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El trabajo automatizado, un muro para las promesas laborales de Trump

La producción industrial alcanzó picos históricos, pero la ocupación en el sector sufre un deterioro a largo plazo porque las empresas se apoyan en la robotización

En un taller del centro de Búfalo, Nueva York, un robot transforma el caos en orden. Componentes metálicos mezclados -mitades de bisagras para puertas de camiones- se toman de una canasta de algunas a la vez y se esparcen en forma desordenada en una cinta transportadora.
Uno por uno, el brazo robótico los recoge, espera una fracción de segundo mientras su software decide qué hacer, y luego los coloca en la posición exacta en un soporte, siempre en forma correcta.
"Estas tareas son muy difíciles para los robots, pero sencillas para los humanos. Recoger recipientes al azar es un gran desafío", afirma Michael Ulbrich, director de Buffalo Manufacturing Works, el grupo propietario del robot y el taller.
Su misión, apoyada por el estado de Nueva York, es ayudar a los fabricantes locales a desarrollar nuevos productos y procesos que los ayuden a hacer negocios en mercados mundiales altamente competitivos.
El clasificador automático de bisagras utiliza cámaras de alta resolución y un software sofisticado para realizar una tarea que hasta ahora requería intervención humana. El robot reemplazará a trabajadores en la fábrica de componentes para camiones que lo utilizará, pero también ayudará a la empresa a permanecer en el negocio.
"Los robots ahora son mucho más accesibles para empresas pequeñas y pueden generar un retorno de la inversión mucho más rápido", sostiene Ulbrich. "La automatización les permite a estas empresas crecer y ser rentables, y dar empleo a más personas".
El declive industrial fue un tema clave de la campaña presidencial de Estados Unidos. Afirmar que acuerdos comerciales 'horribles' habían hecho que puestos de trabajo se escapasen a México y China ayudó a Donald Trump a ganar en los estados industriales de Wisconsin, Michigan, Ohio y Pensilvania. En un video en el que da a conocer sus planes para los primeros 100 días de su gobierno, Trump dijo que quería que 'la próxima generación de producción e innovación tenga lugar aquí, en nuestro gran país'.
El atractivo de su mensaje es obvio: El sector industrial de Estados Unidos perdió alrededor de 5 millones de puestos de trabajo, o 30% de su personal, desde 2000. Pero estas cifras solo cuentan la mitad de la historia. La participación de la industria en el producto bruto interno ha caído, pero la producción industrial creció y alcanzó récords históricos este año. En el tercer trimestre, estuvo 32% por encima del bajo nivel que registró durante la recesión de 2007-09 de Estados Unidos, según lo reflejan cifras oficiales.
"Hace diez años, la gente decía que Estados Unidos iba a perder por completo el control sobre el sector industrial. Ahora dice: es increíble, no ocurrió lo que esperábamos", afirma Craig Giffi, un vicepresidente de la consultora Deloitte. "Y a medida que la industria se vuelve más sofisticada, es posible volver a trasladar más producción a economías desarrolladas".
El crecimiento registrado de la producción de Estados Unidos ha sido muy lento en los últimos años, lo cual implica que la tecnología de la industria se está estancando. Pero las fábricas sostienen que el avance es mayor que lo que reflejan los números.
"El crecimiento de la producción es lento cuando la economía refleja una tasa de crecimiento del 1%", sostiene Hal Sirkin, director general de Boston Consulting Group. 'Realmente creo que la producción nacional va a resurgir.'

