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España se recupera a pesar de la penumbra global

La reciente expansión fue impulsada por un fuerte consumo y el aumento de las exportaciones, así como por un sector privado más austero, más sagaz y más innovador

España se recupera a pesar de la penumbra global

De repente, España no parece un lugar tan malo después de todo. Durante gran parte de la década pasada, el país fue motivo de titulares por sus bancos inestables y por una economía en caída libre, por sus políticos corruptos y por el cada vez más grande ejército de desempleados. Muchos de estos desafíos todavía se ciernen sobre el país.

Pero en un año que ha sido testigo del voto del Reino Unido para salirse de la Unión Europea (UE) y de EEUU depositando su fe en el presidente electo Donald Trump, en un momento en el que los partidos populistas y xenófobos están en ascenso en Europa y en el que las tensiones políticas están aumentando en todo el mundo, España finalmente está empezando a abandonar su postura defensiva. En comparación con las incertidumbres políticas y económicas que afectan a tantos otros países, las fortalezas de la nación comienzan a resplandecer con un poco más de brillantez.

"España ahora cuenta con una gran ventaja: estamos fuera de la pantalla de radar en términos de incertidumbre política", aseguró Luis de Guindos, el ministro de Economía.

Las fortalezas del país incluyen, de manera más obvia, una recuperación económica que ahora está en su tercer año y que continúa firmemente. El desempleo, si bien sigue siendo muy alto en un 18,9%, está cayendo ininterrumpidamente. Se pronostica que el crecimiento alcanzará el 3,2% este año, casi el doble del ritmo al que la eurozona en su conjunto se está expandiendo. Incluso el mercado de la vivienda durante mucho tiempo moribundo, el cual creó la burbuja que desencadenó el colapso económico de España en primer lugar, está finalmente recuperándose.

La reciente expansión se vio impulsada por un fuerte consumo y por un aumento de las exportaciones, así como por un sector privado que hizo más austero, más sagaz y más innovador durante el transcurso de la crisis. Por ahora, la escena empresarial de España continúa dominada por los gigantes tradicionales de la banca, de la energía, de la construcción y de la industria. Pero también existe una escena de "empresas startup" cada vez más dinámica en lugares como Madrid y Barcelona.

Habiendo vivido los duros años en que la pérdida de empleos era la norma en todos los sectores, los españoles más jóvenes en particular parecen haber llegado a la conclusión de que lanzar su propio negocio no es menos riesgoso que unirse a un destacado banco o a un grupo de construcción. El dinero siguió la tendencia: la inversión en nuevas empresas aumentó más del 80% el año pasado, según ASCRI, la asociación española de capital de riesgo y de capital privado.

Pero no es sólo la recuperación económica lo que da motivo para un reservado optimismo. Es también, notablemente, el estado de la política española. Después de más de 10 meses de estancamiento político - el período más largo que ha pasado la España moderna sin un gobierno apropiado - el país finalmente tiene una nueva administración.

Mariano Rajoy, el anterior y actual primer ministro, presidirá una administración que incluye muchos de los nombres y caras de su previo mandato. Desde el punto de vista de los líderes empresariales españoles, eso representa, en su mayoría, buenas noticias. Existe un alivio de que el período de incertidumbre terminó; que España no terminó con un gobierno decidido a revertir las reformas económicas del primer gobierno de Rajoy.
"Las medidas que tomamos durante la crisis están dando frutos", comentó José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB). "Revertir esas medidas sería suicida".

Sin embargo, Rajoy puede enfrentar una lucha cuesta arriba. Después de disfrutar de una mayoría absoluta entre 2011 y 2015, ahora preside un gobierno que carece tanto de una mayoría parlamentaria como de un amplio apoyo popular. Los escépticos sostienen que es probable que la nueva legislatura sea corta e improductiva. De hecho, no es descabellado imaginar que el país tendrá que celebrar otra elección general el año próximo (la tercera desde diciembre de 2015).

Dados los acontecimientos políticos en otros lugares, sin embargo, incluso ese escenario no parece alarmante. A pesar de todos los trastornos y fragmentación de los últimos años, el centro político ha persistido en España. No existe ningún partido serio, ni miembro alguno del parlamento nacional, que apoye abiertamente la salida de la UE. La sociedad española se ha mantenido - notable, y casi exclusivamente - libre del virus de la xenofobia. Ni el gobierno ni la abrumadora mayoría parlamentaria han abandonado los principios generales que han sostenido a Europa occidental durante décadas: la democracia liberal, la integración europea, el libre comercio y la tolerancia hacia los extranjeros.

España, por supuesto, no ha permanecido inmune al ascenso de los movimientos populistas. El partido socialista de centroizquierda, uno de los dos pilares de la clase política dirigente española, está bajo una fuerte presión por parte del movimiento antiausteridad de izquierda denominado Podemos. Pero Podemos es muy diferente de algunos de los otros partidos políticos insurgentes de Europa. No se pronuncia en contra de los extranjeros y de los migrantes, ni en contra de la UE, sino en contra de las élites "corruptas" de la política, de las finanzas, de los negocios y de los medios de comunicación. Por el momento, sin embargo, esas élites no ven ninguna razón para sentirse excesivamente amenazadas. Podemos es una fuerza política que no debe ignorarse, pero no una que está aproximándose al poder del gobierno a nivel nacional.

La mayoría de los analistas creen que es probable que la fragmentación del nuevo parlamento de España y la falta de una clara mayoría gobernante en pro de Rajoy produzcan una inmovilización política. Pero también existen otras voces. Estas voces sostienen que lo que España necesita actualmente no son reformas fragmentarias, sino un "gran pacto" en relación con la composición constitucional del país; con el futuro de la región catalana; con el sistema educativo; y con el obsoleto régimen de pensiones. Para ello, el país necesita un consenso entre partidos de una forma u otra.

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