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El vicepresidente Temer tendrá la oportunidad de estabilizar Brasil

La primera tarea de Michel Temer será recuperar la confianza de los inversores y estabilizar la economía. También debe evitar verse envuelto en el caso de corrupción

El vicepresidente Temer tendrá la oportunidad de estabilizar Brasil

Lo más probable es que Brasil tenga un nuevo jefe de Estado a fines de esta semana. Es casi seguro que el Senado inicie el proceso judicial de destitución contra la presidenta Dilma Rousseff. Michel Temer, el vicepresidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño de la oposición, tomará su lugar como presidente interino.


Éste es un proceso sumamente complicado, casi revolucionario. De hecho, Rousseff y sus defensores tanto dentro como afuera del país –como Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista del Reino Unido– lo han llamado "golpe de Estado". Sin embargo, esa no es la opinión mayoritaria ni en Brasil, ni en la región.


El 23 de abril, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) rechazó una moción, presentada por Venezuela y Bolivia, que habría ‘repudiado‘ el impeachment de Brasil. Dos días más tarde, el parlamento que supervisa el bloque comercial Mercosur rechazó una moción similar. Hasta ahora, la mayor parte de Sudamérica cree que el orden constitucional de Brasil está intacto.


Hasta ahí llegan las ramificaciones internacionales inmediatas de la probable destitución a Rousseff. En Brasil, Temer enfrenta cuatro enormes desafíos, aunque no son únicos. En un caso de experiencias paralelas de dos países que están lidiando con el final del superciclo de las materias primas y con el legado de más de una década de gobierno populista, Mauricio Macri, el nuevo presidente de Argentina, enfrenta problemas similares.


Al igual que Macri, el primer reto de Temer será recuperar la confianza de los inversores y estabilizar una economía seriamente afectada por la recesión. Para eso, Temer ha comenzado a armar un equipo creíble de asesores. Circularon los nombres de Henrique Meirelles –ex presidente del Banco Central de Brasil– como posible candidato para ser el ministro de Finanzas, y el de Ilan Goldfajn –el respetado economista jefe de Itaú, el mayor banco de Sudamérica para encabezar el banco central.


Si ellos, o candidatos de un nivel similar, pueden inyectar una dosis de optimismo en el maltratado sector privado brasileño, la economía, que quizas haya tocado fondo, podría renacer con nueva energía. En segundo lugar, Temer debe evitar una revuelta social al mismo tiempo que implementa un antipático ajuste fiscal. Será necesario subir impuestos y recortar los costos para impedir que la deuda pública brasileña siga aumentando. Esta tarea es difícil, pero no imposible. Un blanco obvio para obtener ingresos adicionales son los dividendos, que actualmente las empresas privadas brasileñas pagan a sus socios y propietarios libre de impuestos.


En tercer lugar, Temer tendrá la esperanza de evitar verse envuelto en el caso de corrupción de Petrobras. Este escándalo ya ha "atrapado" a más de la mitad del Congreso y no se sabe si Temer puede enfrentar un destino similar.


La investigación que lleva dos años está encabezada por un Poder Judicial casi fanáticamente independiente: la semana pasada, los fiscales federales presentaron una demanda por daños de u$s 44.000 millones contra las compañías mineras Vale y BHP Billiton. Sergio Moro, el juez que lidera el proceso, dijo el mes pasado que espera que la pesquisa de Petrobras se cierre para la Navidad.


Por último, Temer debe construir una mayoría en el Congreso. Pese a que es un astuto negociador, ésta es quizá su más difícil tarea, sobre todo porque el escándalo de corrupción de Petrobras ha fracturado al Congreso en innumerables remolinos de agitadas facciones, no sólo entre los partidos, sino también dentro de ellos. Temer ya ha tenido que dejar de lado los planes anteriores de reducción del número de ministros porque tales nombramientos son una forma tradicional de repartir favores y, por lo tanto, armar coaliciones.


Una lección que deja esto es que, en ambos países, a la mayoría de los ciudadanos les importa poco la política partidista; solamente quieren que su país esté razonablemente bien dirigido y están dispuestos a darles a los nuevos líderes la oportunidad de hacerlo, al menos durante un tiempo. A pesar de todos los obstáculos, Temer tiene una oportunidad de estabilizar la bamboleante situación de Brasil.