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Empresas proponen pagar a los jóvenes para que estudien

Con más de 6 millones de puestos vacantes en Estados Unidos, diversas compañías se están transformando en el motor de un replanteo de cómo organizar la capacitación

Empresas proponen pagar a los jóvenes para que estudien

Cuando Levi Hall vio por primera vez el aviso de un programa de capacitación en tecnología de 12 semanas que ofrecía un estipendio a los alumnos que solo tuviesen título secundario y los ayudaba a conseguir un trabajo de tiempo completo y bien remunerado al final del curso, creyó que era una trampa.

"¿Te van a enseñar, pagar, darte un certificado y después ayudarte a conseguir empleo? Pensé que era demasiado bueno para ser cierto", dice el joven de 25 años, que tenía un puesto administrativo con un sueldo mínimo en Florida cuando se inscribió en el curso. "Cuando completé la solicitud, por las dudas, no puse mi número de seguro social verdadero".

Muchos de los otros participantes y graduados jóvenes del programa, organizado por la consultora McKinsey en un centro de capacitación de la Universidad Estatal de Florida (Florida State College) en Jacksonville, se rieron porque se dieron cuenta. Como Levi Hall, todos tenían título secundario.

Pero gracias a obstáculos como la imposibilidad de pagar una carrera universitaria completa de cuatro años, educación secundaria que no enseña habilidades rentables o a lidiar con problemas personales como la monoparentalidad o un conflicto con la ley, pertenecían al creciente grupo de desempleados o subempleados de Estados Unidos. Casi uno de cada seis trabajadores de Estados Unidos encaja en esa descripción.

Sin embargo, como participantes del programa "Generación" McKinsey, que reúne a empleadores y educadores para capacitar a trabajadores para ocupar puestos de trabajo en áreas de alto crecimiento como la tecnología, el cuidado de la salud y la atención al cliente, todos tienen trabajo de tiempo completo, muchos de ellos en empresas nacionales y regionales importantes. Casi otros 1000 jóvenes estadounidenses participaron del programa, que se suman a los 12.000 graduados a nivel mundial.

"Me gustaría haber ido a un colegio secundario que me enseñase habilidades que me ayuden a conseguir trabajo‘, afirma Hall, que obtuvo un certificado en programación informática que lo calificaba para un trabajo mejor pago en el departamento de tecnología de la información de una importante empresa regional de salud. ‘Pero, en verdad, ya no existen. Sentí que esta era mi última oportunidad de estar más preparado para conseguir trabajo"‘

La iniciativa de McKinsey, que empezó hace unos dos años, se convirtió en el programa transfronterizo de empleo para jóvenes más importante, lo cual dice mucho de la disfuncionalidad de los mercados laborales.

Hace años que se viene agrandando la brecha entre las aptitudes que precisan las empresas y las que tienen los trabajadores y enseñan los docentes. Esto es un hecho en todo el mundo —40% de los clientes de McKinsey dicen que la brecha de aptitudes es un factor fundamental de las vacantes de puestos de trabajo—, pero esto afecta particularmente a Estados Unidos, donde la falta de programas de capacitación vocacional como los europeos, redes de seguridad social o apoyo financiero extendido de la familia hizo que para muchos trabajadores sea difícil adquirir las aptitudes adecuadas necesarias para obtener mejores puestos.

Académicos de Harvard atribuyeron la pérdida de un tercio de los trabajos en Estados Unidos durante la gran recesión no a una caída de la demanda, sino a la brecha de aptitudes. Empresarios líderes se quejaron de la falta de aptitudes técnicas de mercado medio en particular, ya que muchos alumnos se reciben con grandes deudas y títulos que no sirven de mucho, al menos en términos de inserción laboral.

Estados Unidos está atravesando una crisis de desempleo juvenil, con tasas de dos dígitos durante 10 años desde la crisis financiera, por no hablar de los niveles récord de desempleo a largo plazo, en especial entre hombres mayores desplazados del sector industrial. Este fue un factor que impulsó las políticas populistas que llevaron a la elección de Donald Trump y la popularidad de Bernie Sanders entre los electores demócratas.

Sin embargo, más de 6 millones de puestos de trabajo siguen vacantes. Para conseguirlos, la mayoría de los trabajadores precisan tener una calificación entre un título secundario y una costosa educación universitaria de cuatro años. Habrá 55 millones de ofertas de trabajo en la década que termina en 2020 –65% de los puestos requerirán educación superior– según proyecciones del Centro para la Educación y el Trabajo (Center on Education and the Workforce) de la Universidad de Georgetown.

Casi dos tercios de los puestos requerirán educación superior. Pero la mayoría de las categorías de más rápido crecimiento serán las del mercado de los denominados "sub-BA" (títulos de técnico superior universitario), que no necesariamente requieren estudios de grado.

Aquí es donde cobran importancia programas como "Generación", así como otras alianzas entre el sector público y el privado que fomentan la capacitación vocacional como un trampolín hacia una movilidad social y un poder adquisitivo mayores.

"Al margen de países como Alemania y Suiza, la mayor parte del mundo, y especialmente Estados Unidos, considera la capacitación laboral como un hijastro pobre tras un título universitario", afirma Mona Mourshed, jefa de prácticas profesionales de McKinsey y presidenta del programa "Generación".

En Estados Unidos, este prejuicio data de los años sesenta. Desde entonces, se concibe a la capacitación vocacional como un reducto al que van a parar los estudiantes menos afortunados. Algunos temían que esto terminase en una clasificación por clase social o raza.

Sin embargo, dado el pésimo estado actual de la educación secundaria y terciaria de Estados Unidos, apenas uno de cada tres estudiantes secundarios llega a recibirse, un 10% llega a graduarse de una diplomatura de dos años y existe una burbuja de deuda de u$s 1,4 billones que restringe el consumo y el crecimiento económico. Sin lugar a dudas hace falta un nuevo enfoque de la capacitación vocacional.

El jueves el presidente Trump firmó un decreto para ampliar los programas de enseñanza y mejorar los programas de capacitación. Su hija Ivanka y varios ejecutivos de Fortune 500, entre ellos Ginni Rometty de IBM y Andrew Liveris de Dow, lo obligaron a tomar cartas en el asunto. Trump habló de la capacitación de la fuerza laboral como una alternativa a un título de grado, y visitó un programa de capacitación en Wisconsin.

La primera dama estadounidense y Alexander Acosta, secretario de Trabajo, pasaron unos meses en Alemania estudiando el modelo de capacitación vocacional de ese país, que permitió mejorar los salarios y el empleo en relación con otras economías ricas, y les gustaría adoptar aspectos del modelo en Estados Unidos.