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El riesgo de recesión en EE.UU. vuelve a la agenda de los mercados

Indicadores muestran que se está ante el peor "susto" desde la Gran Recesión en 2009. Inquieta la caída de la producción industrial, la debilidad de servicios y baja del consumo

El riesgo de una recesión está otra vez en la agenda, y rápidamente sube posiciones. Con la tantas preocupaciones que enfrenta el mundo, se trató como axiomático que no haya riesgo de inminente recesión en Estados Unidos, y de ahí que cualquier daño sería limitado.
Cualquier aumento en el riesgo de recesión, partiendo de ese nivel bajo, conduciría a caídas en el precio de los activos de riesgo –que es exactamente lo que hemos visto, aunque a fin de cuentas sigue siendo poco probable que haya una franca recesión en Norteamérica. Crece la lista de indicadores del mercado que no tienen sentido a menos que haya un claro riesgo de recesión.
Las expectativas de inflación de largo plazo son las más bajas desde la crisis; los spreads entre el crédito corporativo y de alto rendimiento particularmente de baja calidad se está ampliando; la curva de rendimiento –que muestra la brecha entre los rendimientos del Tesoro a dos años y 10 años– es la más plana desde 2007, lo que indica que pocos creen que la inflación o las tasas de interés subirán en los próximos años.
Y por supuesto el mercado de acciones cae, mientras que adentro los papeles defensivos, como Walmart y Procter & Gamble, superan por mucho el desempeño de las acciones cíclicas, a las que les iría peor en una desaceleración económica.
Esos son indicadores generados por el mercado. Muestran que al menos estamos en el peor "susto" desde la Gran Recesión de 2009, y esas condiciones financieras en sí mismas suben el riesgo de una recesión, porque dificultan la vida de las compañías y de los consumidores. Si se desviaran los temores a una recesión, debería haber un buen rebote en las acciones.
La pregunta es cuáles son posibilidades de una recesión y cómo se las puede calcular.
Según el administrador de fondos John Hussman, que escribe comentarios semanales y se mostró notablemente pesimista en los últimos años, hoy una recesión es una "probabilidad inmediata". Contó que los mercados financieros en general actúan como indicadores seguidos por los datos provenientes de la economía industrial. La producción manufacturera cayó en 10 de los últimos 12 meses; desde 1919 cada vez que retrocedió al menos ocho veces en igual período hubo una recesión.
En los últimos 12 meses, contó Alan Ruskin de Deutsche Bank, ningún índice manufacturero ISM cayó más que el norteamericano, lo que genera graves dudas sobre su capacidad de cumplir el rol de locomotora del crecimiento del mundo. Las cifras del ISM de servicios son mucho mejores, pero la notable caída de los números de enero sugiere que es limitado el desempeño que pueda tener economía de los servicios sin el sector industrial.
Hussman agregó que la debilidad de las ventas minoristas es otra evidencia, mientras que la confirmación llegará con los peores datos de desempleo y las grandes bajas en la confianza de los consumidores.
Las condiciones financieras también son importantes. Cuando los bancos dificultan la toma de crédito, en general es señal de que se viene una recesión. En una encuesta a altos oficiales de crédito elaborada por la Reserva Federal estadounidense esta semana, una creciente mayoría de bancos aseguraron que estaban ajustando los estándares para préstamos comerciales e industriales de manera no vista desde la crisis. No hay cambios para los préstamos inmobiliarios o para consumo.
Las ganancias corporativas brindan motivo de preocupación. Las compañías están encontrando difícil mantener los márgenes de ganancia o elevar los ingresos, probablemente por la solidez del dólar.
Sin embargo, la evidencia de que EE.UU. todavía no está en recesión sigue siendo sólida. Aneta Markowska de Société Générale que según un modelo basado en el empleo privado, el ingreso real, las ventas reales y la producción industrial, el riesgo de recesión es casi insignificante.
Las presiones salariales recién están empezando, la política monetaria todavía es muy blanda y las ganancias de las empresas locales son aún elevadas, mientras que los balances de las corporaciones son saludables a excepción del sector energía. Todos esto apunta a un ciclo que no se convertirá en una desaceleración hasta 2018 o 2019.
El mercado laboran brinda la mayor evidencia de que EE.UU no se dirige hacia una recesión, y los próximos datos serán vitales para determinar si esto es un "susto por el crecimiento" que se dispersará o el inicio de la recesión que los mercados están mostrando.

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