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El triunfo de Sanders obliga a Clinton a repensar su estrategia

Tras la sorprendente derrota por 20 puntos en New Hampshire, Hillary Clinton ayer analizaba la manera de contener el envión de su rival demócrata Bernie Sanders para las próximas primarias en los estados de Nevada y Carolina del Sur.

Ambas votaciones eran antes consideradas victorias fáciles para la ex secretaria de Estado. Pero su decisión de redefinir su estrategia y mensaje de campaña es un reconocimiento de que el autodefinido socialista demócrata es una amenaza mayor a lo que ella creía.

Clinton le gana a Sanders entre los votantes hispanos y afroamericanos –dos grupos que están poco representados en New Hampshire y Iowa– pero Sanders empieza a entrar en nuevos grupos de seguidores.
Ayer a la mañana, Sanders se reunió con el Reverendo Al Sharpton, activista de derechos civiles, para prepararse para las primarias en Carolina del Sur a fines de este mes, donde más de la mitad de los demócratas del estado son afroamericanos.

Antes se creía que el apoyo a Sanders se concentraba entre los millennials (generación que comprende a quienes tienen entre 25 y 34 años) más jóvenes atraídos por sus promesas de educación superior gratuita y salud universal. Pero los resultados de New Hampshire cambiaron ese concepto.

Una persona relativamente desconocida hasta el año pasado, el senador por Vermont de 74 años derrotó a Clinton 59,8% a 38,6%, un margen de victoria que, según algunos seguidores de Clinton, casi duplica lo que se esperaba.

Según los boca de urna, Sanders superó a Clinton entre las votantes femeninas 55% contra 44%. De hecho, le ganó en casi todos los grupos demográficos, a excepción de los votantes de más de 65 años o que tenían un ingreso anual superior a u$s 200.000.

Entre los votantes entre 18 y 29 años, Sanders ganó por un margen de casi 5 a 1. También derrotó a Clinton en muchos de los distritos de obreros blancos donde ella había superado a Barack Obama en 2008, señal de la creciente frustración popular con Washington y la economía, incluso entre quienes antes habían apoyado a Clinton.

Si bien ella llegó a ser una clara favorita en la carrera demócrata, le resulta difícil responder a las críticas de Sanders sobre su relación con Wall Street, su posición como verdadera progresista y su decisión de cobrar sumas de seis cifras para hablar frente a grandes instituciones financieras.

En un reciente debate Clinton dijo que las repetidas críticas de Sanders a sus lazos con Wall Street eran una "habilidosa difamación".

En el bando de Clinton está la sensación de que los problemas de ella van más allá del contragolpe del establishment e incluye el mismo mensaje. Su discurso político carece de los puntos claros y concisos que tiene la plataforma de Sanders, sostiene su staff, y en cambio cubre una amplia gama de temas, que va desde política exterior y economía hasta los derechos de las mujeres.

En el discurso el martes en el que admitió la derrota, hubo señales de que Clinton quiere sonar más como Sanders. Se centró en su compromiso de derogar leyes que dan a las compañías libertad para financiar campañas políticas y aplicar mano dura a las instituciones de Wall Street, los dos principales temas del típico discurso de campaña de Sanders.

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