El sector petrolero sufre las consecuencias del coronavirus

El precio del crudo cae en picada. Ya retrocedió más del 20% respecto de sus picos máximos del mes pasado. El crecimiento de la demanda mundial podría ser básicamente nulo en 2020.

Mientras los temores por el coronavirus sacuden los mercados globales, la industria petrolera se enfrenta a una incómoda verdad: es probable que las cosas empeoren antes de mejorar.

FGE, una consultora especializada en el sector energético, ahora pronostica que el crecimiento de la demanda mundial de petróleo será básicamente nulo en 2020, sin que aumente por primera vez desde la crisis financiera.

La proyección, aunque más pesimista que otras, tiene en cuenta que el brote de Covid-19 ya ha afectado a unas cuantas naciones más, además de China.

El número significativo de casos en Irán, Corea del Sur e Italia eleva las probabilidades de que el virus se siga propagando, lo que lleva a los países a aislar las zonas afectadas y limitar los viajes. Esas medidas disminuyen la demanda de petróleo.

La industria petrolera tiene buenas razones para estar preocupada. En el momento más álgido de las cuarentenas en China, la demanda de crudo en el país se redujo por lo menos 25%. Eso fue suficiente para que los precios del petróleo cayeran en picada, dejándolos más de 20% por debajo de sus niveles máximos de principios de enero, en torno a los u$s 50 el barril.

Pocos esperan que los países occidentales apliquen las mismas medidas draconianas observadas en China, con ciudades enteras bloqueadas. Los efectos para la gente en general y para la economía podrían ser demasiado severos.

Pero incluso si se extrapola sólo un tercio del impacto en la demanda observado en China al consumo de petróleo norteamericano, aún implica una pérdida a corto plazo de casi 2 millones de barriles diarios, o casi el 2% del consumo mundial. Para Europa, no es difícil imaginar una caída de la demanda de otros 1,5 millones de b/d si el Covid-19 se convierte en una verdadera pandemia mundial. Eso incluso antes contemplar los efectos colaterales en la economía en general, que contraerían aún más la demanda de combustible.

Por lo tanto, si se espera que la epidemia de coronavirus siga extendiéndose, el pronóstico de FGE para el crecimiento de la demanda casi nulo a nivel mundial empieza a parecer un poco conservador, aunque el consumo se recupere en la segunda mitad del año.

El pronóstico definitivamente suena más acertado que el de otros que dicen que el coronavirus bajará la demanda en unos pocos cientos de miles de barriles diarios. Algunos hicieron sólo modestos ajustes a las predicciones de principios de año, que preveían que el consumo de petróleo se ampliaría en más de 1 millón b/d en 2020.

Para la OPEP y sus aliados hay pocas soluciones buenas. Las esperanzas de que Arabia Saudita y Rusia anuncien recortes adicionales de producción de alrededor de 600.000 b/d cuando se reúnan la próxima semana ahora parecen ser demasiado chicos y que llegarán demasiado tarde.

Los precios del petróleo empezaron a caer de nuevo, aunque la propia demanda de China parece estar estabilizándose lentamente, o al menos no empeorando mucho. La mejor apuesta de la OPEP quizás sea esperar y rezar para que las peores predicciones de la propagación de la pandemia no se materialicen.

Pero hay que ser un operador muy valiente para apostar a que no habrá mayores caídas.

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