Fabricar en Estados Unidos

En lugares como Búfalo, hay indicios de que la producción nacional tiene un futuro prometedor. Solo que este futuro no incluiría millones de nuevos puestos de trabajo.
La ciudad, de 260.000 habitantes, fue una potencia de fabricación desde el siglo 19 y hasta mediados del siglo 20. Curtiss-Wright, la empresa de Búfalo, alguna vez fue el fabricante de aviones más grande del mundo, pero no pudo superar el desafío de la era de los jets. Otros sectores se vieron afectados por la competencia mundial y los cambios tecnológicos que azotaron al resto de la industria estadounidense. En 1969, el sector de la industria de Búfalo daba empleo a más de 180.000 personas.
Si bien todavía posee un sector pujante que da empleo a unas 51.000 personas, las casas abandonadas en el deteriorado margen este de la ciudad son la prueba del impacto destructivo de la pérdida de puestos industriales.
Como otras regiones industriales deterioradas, el área de Búfalo votó a Trump. Si bien el estado de Nueva York en general optó por Hillary Clinton, su rival demócrata, el área alrededor de Búfalo apoyó a Trump por 50% contra 46%.
Sin embargo, a lo largo de las marcas visibles de deterioro, algunos productores de Búfalo están prosperando. Cerca del centro de la ciudad, en un sitio que ha ocupado durante más de un siglo, la empresa familiar Eastman Machine da empleo a 122 personas que fabrican máquinas para cortar telas, e incluso herramientas de mano simples y sistemas controlados por computadora avanzados. Exporta la mitad de su producción a clientes fabrican desde aviones hasta remeras, y también tiene buenas ventas en economías emergentes como Bangladesh y Vietnam.
Una de las razones por las que Eastman sigue siendo competitiva es que la mano de obra constituye una proporción muy pequeña de los costos totales: solo alrededor de 3%. Empresas competidoras de China y otras partes podrán pagar sueldos más bajos, pero esto no les da mucha ventaja.
"Si se puede ofrecer soluciones a los problemas de los clientes, es posible mantenerse en el negocio", afirma Robert Stevenson, el director ejecutivo que es la cuarta generación de su familia al frente de la empresa. "La producción estadounidense es superior en calidad y confiabilidad".
Los costos de mano de obra se mantuvieron bajos, agrega, gracias a un marcado aumento de la productividad logrado con prácticas de trabajo más eficientes. "En las décadas de 1960, 1970 y 1980, las reglas del trabajo aplastaron la producción. Había que tener más empleados de los necesarios", afirma. "Le dijimos a nuestra gente: estamos comprometidos a fabricar aquí. Pero ustedes deben cambiar."
Donde alguna vez las reglas dictaban que debía haber un trabajador por máquina, Eastman ahora puede tener un empleado manejando tres máquinas controladas por computadora.
La historia es similar en una de las empresas manufactureras más grandes de la región: la planta de motores Tonawanda de General Motors al norte de Búfalo cerca de las Cataratas del Niágara. La planta está a plena potencia, trabajando tres turnos por día de domingo a la noche a sábado, fabricando motores para autos como la Suburban y las SUV Tahoe de Chevrolet, cuyas ventas están en auge.
Se puede caminar por las secciones del piso de la planta y no ver casi a nadie. Robots levantan los bloques de motores de 23 kilos, los giran y trabajan sobre ellos, en general sin que los vean. No todas las tareas están automatizadas. Cuando la planta empezó a fabricar los motores más grandes V6 y V8, volvió a recurrir al montaje manual. Pero la productividad sigue en franco aumento. Incluso ahora, en pleno auge de producción, la planta tiene 400 empleados hace menos de una década.
Cuando Steve Finch, el gerente de la planta, llegó a Tonawanda, poco antes de la recesión y el rescate de GM, contrató a 2100 empleados. En 2009, ya eran apenas 800.
"Las cosas estaban mal en todos lados, pero en la industria automotriz era lo peor de lo peor", recuerda el ejecutivo. "Nosotros estamos acá, en el oeste de Nueva York, desde 1935, y a mí me preocupaba mucho saber si la industria sobreviviría a la crisis. Y lo logramos".
El número de empleados ahora subió a 1700. La planta compitió por inversiones de GM contra instalaciones de China y México, y ganó.
"Tal vez no podamos igualar sus niveles salariales, pero podemos reducir la brecha con la productividad y la innovación", sostiene Finch. "Esa es nuestra ventaja estratégica".
La ventaja competitiva de China fue desapareciendo con el rápido crecimiento de los salarios, que llevó a un aumento de la inversión en automatización. "China es cada vez más caro", señala Sirkin. "Y si bien los fabricantes pueden mudarse a Vietnam y otros lugares, la infraestructura allí es sumamente rudimentaria".
A pesar de ello, las empresas que precisan mano de obra barata la encontrarán en Estados Unidos. Según estimaciones de la Reshoring Initiative, que promueve la reubicación de la producción de las empresas en Estados Unidos, estas medidas generaron 265.000 nuevos puestos de trabajo desde el inicio de 2010: alrededor del 5% del número que se perdieron desde el año 2000. La característica clave de un proceso industrial adecuado para la repatriación significa que no se van a crear muchos puestos de trabajo en Estados Unidos.
Sin empleadores masivos
Esa paradoja se ve reflejada claramente en el proyecto bandera de resurgimiento industrial de Búfalo: una nueva fábrica gris y blanca situada en el emplazamiento de una antigua siderúrgica que será utilizada por SolarCity, el negocio de energía solar sobre cubierta que acaba de adquirir Tesla Motors, de Elon Musk.
La fabricación de paneles solares en Estados Unidos ha sido difícil debido a la competencia de las empresas chinas que dominan el mercado mundial. First Solar, el mayor fabricante de paneles solares de Estados Unidos, informó que suspendería la producción y recortaría 450 puestos de trabajo en su planta de Toledo, Ohio. Si Musk tiene éxito con su planta de Búfalo, será un logro impresionante.
Pero los planes de SolarCity dependen de la automatización. Se prometió contratar a 1460 empleados de la ciudad, pero solo unos 500 serían obreros de la producción.
Al igual que la "gigafábrica" de baterías de Tesla que se está construyendo en Nevada, el proyecto también recibe apoyo contundente del gobierno: SolarCity alquilará la fábrica al estado de Nueva York, que comprometió u$s 750 millones a la planta de u$s 900 millones. 'Este es el tipo de empresas que realmente pueden cambiar la trayectoria de la economía aquí', afirma Howard Zemski, director ejecutivo del organismo estatal Empire State Development. "Cuanto más automatizadas son, más tecnológicamente avanzados son los procesos, y cuanto más ajustadas son las tolerancias de producción, más acordes son a las fortalezas de Estados Unidos".
La intervención del gobierno puede generar puestos de trabajo en el sector industrial en cualquier lugar, a un costo. Si Trump cumpliese su promesa de campaña de imponer multas a las empresas que lleven la producción fuera de Estados Unidos, podría llevar a la creación de más empleo nacional. Pero estas iniciativas podrían traer problemas legales y medidas de represalia en el extranjero.
Stevenson no espera que Trump inicie una guerra comercial, pero considera que algunas de sus demás propuestas, incluidos los recortes de impuestos a las empresas, podrían acelerar la reactivación de la producción estadounidense.
El problema para el presidente electo será si esas medidas pueden ayudarlo a cumplir sus promesas de generar un número espectacular de puestos de trabajo.
Búfalo acaba de experimentar un renacimiento, con un frente marítimo renovado, nuevos restaurantes y un aumento de los precios de la vivienda. Sin embargo, si bien los puestos de empleo en los sectores del ocio y la hotelería aumentaron en 6400 en los últimos cinco años, según la Oficina de Estadísticas Laborales, el empleo en el sector industrial se mantiene prácticamente intacto.
El nivel de producción sigue siendo económicamente significativo, según David Autor, economista del Massachusetts Institute of Technology. Representa aproximadamente el 70% de toda la investigación y el desarrollo del sector privado, y hay muchos puestos de trabajo en diseño, ingeniería y demás áreas que dependen de las plantas industriales. Pero el papel que desempeña este sector en el mercado laboral ha cambiado.
'Aquí habrá más producción, pero esto no implicará más personas. No se va a emplear a trabajadores competentes de bajo nivel educativo que hayan quedado afuera de la fuerza de trabajo en los últimos 15 años', señala Autor. 'Eso, en gran medida, se terminó'.

