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Erdogan genera más problemas a Occidente

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan

Recep Tayyip Erdogan siempre fue un aliado volátil. En junio, las relaciones de Ankara con Moscú estaban congeladas después del derribo el año pasado de un avión de combate ruso; y Turquía estaba cerrando un acuerdo emblemático con la Unión Europea, recibiendo efectivo y acceso a visas europeas a cambio de controlar el flujo de refugiados hacia Europa. Ahora, el pacto inmigratorio se cayó y el ruso Vladimir Putin está montando un show de solidaridad con el presidente turco, tras el fallido golpe militar que dejó al país alborotado y tensó en gran medida sus relaciones con Occidente.

Hay mucho por lo que deben preocuparse los aliados que tiene Turquía en Europa y en la OTAN. Las represalias que le siguieron al golpe _16.000 arrestos, inmensas purgas en el sector público, medios de comunicación cerrados y amenaza de reestablecer la pena de muerte_ finalmente podrían terminar con la prolongada búsqueda de ser miembro de la UE por parte de Turquía. El sentimiento anti norteamericano creció debido a que Estados Unidos se negó a entregar al clérigo Fethullah Gulen, quien para Turquía es el responsable del golpe. Siempre hubo idas y vueltas en las relaciones de Turquía con Occidente, pero ahora existe el riesgo de un fisura duradera.

Putin está feliz con su apoyo a un hombre fuerte que enfrenta críticas de las democracias liberales. También aprovechará cualquier oportunidad para abrir una brecha entre Turquía y sus aliados de la OTAN. Eso conlleva riesgos inmediatos para la política de Occidente en Siria. Turquía es un socio poco confiable en la lucha contra Estado Islámico, pero ha sido un conducto crucial para armar a grupos rebeldes que se enfrentan al sirio Bashar al-Assad. Ahora estará presionado para aceptar tácitamente la posición de Moscú de que Assad debe permanecer en el poder durante cualquier transición.

Pese a esos riegos, las negociaciones ruso-turcas sobre Siria podrían tener ciertos efectos positivos. No puede haber solución política al conflicto sin su participación; y ambos países tienen interés en poner fin al asedio de Aleppo, que está mostrando los límites del poder aéreo ruso y podría conducir a un nuevo flujo de refugiados hacia Turquía.

Pese a la angustia en Occidente frente al giro de Turquía hacia la autocracia, es demasiado pronto para perder la confianza en Erdogan. Su viaje a Moscú es un calculado desprecio hacia Occidente, pero también una señal de su pragmatismo subyacente. Turquía no puede darse el lujo de buscarle pelea a todos sus vecinos. Los atentados terroristas y la inestabilidad política están asustando tanto a los turistas como a los inversiones. Rusia puede aliviar la mala situación económica si levanta las sanciones y reactiva acuerdos energéticos. Pero la UE sigue siendo lejos el socio comercial más importante y la OTAN, la mayor garantía de seguridad en una región sitiada.

Quizás tengan más influencia de lo que creen. Turquía tuvo una dura negociación con Bruselas por la crisis migratoria, pero no crecieron los flujos de refugiados desde que el intento de golpe interrumpió sus patrullajes en la costa. Además, a Erdogan todavía le importa lo que piensa Occidente.

La UE y EE.UU. no deberían hacer concesiones en su relación con Turquía, pero deben reconocer los desafíos que enfrenta Turquía en el país y en sus fronteras.