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Elecciones en EE.UU: Ganar o ganar en Florida

Hillary pone el foco en la población hispana y Trump en los votantes blancos de más edad

Elecciones en EE.UU: Ganar o ganar en Florida

Donald Trump obtuvo una ventaja en Florida, un estado en el que los republicanos no pueden no ganar. Su éxito depende de que los votantes blancos mayores tengan má peso que la población hispana de rápido crecimiento.

Vivir en Celebration, un pequeño pueblo de unas 7000 almas situado en el centro de Florida, es como ser negro en la década de 1950, afirma Anne Lucas, una residente de 74 años. Algunos de sus vecinos la describen como La Burbuja.

Así es como a los ciudadanos de Celebración les gusta referirse a él. Hace veinte años, el pueblo fue concebido por la Walt Disney Company como una porción idealizada de la historia de Estdos Unidos de mediados de siglo XX: un refugio cuidadosamente diseñado de verandas de madera, porches en el frente y cercas, con el potencial de un estudio de filmación para evocar impresiones reconfortantes de inocencia de pueblo pequeño.

Sentada en su prolija sala de estar con su esposo Gene, Lucas no tiene dudas de cuál de los dos principales candidatos a presidente tiene más posibilidades de restablecer la cohesión social y la seguridad compatible con la vida familiar que anhela para Celebration, cuyo emblema es una nena que anda en bicicleta bajo un roble.

"Creo que va a lograr una victoria aplastante: será un momento de 'enfrentar la realidad' en las urnas", afirma sobre Donald Trump, el candidato republicano. Estados Unidos está perdiendo su identidad en medio de la globalización, la inmigración ilegal y la degradación moral, dice Lucas, administradora de un geriátrico que está semi-retirada. "Rusia es un país fuerte. China es un país fuerte. Japón es un país fuerte. Nosotros no somos más que papilla", sostiene.

Convencer a ciudadanos mayores cultos como los Lucas de presentarse a votar en noviembre será crítico para las esperanzas de Trump de superar su fragilidad entre la población hispana de rápido crecimiento de Florida y conseguir la victoria en el estado estratégico más grande.

Sus chances de lograr esa proeza crecieron. Trump tomó la delantera en las encuestas de opinión de Florida mientras que Hillary Clinton se esfuerza por sacar ventaja de su sofisticado juego estratégico y cientos de millones invertidos en publicidad.

Las encuestas cabeza a cabeza hicieron subir las apuestas en un estado que puede ser decisivo para los resultados de las elecciones de noviembre y tiene un historial de márgenes electorales muy ajustados.

"Mi presentimiento es que va a ser una elección reñida, y que Florida puede ser el factor decisivo", dice Mark Oxner, el presidente del partido Republicano en el condado de Osceola, donde está Celebration. Oxner predice que Trump ganará en el estado y agrega: "Si Trump no gana en Florida, no gana las elecciones".

Trump y Clinton han puesto gran atención en Florida. Clinton viajó a Orlando para retomar su campaña después de una pausa provocada por un episodio de neumonía. Trump hizo campaña en Fort Myers el lunes después de visitar Miami apenas tres días antes.

Su foco de atención refleja la antigua y célebre importancia del estado en las elecciones presidenciales. Las torpezas en las actas de recuento de votos fueron fundamentales en las elecciones de 2000, en las que George W Bush venció a Al Gore luego de que el recuento llegase a la Corte Suprema. En 2012, Florida fue el único estado con una diferencia inferior a un punto porcentual, ya que Barack Obama venció a Mitt Romney por un pequeño margen. La última vez que el ganador de Florida no ganó la presidencia fue en 1992, cuando Bill Clinton perdió a manos de George W. Bush.

Centro de la campaña

Celebration está situado en el centro de una de las partes más impredecibles y disputadas del estado: el denominado "corredor I-4", un tramo de autopista que incluye a Tampa en la costa oeste y Orlando más hacia el este.

