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El verdadero costo del muro

Los planes del presidente pueden tener un gran impacto en las economías locales de pueblos y ciudades a ambos lados de la frontera

El verdadero costo del muro

Con Trump en la presidencia de EE.UU., el muro fronterizo - quizás la quintaescencia de la propuesta de su campaña y la última palabra en las relaciones amistosas entre EE.UU. y México- esta a punto de convertirse en política.

Cómo afectará a las personas que viven en las ciudades y pueblos que se ubican en las 3200 km de frontera no está claro aún. Tampoco está claro cuánto va a costar todo. Trump prometió muros de varias alturas y longitudes durante toda la campaña. Para el momento en que venció a Hillary Clinton en las elecciones, ya había admitido que algunas partes del muro podrían ser "vallas".

Partes del muro ya son vallas. Se construyeron aproximadamente 1100 km de vallas de metal a lo largo de la frontera sur de conformidad con la Ley del Cerco Seguro de 2006. Eso costó alrededor de u$s 2400 millones. Todd Sternfeld, jefe ejecutivo de la compañía de construcción con sede en Texas, Superior Concrete Products, estima que 3220 km de muro podrían costar hasta u$s 50.000 millones.

A ese precio -si EE.UU. paga la cuenta- Trump podría construir la Presa Hoover 70 veces. No es de extrañar que algunos duden que el muro se construya.

"En primer lugar, nadie piensa que vaya a suceder", dice Julie Kershner, una agente de bienes raíces en Los Cabos, un enclave de alta gama en el estado mexicano de Baja California. Como tal, Kershner dice que a sus compradores, de los cuales el 65% son de EE.UU., no les afecta el muro. "No es un problema", dice ella.

Sin embargo, eso podría ser una ilusión. La perspectiva de que no se construya no evitó que las acciones de las empresas constructoras que podrían construir el muro se dispararan. El día después del triunfo de Trump, las acciones de Vulcan Materials, con sede en Alabama, registraron su mayor ganancia de precios de un día desde que la compañía comenzó a cotizar en bolsa en enero de 1972, con un aumento del 9,9%; las de Martin Marietta Materials, con sede en Carolina del Norte, aumentaron en un 12%.

Si alguna compañía recibe el visto bueno para la construcción del muro, el impacto sobre los mercados de bienes raíces a lo largo de la frontera podría ser profundo. Si las estimaciones son correctas, les tomará a 40.000 trabajadores al menos cuatro años construirlo, lo cual podría elevar los alquileres y los precios de la vivienda en ciudades fronterizas estadounidenses como Calexico y San Ysidro en California, y Laredo en Texas.

Si México termina costeando el muro -como Trump ha dicho muchas veces- esos beneficios se transferirían al lado sur de la frontera. Un intrépido inversionista quizás desee arriesgarse con Ciudad Juárez, la ciudad mexicana en la frontera sur de El Paso.

Los compradores estadounidenses acaudalados ciertamente no parecen estar perdiendo el apetito por las propiedades mexicanas de primera categoría. El valor del peso frente al dólar se redujo a la mitad en cinco años y perdió un 13% tras la elección, haciendo que las propiedades en sitios populares para poseer una segunda residencia, como Los Cabos, Playa del Carmen y Cancún, luzcan un poco más atractivas.

Sin embargo, todavía podría haber motivos de preocupación. Antes de las elecciones, el senador mexicano Armando Ríos Piter sugirió que las propiedades de estadounidenses al sur de la frontera podrían ser confiscadas si la política exterior de Trump tuviera un impacto demasiado negativo sobre la economía mexicana. Actualmente, el derecho de los compradores estadounidenses a poseer propiedades en México está respaldado por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que, por supuesto, Trump amenazó con anular.

Compradores de México, Brasil y Argentina ya han desertado del mercado estadounidense en masa. "Hemos tenido una brusca caída en el número de compradores latinoamericanos en los últimos 90 días", dice Jerimiah Taylor de Keller Williams en San Diego.

Taylor dice que los acaudalados expatriados mexicanos que normalmente pagan de u$s 2 millones a u$s 5 millones por una casa en San Diego están liquidando sus activos inmobiliarios en EE.UU. y tomando rumbo sur, hacia el otro lado de la frontera. "Yo estuve hablando con dos agentes que se ocupan principalmente de ese mercado. Uno sentía que estaba totalmente impulsado por la economía del peso débil. El otro sentía que había dudas en torno a la situación política con nuestro nuevo presidente electo", dice. "Sus clientes están preocupados de que sus hijos sean intimidados en la escuela".

El número de compradores latinoamericanos disminuyó en Miami también, dice Allan Kleer de Fortune International Realty. Según la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios, el porcentaje de mexicanos que compran casas en EE.UU. disminuyó desde el 7,9% de las ventas internacionales en 2012 hasta un 4,6% el año pasado.

Entre marzo de 2015 y marzo de 2016, calculan que, para aquellos quienes compran en pesos, el precio promedio de una casa en EE.UU. aumentó en un 22%. Pero la dura retórica también ha jugado un papel.

El aumento de la hostilidad en EE.UU. hacia México puede trazarse en la proyección de las zonas fronterizas en el cine y la literatura, afirma Josiah Heyman, director del Centro de Estudios Interamericanos y Fronterizos de la Universidad de Texas en El Paso.

Estima que más de 1 millón de personas trabajan en el lado mexicano de la frontera, en las plantas de ensamblaje, o maquiladoras, que benefician a las compañías y a los consumidores estadounidenses. La administración Obama estima que el comercio mexicano-estadounidense tiene un valor de aproximadamente US$1.6 mil millones al día.

"Francamente, muchas de las ideas que tiene EE.UU. sobre México son de abnegación hipócrita", dice Heyman. Estas proyecciones son "más un reflejo de nosotros mismos que de la realidad del otro".

La percepción de la frontera con México como un lugar de libertinaje puede remontarse a la era de la prohibición de la década de 1920. "Creó un enorme negocio de alcohol, juego y sexo en el lado sur de la frontera", dice. "El hecho es que Tijuana no se habría convertido en una capital de tráfico sexual si no hubiera sido por la demanda del sur de California".

El papel de la demanda estadounidense se encuentra notablemente ausente en cualquier conversación sobre el muro de Trump, dice. Como elemento de disuasión para la migración ilegal, la política no reconoce que los migrantes indocumentados vienen a EE.UU. porque saben que pueden conseguir trabajo aquí.

Como medio para reducir el contrabando de drogas, no reconoce que, aunque las drogas llegan a EE.UU. procedentes de México, hay un comercio en la frontera que va en la otra dirección: las armas que van hacia el sur, de EE.UU. a México. El brusco aumento de la violencia armada entre los cárteles de la droga mexicanos es resultado de la guerra contra las drogas encabezada por EE.UU., dice Guadalupe Correa-Cabrera, una politóloga afiliada al grupo de estudio Wilson Center. "Las estrictas leyes estadounidenses han tenido la consecuencia involuntaria de obligar a los cárteles a organizarse mucho mejor", asevera.

El contrabando de drogas y la trata de personas son negocios como cualquier otro, dice. La construcción de un muro probablemente sólo aumentará el incentivo económico para la delincuencia. "Si hay más formas de ganar dinero, las bandas criminales se van a organizar más y se volverán más eficientes", afirma.

Si se construye el muro, la ganancia a corto plazo en las ciudades fronterizas generada por la afluencia de trabajadores de la construcción probablemente disminuirá conforme sus economías - que alguna vez fueran sufragadas por la relativamente libre circulación de personas entre EE.UU. y México - se volverían menos viables.