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Estados Unidos puede aprender de los errores cometidos en el Brexit

El referéndum del Reino Unidos dejó media docena de lecciones a los norteamericanos. El electorado está perdiendo su miedo de lanzarse a lo desconocido

Hasta hace poco, los norteamericanos expresaban poco interés en las elecciones del Reino Unido. Pero ya no. En este momento, los estrategas republicanos y demócratas se están preparando para la campaña electoral estadounidense de 2016. En los interminables debates entre los encuestadores, los activistas y los expertos, con frecuencia surge la pregunta: ¿Qué lecciones puede dejarle el Brexit a EE.UU.? El sorpresivo resultado del referéndum del Reino Unido ¿sugiere que un candidato sin experiencia política como Donald Trump puede ganar? ¿O tal comparación es demasiado simplista?
La respuesta para las últimas dos preguntas es "sí" y "no". El Brexit fue una votación totalmente diferente, pero dejó media docena de lecciones que podrían ser relevantes para Norteamérica noviembre próximo.
La primera –y más obvia– es que el Brexit demuestra lo ciega que puede estar la élite política en un mundo polarizado social y económicamente. El voto a favor de abandonar la UE‘ fue, en parte, un voto de protesta: un aullido de ira contra el dolor económico, contra la inmigración y contra la pérdida de la identidad cultural. Lo único que sorprendió más que este referéndum fue el hecho de que la élite del Reino Unido se asombró ante el resultado; y la facción demócrata fácilmente podría repetir ese error.
La segunda lección es que el electorado está perdiendo el miedo a lanzarse a lo desconocido. Nadie puede presuponer que Trump va a perder "sólo" porque representa un riesgo. En un mundo en el que los votantes están enojados, arriesgarse ya no parece tan arriesgado. Y hay otro problema psicológico importante que está influyendo: el electorado acaba de vivir una década en la que la mayor parte de las reglas de las finanzas y de la economías se pusieron patas para arriba como consecuencia de la crisis financiera. Que cambien totalmente las reglas políticas ya no parece tan extraño; al menos, no tan extraño como que las tasas de interés se vuelvan negativas y que los grandes bancos quiebren.
Esto nos lleva a una tercera lección: la revolución no se puede aplastar con meras estadísticas o relatos que asustan. Políticos como Cameron intentaron derrotar el voto a favor del Brexit citando datos económicos que mostraban lo peligroso que que podía ser si Gran Bretaña salía de la Unión Europea (UE); pero los votantes lo rechazaron porque estaban demasiado enojados para escucharlo, y porque tenían demasiada desconfianza de la élite. El voto a favor del Brexit se decidió en base a las emociones, y quienes defendían el permanecer en la UE no lograron brindarle al electorado una visión verdaderamente positiva de Europa. La facción en pro del Brexit, por el contrario, evocó la imagen de una nación soberana, orgullosa e independiente que resultaba atractiva para muchos votantes.
Esto pone de relieve una crucial cuarta lección: si los demócratas quieren derrotar a Trump, no pueden depender sólo de una versión estadounidense del Proyecto Miedo; también necesitan una imagen positiva y optimista. Hace unos días, los demócratas trataron de crear tal imagen durante la convención en Filadelfia. Pero los demócratas deben reconocer que Trump está haciendo campaña evocando emociones tanto negativas como positivas; de alguna manera, los demócratas tienen que encontrar un lema tan memorable y optimista como el de Trump de "Hacer a Estados Unidos grande otra vez".
Una quinta lección es que no sólo importan las emociones: también son importantes los meticulosos detalles del proceso electoral. Una razón por la que la campaña a favor de permanecer dentro de la UE perdió en el Reino Unido fue que la participación fue baja entre los votantes jóvenes potenciales (que por lo general preferían permanecer). Otro problema fue un detalle técnico al que pocos prestaron atención: los padres solían inscribir automáticamente a sus hijos adolescentes para que pudieran votar, pero eso cambió recientemente y ya no pueden hacerlo. Existen numerosos detalles técnicos en el proceso electoral estadounidense que podrían resultar ser aún más importantes; sobre todo porque los estrategas –de ambos partidos políticos– son expertos en utilizar todas las lagunas jurídicas posibles para impulsar a sus seguidores, o para suprimir a los del otro bando. Los expertos que quieran predecir los resultados de noviembre deberán examinar a fondo los pormenores electorales.
Y esto nos lleva a la sexta y más importante lección que dejó la votación a favor del Brexit: que la democracia, por naturaleza, es impredecible, especialmente a medida que aumenta la polarización social. Puede que las élites odien esto. Como también es posible que suceda en el caso de los inversores o de las empresas, que necesitan planificar a largo plazo.
Sin embargo, si el propósito principal de la democracia es darle voz a la gente, siempre existirá el riesgo de que esta voz aúlle como expresión de ira, o que se quede en casa y no hable en absoluto.
Para bien de los estadounidenses, más les vale que los expertos aprendan esta lección por anticipado y, más importante aún, que los políticos estén dispuestos a escuchar.