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España quedó atrapada en un ciclo de inestabilidad política

El gobierno socialista minoritario, encabezado por Pedro Sánchez y apoyado por la extrema izquierda, lleva ocho meses y ahora debe convocar a otra votación

Pedro Sanchez no logró que le aprobaran el presupuesto para 2019

Pedro Sanchez no logró que le aprobaran el presupuesto para 2019

El experimento que hizo España con un gobierno socialista minoritario apoyado por la extrema izquierda duró poco. El mandato de ocho meses de ese gobierno, hasta el momento, mostró pocos logros importantes, excepto un fuerte aumento del salario mínimo y una controversia inventada sobre la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco.

Después de que el miércoles no logró la aprobación del presupuesto de 2019, al primer ministro Pedro Sánchez ahora sólo le queda convocar a elecciones generales, posiblemente a mediados o finales de abril. El líder socialista llegó al poder en junio de 2018 después de derrocar al gobierno conservador de Mariano Rajoy con una moción de censura por un escándalo de corrupción. La coalición ad hoc que Sánchez armó para esa proeza parlamentaria —el partido Podemos, de extrema izquierda, junto con nacionalistas catalanes y vascos— se ha desmoronado.

La última turbulencia demostró que España quedó atrapada en un ciclo de inestabilidad política. Si hubiera una elección esta primavera boreal sería la cuarta elección general en ocho años.

El resultado también probablemente confirme que España se ha convertido en un sistema político de cinco partidos, sin contar a los nacionalistas catalanes y vascos y otros representantes regionales. Vox, un partido de extrema derecha que logró enormes avances en noviembre, al obtener bancas en el parlamento regional en Andalucía, desde entonces sube en las encuestas y llegó a un sorprendente 11%.

Mientras tanto, los tres principales partidos están firmemente unidos. Según una serie de encuestas, los socialistas (PSOE) cuentan con un apoyo de 24%, los de centro-derecha (PP) reciben la aprobación de un 21% y los liberales (Ciudadanos) tienen un 19% de intención de votos. España se ha convertido en uno de los ejemplos más extremos de la fragmentación política que se está extendiendo por todo Europa.

Quizás Podemos conmocionó a la clase política de España cuando surgió de movimientos activistas anticapitalistas, pero probablemente su mejor momento ya haya pasado. Su imagen ha quedado manchada por las luchas internas entre sus principales líderes y su apoyo disminuyó al 14%. Si cae mucho más, también caerán las esperanzas de que Sánchez pueda formar otra coalición de izquierda.

Como se observa en otros países de Europa, como Suecia y Alemania, la presencia de partidos de extrema izquierda o de ultraderecha en los parlamentos hace que sea mucho más difícil la formación de gobiernos de coalición viables de centro-izquierda o centro-derecha. El PP y Ciudadanos han formado un gobierno en Andalucía con apoyo tácito de la ultraderecha. Pero hacerlo a nivel nacional sería mucho más conflictivo.

Cuando Sánchez asumió el cargo el verano boreal pasado, uno de sus objetivos era aliviar las tensiones con Cataluña después de su intento ilegal independentista en 2017. Su gobierno retomó el diálogo con los líderes regionales y trató de aliviar algunas restricciones impuestas al gobierno de la región inmediatamente después de la fallida ofensiva secesionista.

La turbulencia política de las últimas semanas ha mostrado que cualquier esperanza de distensión a corto plazo es una quimera. Las tensiones entre los partidarios independentistas de Cataluña, por un lado, y los unionistas catalanes y los españoles cada vez más resentidos, por el otro, siguen siendo feroces.

Tras el inicio esta semana del juicio por sedición y rebelión a una docena de líderes de la iniciativa independentista, las posturas se han vuelto más férreas. El torpe intento del gobierno de buscar la reconciliación, al proponer un intermediario para ayudar a los nacionalistas catalanes a resolver sus propias diferencias, resultó contraproducente. Los liberales, el centroderecha y la ultraderecha se unieron en protesta. Mientras tanto, a Sánchez le resultó imposible cumplir las exigencias catalanas del derecho a la autodeterminación a cambio de un apoyo el presupuesto. Los líderes catalanes podrían terminar enfrentándose a un gobierno derechista más hostil. Parece que el tema de Cataluña va a envenenar la política española durante muchos años.

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