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El terrorismo no podrá ganar en Gran Bretaña

El terrorismo no podrá ganar en Gran Bretaña

El atentado terrorista de Manchester es un cruel acto de violencia contra jóvenes inocentes. Todos los ataques terroristas son atrocidades deliberadas, pero éste se destaca porque apuntó a los jóvenes. Andy Burnham, el alcalde de la ciudad, lo dijo claramente: "Este fue un acto malvado".

Todavía no se determinaron los detalles completos de quién y qué motivó el atentado. Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) se atribuyó la responsabilidad, pero parece ser obra de un único atacante suicida decidido a indiscriminadamente matar niños, adolescentes y familias. Es difícil de comprender la depravación; el enojo y la desesperación son las respuestas naturales. Los atentados terroristas de este tipo se han convertido en un hecho de la vida en los países occidentales, por más lamentable que sea. En menos de un año, estallaron bombas terroristas en el subte y en el aeropuerto de Bruselas. Durante las celebraciones por el Día de la Bastilla en Niza hubo un ataque, al igual que en un mercado navideño en Berlín y en un club nocturno el Orlando. Esos actos fueron diferentes en cuanto a su naturaleza pero tenían un objetivo común: generar temor y provocar ira con el fin de debilitar los valores de la democracia liberal.

El ataque en Manchester se produjo en un momento particularmente sensible para el Reino Unido, en el medio de una tensa campaña electoral donde la seguridad de país es un tema clave. Resuenan el asesinato del soldado Lee Rigby en el sureste de Londres –el lunes mismo se cumplieron cuatro años de ese hecho– y del lobo solitario que atacó en Westminster. Los políticos británicos tomaron el enfoque correcto: la campaña se ha suspendido y los dirigentes políticos pidieron la unidad inmediatamente después del atentado. La primera ministra Theresa May, el líder de la oposición Jeremy Corbyn y Burnham eligieron el tono correcto para pedir calma.

Como siempre surgirán preguntas sobre si el ataque podría haberse evitado, y si la policía y los servicios de seguridad podrían haber hecho más. Todos los atentados dejan lecciones sobre qué se puede hacer para proteger a los ciudadanos, pero las fuerzas de seguridad británicas hacen un excelente trabajo. Es imposible interceptar todas las amenazas. Los ciudadanos deben aceptar que vivimos en un mundo inseguro.

La única respuesta adecuada frente al terrorismo es la decisión colectiva. No podemos olvidarnos de esas agresiones, pero tampoco deberíamos permitirles que nos obliguen a cambiar nuestra forma de vida. Las sociedades democráticas dependen de la discusión pública abierta y honesta. Los ciudadanos de Gran Bretaña comprenden que en el mundo moderno, hay inevitables compensaciones entre libertad y seguridad, entre seguridad y privacidad y la necesidad de proteger la nación. Los políticos no deberían tener miedo a presentar al pueblo estas difíciles opciones.

Quienes perpetraron este ataque tienen la esperanza de sembrar división y socavar los valores de la democracia británica. La respuesta en Manchester, donde todos desde los servicios de emergencia hasta los taxistas salieron en ayuda de las víctimas y familias afligidas, es la mejor réplica a los agentes del terror. Manchester ha enfrentado el terrorismo antes y perduró. Lo hará de nuevo.