Es una región que se encuentra en medio de una vertiginosa expansión de la población y un rápido cambio social impulsado por la llegada de cientos de miles de familias, muchas de las cuales son hispanos que se ofuscaron ante la invectiva nativista de Trump.

En este contexto, la capacidad de Trump para convencer a una cantidad significativa de floridenses blancos -especialmente ciudadanos mayores- de que se presenten a votar definirá su chance de ganar. Casi el 20% de la población de Florida tiene 65 años o más, el porcentaje más alto del país. Encuestas del Pew Research Center revelan que el 47% de los votantes empadronados de 65 años o más de todo el país apoyan a Trump, en comparación con el 39% que se inclina por Clinton.

El perfil de los partidarios de Trump en Celebration y en los barrios cerrados de la zona -blancos, de buen pasar y cultos- desafía la impresión común que depende de un pequeño círculo de hombres de clase trabajadora a quienes el estancamiento de los sueldos y la desindustrialización dejaron sin esperanzas.

"Los votantes blancos mayores tienden a ser un sector demográfico clave para Donald Trump", sostiene Kevin Wagner, profesor asociado de política de la Universidad Atlántica de Florida. "'Devolver la grandeza a Estados Unidos' es un eslogan que llega mucho a los votantes mayores. Recuerda el apogeo del mejor momento del país." Para algunos residentes mayores de Celebration, los cambios fuera de su pueblo son motivo de preocupación y esperan respuestas de Trump. Lucas se queja de que el condado de Osceola ha recibido un flujo de familias más pobres: cree que las autoridades las están atrayendo para conseguir subsidios federales. Jim Siegel, otro partidario de Trump, advierte que inmigrantes ilegales y personas sin techo que están dispuestos a trabajar "casi a cambio de nada" están haciendo bajar los sueldos en el condado, donde casi una de cada cinco familias vive en la pobreza y muchos moteles locales alojan a familias sin hogar.

A pocos minutos en auto de Celebration, están los centros comerciales, los restaurantes de comida rápida y las tiendas de regalos de bajo precio del centro del parque temático de Estados Unidos. Disney World y Universal Studios planifican nuevas expansiones y un resurgimiento de la construcción de viviendas unifamiliares, lo que aumenta las oportunidades para los constructores, así como los puestos de trabajo de baja remuneración en el crucial sector hotelero.

El crecimiento y la diversidad de la población de estas zonas representan una clara oportunidad para la campaña de Clinton. De las 30 metrópolis estadounidenses, Gran Orlando, de la cual el condado de Osceola forma parte, es la de más rápido crecimiento. Esto se debe, en gran medida, a la población hispana en rápida expansión.

En Osceola, la población hispana creció un 20% entre 2012 y 2015, impulsada por las llegadas desde el económicamente afectado Puerto Rico. "La nueva demografía va a marcar una gran diferencia a favor de Clinton, suponiendo que puedan aumentar la participación electoral a lo largo del corredor I-4," afirma William Frey, demógrafo de la Brookings Institution, un centro de expertos.

Viviana Janer, comisionada del condado demócrata de Osceola, sostiene que durante la campaña se abrieron 11 sedes a lo largo del corredor I-4, cuatro de ellas en Gran Orlando, a medida que el partido intensifica los esfuerzos para que los votantes hispanos participen. Cientos de miembros de personal pagos y voluntarios se encargan de los centros de llamadas de propaganda y salen a hacer campaña puerta a puerta. Sus esfuerzos se centran en empadronar y convencer a la gente de ir a votar, así como en lograr que se extienda el horario de apertura de los colegios electorales.

'Opción descartada'

Trump evitó hacer una jugada estratégica tradicional en estados clave como Florida; no obstante, los republicanos insisten en que trabajaron durante tres años para ganarse a los votantes hispanos. Los militantes asistieron a eventos religiosos y festivales culturales en Gran Orlando en búsqueda de conversos políticos.

