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Es inviable el plan económico de Le Pen para Francia

Es inviable el plan económico de Le Pen para Francia

El interés nacional es lo principal. La soberanía puede recuperarse. Nadie debe quedar olvidado. Nos espera elegir la civilización, una opción que se ubica entre el globalismo destructivo y la defensa patriótica de la nación.

Si estos eslogans trumpianos suenan familiares, los ecos son intencionales. Marine Le Pen, en la presentación de su propuesta para el Elysée este fin de semana, trató a duras penas recordar a sus seguidores que los presidentes como Donald Trump no sólo pueden ser electos, sino que pueden cumplir con sus promesas de campaña. La líder de extrema derecha del Frente Nacional tiene un fuerte sentimiento contra la inmigración con creciente euroescepticismo y hostilidad hacia la globalización. Con la sensación de que tiene una chance de ganar, dio a conocer un claro plan planteado como los 144 "compromisos presidenciales", que ella aspirar cumplir si fuera electa.

Gran parte del programa es típico del Frente Nacional: más policía y más cárceles, el regreso del servicio nacional, medidas extremas contra la inmigración. Le Pen es cuidadosa de no usar un lenguaje abiertamente racista, y en cambio habla de la amenaza que significan los extremistas islámicos. Pero ella se opone a todas las señales visibles de la identidad musulmana pide "asimilación" más que "integración" y aplicar el laicismo en todos los espacios públicos.

Esas políticas atraen a un más audiencia que antes. Pero la razón por la que Le Pen está seduciendo a nuevo electorado es su promesa de "proteccionismo inteligente". En su manifiesto, ella expresa lo que eso significa.
Habría una política industrial encabezada por el Estado, que prioriza la actividad fabril por encima de la finanzas. Las importaciones y los trabajadores extranjeros deberían tributar, la inversión extranjera debería estar sujeta a estrictos controles y la industria nacional debería estar subsidiada, especialmente por una enorme aumento del gasto militar -todo con nuevos equipos suministrados por la industria de defensa francesa.

Casi como comentarios al margen, aparece un compromiso de abandonar el euro y reintroducir una moneda nacional. Una promesa de autorizar la financiación directa del Tesoro por parte del Banque de France. Y otra de bajar la edad de jubilación a 60, recortar impuestos a los ingresos y permitir inmensas transferencias de riqueza a la siguiente generación sin que haya que tributar por ello. Muy pocas propuestas compensarían todos esos mayores costos. Pero no hay ningún intento por hacer algo tan mundano como hacer que den las cuentas.
No hace falta decir que nada de esto es compatible con las normas de la UE, pero eso es poco relevante dado que uno de los primeros actos de una presidencia de Le Pen sería llamar a un referéndum sobre la permanencia de Francia en la EU. La idea de que Francia podría prosperar con esas políticas es ridícula pero eso no las convierte en imposibles de aplicar, ni en menos seductoras.

Además, la ideología que respalda su manifiesto es coherente y está profundamente arraigada en la sociedad francesa. Los orígenes del Frente Nacional se retrotraen a los años setenta, cuando su apoyo provenía de los ex colaboradores de Vichy. Le Pen avanzó mucho en lo que se refiere a limpiar el partido y amplió su atractivo, pero sus xenofobia, nacionalismo y base autoritaria se mantienen intactos.

Después del shock que significaron los resultados de las elecciones norteamericanas y del referéndum por el Brexit, quizás exista la tentación de exagerar las chances de ganar que tiene Le Pen. Las encuestas todavía indican que perdería en segunda vuelta con casi cualquier candidato convencional. Pero el establishment francés está totalmente desacreditado. Su oposición en la derecha, François Fillon, está en medio de un escándalo. Pese al entusiasmo en torno a Emannuel Macron, el centrista recién llegado mayormente no atravesó ninguna prueba aún.

Las chances que tiene Le Pen de ganar las elecciones quizás aún sean pocas, pero no deberían quedar dudas de las terribles consecuencias que ello tendría para Europa.