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Freno de emergentes desacelera PBI mundial

Emparejarse es difícil. Después de observar durante más de un siglo que sus ingresos eran menores a los de países ricos, en las últimas dos décadas muchas naciones en desarrollo fueron ganando terreno. Sin embargo, son tales los problemas de los mercados emergentes en estos últimos años que ese avance ha perdido considerable ritmo.

Las investigaciones dadas a conocer esta semana por el Banco Mundial mostraron que la velocidad con la que los mercados emergentes están convergiendo en cuanto a los ingresos del mundo rico cayó en los últimos años por debajo de las tasas anteriores a la crisis financiera. Ésta no es la solución mágica que colocará a los mercados emergentes en su conjunto por la senda de un crecimiento mayor. Pero muchos se beneficiarían si introdujeran una mayor previsibilidad y transparencia en sus políticas, para que los consumidores, empresas locales e inversores extranjeros tengan un entorno más confiable donde operar.

Hay pocos temas en los que los remedios de la economía convencional estuvieron tan espectacularmente equivocados durante tanto tiempo como la idea de que los países pobres debían alcanzar a los ricos. Con los mayores retornos sobre la inversión y superior uso de la tecnología nueva comparado con las economías maduras, el avance debería haberse producido dejando que los mercados hicieran su parte. Pero no ocurrió.
Cuando se produjo la crisis financiera global de 2008, cerca del 80% de las economías emergentes estaban convergiendo en los niveles estadounidenses de PBI per cápita, dos veces la proporción de principios de los noventa.

Pero esos días emocionantes terminaron. Desde 2008, la proporción de países que se acercan a EE.UU se redujo otra vez a los niveles de los noventa. Entre 2003 y 2008, los mercados emergentes en promedio crecían a un ritmo tal que para llegar a los niveles norteamericanos de PBI per cápita de 2015 necesitaban 40 años; entre 2013 y 2015, ese período se alarga a más de 60 años.

Dado que el entorno externo fue altamente beneficioso para muchos mercados emergentes durante los años posteriores a la crisis –altos precios de los commodities y endeudamiento externo barato en parte por la flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal– preocupa que no hayan logrado un mayor progreso. Ahora que esos factores positivos han disminuido, su tarea ahora es más difícil.

Se sabe muy bien cuáles son las políticas generales que podrían ayudar a que se vuelvan a encaminar los mercados emergentes _desregulación donde sea apropiado, políticas macroeconómicas de apoyo donde sea posible. Otro factor, también subrayado por el Banco Mundial, es la necesidad de que la política sea transparente y previsible. Por ejemplo, la volatilidad de los mercados financieros en 2015 y principios de este año se debió mucho a la incertidumbre sobre China, y particularmente a cómo reaccionarían las autoridades chinas frente a la fuga de capitales y la menor presión sobre el yuan.

Son complejas y variadas las razones por las que se detuvo el ritmo de convergencia. Pero la receta general para que las políticas sean previsibles, y así tranquilizar a consumidores, empresarios e inversores, se debe aplicar al mundo emergente.