Sin embargo, la retórica de Trump sobre la inmigración desactivó buena parte del voto hispano, especialmente después de que el empresario redoblara la apuesta sobre sus rígidas políticas migratorias tras un viaje a México, sostiene Janer. "Muchas de las personas con las que hablé, que quizás estaban a punto de considerarlo o incluso ya lo estaban considerando, lo descartaron por completo por su discurso."

Una de esas personas es Sammy Torres, que trabaja como ayudante de cocina en un restaurante de Disney World y en otro restaurante local. El argumento de que Trump malogrará el progreso económico que se ha venido registrando, por ejemplo debido a sus políticas ambiguas y oscilantes sobre el salario mínimo federal, es fundamental para el discurso demócrata que apunta a los trabajadores del sector de servicios de baja remuneración a lo largo del corredor I-4.

Torres, que gana u$s 11,50 por hora y cuyos padres son de Puerto Rico, se sienta a comer en una sucursal de McDonald luego de terminar su turno. Perdió su casa en la crisis inmobiliaria de Florida y ahora vive en un motel local. Él y otros trabajadores empleados por la empresa de catering Sodexo en la zona están tratando de afiliarse al sindicato local, Unite Here, para fortalecer sus condiciones de empleo.

Torres manifiesta desprecio hacia Trump. Planea votar a Clinton, pero parece más fascinado por la idea de que Clinton regrese a la Casa Blanca que su mujer, y señala que el exmandatario presidió una época de fuerte crecimiento y de aumento del precio de la vivienda en la década de 1990. "Yo sé lo que Bill Clinton puede hacer", dice.

Esto habla de la brecha de entusiasmo que deberá zanjar la campaña de Clinton si pretende sacar provecho de las favorables fuerzas demográficas de la región. La participación entre los votantes hispanos es sistemáticamente inferior, en comparación con otros grupos: solo 48% de los latinos elegibles votaron en 2012, frente al 67% de votantes negros y 64% de blancos.

Un dato preocupante para Clinton es que, según una encuesta realizada recientemente por Univision, Hillary viene ganando una fracción del electorado hispano menor que la que logró Obama en 2012.

En una concentración en el vecino condado de Orange este mes, Hillary procuraba entusiasmar a una multitud de unos pocos cientos de seguidores. En un reproche al enfoque insular de Trump, dijo que no hay marcha atrás en la "época interdependiente" en la que confluyen diferentes religiones, grupos étnicos y estilos de vida, como en Gran Orlando.

La modesta multitud se mostró entusiasta, aunque para nada eufórica. Juanita Riley, una consejera de salud mental jubilada de 65 años de edad, afirma que Hillary debe ponerse a la altura de los votantes luego de la controversia sobre el uso de un servidor de correo electrónico personal mientras era Secretaria de Estado. "Es como una dama de hierro: no se disculpa con rapidez", comenta Riley. "Creo que está empezando a darse cuenta de que es hora de hablar con la gente, y no evadirla".

Un discurso no convencional

A medida que aumentan los cuestionamientos sobre los esfuerzos de Clinton para movilizar a sus seguidores, los defensores de su rival olfatean una oportunidad. De pie junto a la arena de rodeo polvorienta que lleva adelante en el condado de Osceola, Jed Suhl se enardece con el discurso no convencional de Trump por la presidencia.

Ex domador de caballos salvajes, Suhl se postula como candidato al comisionado republicano de Osceola, un área dominada por funcionarios demócratas. Suhl busca una aplicación en su teléfono móvil para identificar a posibles seguidores. Afirma que, yendo de puerta en puerta, descubrió una afinidad inesperada hacia Trump entre los votantes independientes, entre ellos una familia de origen mexicano.

Suhl no cree que el condado de Osceola vote al partido Republicano, pero una fuerte presencia de Trump podría ayudar a hacer virar el distrito a su favor. Como quedó demostrado en las elecciones del 2000, cada voto cuenta en Florida. "Vamos a ver si logra ganar en este estado", sostiene. "Ha sido un ganador toda su vida".