Setenta años de decadencia

El impacto de China es de menor alcance que el cambio tecnológico
En el tradicional argumento sobre si fue el comercio o la tecnología lo que acabó con tantos millones de puestos de trabajo en el sector industrial de Estados Unidos, los trabajos de investigación recientes apuntan en general a la misma conclusión: fueron ambos.
No obstante, a largo plazo, la tecnología tuvo el impacto mayor. Michael Hicks, profesor de economía en la Universidad Ball State de Indiana, el año pasado concluyó que solo el 13% de los 5,6 millones de puestos de trabajo perdidos en el sector industrial estadounidense durante el período 2000-2010 fue causado por el comercio internacional, mientras que el resto se debió al aumento de la productividad.
Los sectores de uso intensivo de mano de obra se vieron mucho más perjudicados por el comercio internacional. Según Hicks, alrededor del 40% de las pérdidas de empleos de la industria del mueble y el 45% del sector de la indumentaria fueron causadas por cambios en el comercio.
El Economista del MIT David Autor sostiene que las estimaciones iniciales subestimaron el daño causado por el comercio porque no contabilizaron adecuadamente el impacto que tiene en la comunidad la pérdida de empleos en fábricas y lo difícil que le resulta a los desempleados encontrar trabajo.
El profesor Autor y sus coautores argumentaron en un artículo publicado el año pasado que el auge de las exportaciones de China de 1999 a 2011 le costó a Estados Unidos la pérdida de 2 a 2,4 millones de puestos de empleo, lo que contribuyó a una 'caída' del empleo total. Si bien el comercio es beneficioso para el mundo en su totalidad, "cuando sucede así de rápido a esa escala, puede ser extremadamente perjudicial y causar cicatrices de larga duración en el mercado laboral".
Sin embargo, el impacto de China fue un hecho aislado, y en el largo plazo el cambio tecnológico fue lo que provocó la pérdida de empleos en el sector industrial. "El empleo en el sector industrial estadounidense viene cayendo desde 1943, y esto mayormente no fue por causa de las importaciones", señala el profesor Autor.