridades de Bruselas no pueden darse lujo de hacer es tomar los atentados de esta semana como un acontecimiento excepcional. Adquirir altos niveles de inteligencia humana en Molenbeek será un largo y arduo desafío. El gobierno belga debe inyectar mucho más dinero y personal a esta tarea antes de que se produzca la próxima atrocidad.

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