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En las calles de Brasil todavía no se palpa la profunda recesión

Economistas afirman que la actividad, incluido el consumo, se enfrió abruptamente pero partió de una base elevada. Y el desempleo subió, pero de "mínimos artificiales"

En las calles de Brasil todavía no se palpa la profunda recesión

Quienes visitan Brasil, acostumbrados a los titulares catastróficos sobre cómo la economía más grande de Latinoamérica está sufriendo su peor recesión en más de un siglo, creen que en las grandes ciudades verán filas de gente a la espera de recibir comida. Pero la semana pasada, la cola más larga sobre Avenida Paulista, una de las calles principales de San Pablo, era de fanáticos del helado que estaban ansiosos por probar los productos de un local recién inaugurado de Ben & Jerry, el fabricante de helados norteamericano.


"La actividad económica cayó mucho", aseguró Maria Laura Martínez, trabajadora bancaria que esperaba junto a un compañero para comprar una bocha de helado por 14 reales (cerca de u$s 4). "Pero aún así, cuando las compañías hacen lanzamientos, como este local u otros kioscos de helado boutique en los barrios, esos productos todavía se ponen de moda".


El gobierno no puede limitar la caída usando estímulo fiscal –su déficit presupuestario creció a casi 10%, uno de los altos del mundo. Mientras tanto, la moneda, el real, se depreció cerca de 30% contra el dólar en un año. "Los extranjeros vienen acá y me preguntan por qué razón este país no ha explotado", contó un administrador de hedge funds en San Pablo que trabaja para una firma extranjera.


Sin embargo, en vez de hacer fila para conseguir papel higiénico importado, como sucede en Venezuela, los brasileños hacen cola para comprar un helado premium importado. La misma situación se observa en los aún atestados aeropuertos y supermercados del país.


Los economistas sostienen que la actividad, incluyendo el consumo, se enfrió abruptamente pero partió de una base elevada. El desempleo subió fuerte, de cerca de 4% en 2014 a 7,6% en enero, mientras que los salarios reales se han contraído. Sin embargo, la desocupación subió desde lo que los economistas consideraban mínimos artificiales y aún ahora recién es marginalmente superior a los niveles considerados "el equilibrio natural" del desempleo en Brasil.


"La recesión comenzó en el segundo trimestre de 2014 pero el deterioro del mercado laboral recién empezó en la segunda mitad del año pasado", dijo Bruno Rovai, economista de Barclays en Nueva York. Además, hay indicios de que el principal sostén de familia todavía tiene empleo. El alza del desempleo llegó a costa de los trabajadores jóvenes o los que están cerca de jubilarse.


"La desocupación que vemos hasta ahora todavía no se concentra en los jefes de familia", dijo. Sin embargo, predijo que el desempleo podría alcanzar los dos dígitos a medida que avance la recesión. Las cifras podrían ser peores a las que se publican porque más gente dejó de buscar trabajo y, por lo tanto, ya no son contabilizados como sin empleo.


Otro factor que sostiene la economía es la red de beneficios sociales que construyó el gobierno. Si bien eso pone en peligro la solvencia fiscal de Brasil porque sube los costos del gasto público más allá de las posibilidades, está brindando protección contra la recesión.


"La red de beneficios sociales quizás suavice parte del golpe de la crisis", dijo Mansueto Almeida, especialista independiente sobre presupuesto publico. Pero aseguró que este efecto amortiguador será limitado. El seguro de desempleo en Brasil, por ejemplo, se extiende por sólo cinco meses.


Mientras tanto, ha regresado el viejo enemigo de Brasil, la inflación. "Cuando hago las compras semanales de artículos básicos como leche y pan, antes gastaba 150 reales pero ahora son 300 reales por lo mismo", contó Martínez, la clienta de Ben & Jerry. Comprar el helado importado es un lujo cada vez menos habitual. "Antes comía helado tres veces por semana, ahora sólo una", agregó.